¿Puede ser ‘Carmen y Lola’ la ‘Moonlight’ de los Goya de este año?

Por | 01 Feb 19, 18:41

Hay un hilo invisible que conecta ‘Carmen y Lola’ con ‘Moonlight’. Las dos son películas pequeñas, de temática similar (drama familiar, adolescencia, homosexualidad, racismo), con un estilo parecido (una mezcla de realismo documental e intimismo poético), rodadas por dos reputados cortometrajistas a quienes les ha costado abrirse un hueco en el largometraje (Arantxa Echevarría fue nominada al Goya en 2012 por el corto ‘De noche y de pronto’), y han conseguido el mismo número de nominaciones en los premios más importantes de sus países: ocho, incluyendo mejor película y dirección.

¿Son estos paralelismos suficientes para creer que la estupenda ‘Carmen y Lola’ (disponible en BD y Movistar+) puede dar la campanada y ganar en los Goya de 2019 como ocurrió con ‘Moonlight’ en los accidentados Oscar de 2017? Seguramente no, pero sobre todo por un importante matiz. ‘Carmen y Lola’ no compite contra una gran favorita, como hizo ‘Moonlight’ con ‘La La Land’, sino con dos: la notable ‘El reino’ (trece nominaciones) y la flojísima ‘Campeones’ (once). ¿Demasiado para una debutante? ¿Se tendrá que conformar Arantxa Echevarría con el más que seguro Goya a dirección novel (con el permiso del otro gran debut de este año, ‘Viaje al cuarto de una madre’)?

Aparte de esta desventaja cuantitativa, si solo fuera por su calidad, ‘Carmen y Lola’ podría llevarse el “cabezón” a casa sin ningún problema. La película no está al nivel del oscarizado filme de Barry Jenkins, está claro, pero no es ni mucho menos peor que las otras cuatro películas nominadas en los Goya de este año (en el caso de ‘Campeones’, es muchísimo mejor).

Y es que Echevarría ha conseguido algo muy complicado cuando se trata de tocar temas socialmente comprometidos: hallar el tono justo. ‘Carmen y Lola’ mantiene un equilibrio admirable entre los tres ejes dramáticos en los que se mueve la película. Primero, el retrato naturalista, casi documental, de una comunidad socialmente desfavorecida como es la población gitana (o por lo menos una parte de ella). Segundo, la denuncia de unas tradiciones y una cultura profundamente sexistas que no parecen propias de un país occidental del siglo veintiuno. La directora rompe el tabú de la homosexualidad femenina en el mundo gitano. Pero no lo hace a través de una posición progresista-sensacionalista, como si fuera un reportaje de laSexta, sino, por así decirlo, roneando y bailando bulerías, poniéndose en los taconazos de sus protagonistas para acercarse lo más posible a su realidad.

Y, tercero, la historia de amor entre las dos chicas. Quizá esta sea su parte más débil. Aunque las actrices -no profesionales- derrochan en general mucha frescura y naturalidad, se nota cierto artificio en la manera que tienen de expresarse entre ellas, sobre todo en comparación con el enorme realismo que transmiten las secuencias más costumbristas: el mercadillo, la fiesta de la pedida, el culto en la iglesia evangélica… Aun así, la directora consigue trascender esas limitaciones inyectando un inesperado lirismo a muchas de sus imágenes. Y aquí volvemos a ‘Moonlight’. ¿No es la hermosa escena de la piscina un eco lejano, casi una reinterpretación en clave poética, de la célebre secuencia en el mar entre Mahershala Ali y el niño protagonista? 7,5.

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