Desmitificando el “éxito”: los grupos analizan la situación económico-laboral del músico indie en España

Por | 24 Abr 19, 14:52

Hace unos días la web norteamericana Vulture publicaba un interesante reportaje en el que, por medio de entrevistas a artistas del ámbito alternativo o independiente, plasmaba una realidad económico-laboral muy diferente a la que muchos imaginan tras el teórico “éxito” artístico por sus trabajos musicales. Su investigación comenzaba tras unas declaraciones de alguien tan conocido como Cass McCombs, que aseguraba que dudaba mucho de que cualquier músico de su perfil pudiera siquiera permitirse tener un hogar estable.

Y, además, revelaba que prácticamente la mitad de los músicos que él conocía tenían un segundo trabajo, de cualquier tipo. Así, descubríamos que el propio McCombs ha hecho y hace prácticamente de todo (desde camionero a pintor en la Torre Trump, pasando por dependiente en tiendas o doblar y pegar sobres); Tamaryn realiza tareas logísticas para una empresa de perfumes o ejerce de secretaria en la consulta de un psiquiatra; Eva Hendricks de Charly Bliss ha sido camarera hasta hace muy poco; o Steve Lamos de American Football ejerce de profesor universitario.

Esto ha llegado a nuestro país. Javier Carrasco, alias Betacam, conocido por su proyecto personal y por su aportación en grupos como Rusos Blancos o Templeton (entre otros), se hacía eco en Twitter del artículo con este mensaje: “De qué vive la clase media musical. Sorpresa: de la música no. Y esto es EEUU, donde se supone que hay un tejido y una industria. Figuraos la historias de terror de Españaza…” Y, ante la propuesta de un tuitero para que en nuestra web hiciéramos un reportaje similar para mostrar esa cruda realidad, hemos recogido el guante: hemos consultado a algunos de los grupos y artistas de proyectos indies con un bagaje más dilatado y una carrera más consolidada para saber cuál es la situación real de estos músicos de los que se presupone que, como mínimo, deberían estar ganándose la vida con sus canciones. Además del propio Betacam y su compañero en Rusos Blancos Manu Rodríguez, Los Punsetes, Triángulo de Amor Bizarro, Doble Pletina y McEnroe, todos surgidos en aquella Generación Myspace que algunos identifican como la última fructífera del indie, responden nuestro cuestionario. [Fotografía de McEnroe: Verónica G. Lalueza.]

Ricardo Lezón, de McEnroe: “Todos tenemos, o hemos tenido, trabajos ajenos a la música. Yo ahora estoy en paro y sin más ingresos que los que recibo de la música y no me da para vivir”.

¿Algún miembro del grupo puede vivir sólo de lo que genera con la música?

En general, casi todos los grupos confirman que no tienen “la suerte” de permitirse vivir de lo que genera la música, ni de los conciertos ni, evidentemente tal y como están la industria, de los royalties. Marc Ribera y Manu Rodríguez confirman que ningún miembro de Doble Pletina o Rusos Blancos pueden vivir de ello. Ni siquiera Betacam, pese a que, dice, llegó a mantenerse durante unos meses con lo que sacaba de Betacam y tocando con otros grupos. “Pero no dejó de ser una anécdota, un espejismo”, asegura. Lo de Ricardo Lezón de McEnroe es más dramático aún: “Todos tenemos, o hemos tenido, trabajos ajenos a la música. Yo ahora estoy en paro y sin más ingresos que los que recibo de la música y no me da para vivir”, asevera con claridad. Tampoco pueden hacerlo Los Punsetes, pero ellos lo achacan al hecho de que son 5 y viven en Madrid, que es “una ciudad en la que vivir (a secas) ya es complicado” por su elevado coste. “También te digo que si fuésemos dos o viviéramos en otra ciudad quizá sí podríamos vivir de la música”, dice Jorge García, su guitarrista.

Quizá eso explica la única nota discordante: los cuatro miembros de Triángulo de Amor Bizarro viven de la música y ha sido así desde que empezaron en 2007. ¿La clave? No tienen ni idea. “Supongo que nuestro estilo de vida está ya muy adaptado a ello. (…) Escogimos nuestras prioridades y nos lanzamos”, nos dice Rodrigo Caamaño. También tiene claro que, si no fuera así “el grupo seguramente ya no existiría”, porque “sería imposible para nosotros compaginar esto con otro trabajo durante tanto tiempo”. En todo caso, quiere dejar claro que “no somos ricos ni nosotros ni nuestras familias, somos los 4 de clase obrera. Trabajamos mucho, a veces con temporadas con pocos ingresos, y nos la jugamos cada vez que sacamos un disco, pero todo esto viene en el lote. Es un trabajo muchas veces muy duro, mucho más de lo que la gente se piensa, pero a la vez nos sentimos muy afortunados”, concluye.

Rodrigo Caamaño, de Triángulo de Amor Bizarro: “La única forma de que nos den los números es dedicarle muchas horas, seguramente demasiadas”.

¿Qué tipo de oficios tenéis y cómo se compatibilizan con los conciertos o giras?

Evidentemente, para TAB está claro: “todo gira en torno al grupo”. Pero aunque suene bonito, Rodrigo asegura que es un trabajo muy estresante, porque “la única forma de que nos den los números es dedicarle muchas horas, seguramente demasiadas”. Para el resto de grupos consultados, que no han logrado lo que los gallegos, las profesiones desempeñadas son muchas y variadas. En Rusos Blancos, Laura y Javi trabajan en el sector audiovisual, Manu en una joyería, Iván en hostelería y Pablo ha alternado trabajos de hostelería con clases y talleres de percusión u otros trabajos adicionales, como paseador de perros, nos explica el propio Manu. En cuanto a Los Punsetes, Luis trabaja en una discográfica, Manuel y Chema en producción de televisión, Ariadna en una marca de ropa (como ya sabíamos) y Jorge es editor de vídeo, como varios de los Rusos Blancos. Por su parte, los cinco Doble Pletina son asalariados y sus oficios forman parte de un abanico tan variopinto como el diseño, la construcción o la comunicación. En McEnroe cuentan con un agente inmobiliario, un abogado, un comercial, un economista y operario de mantenimiento de gasolinera.

Manu Rodríguez, de Rusos Blancos: “Nadie del grupo tiene el típico trabajo de oficina que te garantiza que todos los viernes salgas a las 15 y no vuelvas hasta el lunes, lo cual es casi imprescindible para poder girar”.

En cuanto a cómo se compatibiliza eso con conciertos, giras y grabaciones, hablamos casi de milagros, en palabras literales de Jorge de Los Punsetes. “Nadie del grupo tiene el típico trabajo de oficina que te garantiza que todos los viernes salgas a las 15 y no vuelvas hasta el lunes, lo cual es casi imprescindible para poder girar”, dice Manu de Rusos Blancos. “En conclusión, lo compaginamos con muchos AVEs (y mucho sobrecoste)”, añade. Ricardo de McEnroe asegura que “si hemos conseguido tocar en tantos sitios es por pura ilusión y espíritu, y haciendo muchos malabarismos”. Para Betacam es algo más fácil cuando desempeña su trabajo como freelance (“a costa de trabajar cuando otros disfrutan de su merecido ocio”, claro), aunque no puede quejarse tampoco de sus desempeños en productoras (“Siempre he tenido compañeros y jefes bastante comprensivos”). Para Doble Pletina los conciertos fuera de su ciudad, Barcelona, sólo son posibles los fines de semana o festivos. En situaciones especiales cogen vacaciones o días de asuntos propios, “incluso para grabar canciones en estudio”.

Jorge García, de Los Punsetes: “(La venta de discos) da para unas propinas, sobre todo los ingresos por streaming, que son ridículos”.

Los conciertos y ventas de discos, streaming… aunque no den para vivir, ¿suponen un ingreso mínimamente interesante?

En esta pregunta todos coinciden en algo que quizá parecía obvio: todo lo que no sean los emolumentos de conciertos es pura anécdota. “Da para unas propinas”, dicen Los Punsetes, “sobre todo los ingresos por streaming, que son ridículos”. Manu Rodríguez asegura que esa parte podría ser interesante “si llegara alguna vez”, y dice que la venta de discos es interesante para cubrir gastos comunes de la gira, aunque comienza a percibir cierto desinterés por los formatos físicos en sus fans: “la mitad de las veces vas cargado con un montón de discos (especialmente cuando eres un grupo que ha sacado tantos como nosotros), para vender poquísimos. De hecho vendíamos mucho más en los conciertos cuando empezamos que ahora, siendo entonces un grupo mucho menos conocido”. Para McEnroe son, escuetamente, “un ingreso”. “Los discos prácticamente son los que se venden en los conciertos, y los conciertos cada vez se reducen más a tocar en festivales”, aclara Lezón. Rodrigo de TAB coincide en “no considerar” las ventas de música, aunque en su caso “a veces te llega un cheque de autores que te hace un apaño”. Y eso que ellos no son un grupo de sincros (los derechos de sincronización por sonar de fondo en algún programa de televisión o serie, por ejemplo) o campañas publicitarias: “las veces que estuvimos a punto de cerrar cosas así siempre se cayeron en el último momento por algún problema con nuestras letras. Lo cierto es que aunque no cerrar sincros nos acerca más al hambre, también me da cierto orgullo hacer canciones no aptas”. Lo que es según él un “chiste malo” es el streaming, porque son “unos cuantos millones de reproducciones que las plataformas no reparten y no dan ni para cubrir los recambios de cuerdas”, asegurando que siguen percibiendo mucho más por royalties de formatos físicos.

Marc Ribera, de Doble Pletina: “Los pequeños beneficios obtenidos de los conciertos se reinvierten en el grupo: vídeos, grabaciones, material, viajes, etcétera”.

En esto, como decíamos antes, sí hay un consenso total: si hay algo que pueda sostener financieramente a un grupo son los conciertos. Rodrigo de Triángulo, como nos decía antes, confirma que los cuatro viven de eso “desde hace 12 años”. Ya hemos visto que el resto no puede, pero no lo consideran tan quimérico: Betacam cree que se podrían “cuadrar números” con esos ingresos, que para Los Punsetes comienzan a ser algo “mínimamente interesante”. Manu de Rusos Blancos coincide, pero siempre condicionándolo a la estructura de cada grupo. “Un grupo de tres personas en el que todos vivan en la misma ciudad y puedan desplazarse en coche sin necesidad de alquilar furgo, podrá sacarse un dinero majo con los conciertos. En nuestro caso, tenemos a la mitad del grupo fuera de Madrid, en ciudades distintas, no solo porque seamos imbéciles (que también), sino porque esas personas no podían seguir permitiéndose vivir aquí”, dice coincidiendo con lo que decían antes Los Punsetes. “Todo eso te incrementa los costes y hace que el dinero de los conciertos sirva más para cubrir costes y para pegarnos alguna cena ocasional. Poco más”, concluye. Marc de Doble Pletina coincide en que los “pequeños” beneficios obtenidos de los conciertos se reinvierten en el grupo: “vídeos, grabaciones, material, viajes, etc.”

Jorge García, de Los Punsetes: “Es inevitable perder dinero al principio de la vida del grupo, aunque es algo que suele tomarse como una inversión”.

¿Habéis llegado a perder dinero con conciertos o giras?

Por dar un dato positivo, varios coinciden en que, aunque perder pasta era muy normal en sus inicios (“puede considerarse una inversión”, dicen Los Punsetes), para casi todos es algo que ha quedado atrás. En parte gracias, dice Manu de Rusos Blancos, a que tocando en una buena cantidad de sitios y fechas las posibles pérdidas en unas plazas se compensan con los superávits de otras. Rodrigo coincide, pero él lo achaca a la fiscalidad y hace cuentas: “con la legislación del anterior gobierno –el IVA al 21%, la retención al 15% (somos autónomos)–, la SGAE (que se lleva sobre un 10% por adelantado de las entradas a devolver en 2 o 3 años), el 20% del management, y alquileres y gastos de sala, a veces te queda menos de la mitad de la entrada antes de gastos, sin contar sueldos de técnicos, dietas, hoteles y desplazamientos. En la época de ‘Año Santo’ iba la tercera parte de gente a los conciertos que con ‘Salve Discordia’ y teníamos la sensación de que nos daban mejor las cuentas”.

Rodrigo Caamaño, de Triángulo de Amor Bizarro: “Como comemos gracias al grupo, nos es complicado reinvertir en él para poder crecer”.

Esto le lleva a plantear algo muy interesante que explica por qué a veces parece que unos artistas de determinado nivel se estancan. “Que el grupo sea nuestra forma de vida tiene dos caras: por un lado podemos dedicar todo nuestro esfuerzo a lo que más nos gusta, pero a su vez como comemos gracias al grupo, nos es complicado reinvertir en él para poder crecer”. Siguiendo la disgresión de Rodrigo, Manu explica una anécdota de su primera gira cuando, “en un arranque más de estupidez que de optimismo” comenzaron con un saldo de -1.000 euros por un desperfecto en la furgoneta alquilada al no haber contratado un seguro a todo riesgo. “El desamparo al que te aboca cualquier imprevisto o la falta de asesoramiento a la hora de empezar es un buen reflejo de nuestra debilidad como sector” dice. Doble Pletina coinciden con Manu en que para un grupo de más de 4 personas, un desplazamiento para actuar entraña siempre cierto riesgo económico. McEnroe, salvo en sus inicios, “generalmente siempre [han] podido cubrir, al menos, o incluso cobrar algo”.

Javier Carrasco, Betacam: “Al ritmo que nos estamos cargando el estado del bienestar, veo cada vez más lejano un horizonte en el que resolver esta precariedad. Hay otras precariedades más urgentes”.

¿Creéis que una reforma legal o fiscal podría ayudar a rentabilizar más vuestra música o ni os lo planteáis?

Para Doble Pletina “es necesario mejorar las condiciones para los artistas independientes en general” e inciden en lo que el streaming de música reporta a los grupos no es justo: “cobrar un porcentaje más elevado por las escuchas en streaming probablemente no cambiaría nuestra situación de manera radical, pero también es cierto que todo suma, y que los repartos que se están dando en estos momentos son irrisorios”. Manu de Rusos Blancos piensa que quizá no sería una ayuda a nivel de rentabilidad, pero que sí sería interesante una reforma fiscal que simplificara su situación. Betacam considera que, dado el deterioro del estado del bienestar, es “un horizonte cada vez más lejano”, sobre todo porque “hay otras precariedades más urgentes”. En esa línea, Los Punsetes consideran muy difícil acometer reformas “sin crear una situación de injusticia respecto a otros sectores (de la cultura y fuera de ella)”, y añaden que reformas globales “como limitar los precios de alquiler o reducir la absurda cuota de autónomos”, afectarían al conjunto de la sociedad, y también a los artistas. Rodrigo de TAB, en cambio, sí considera necesaria esa reforma. “Ahora mismo cuesta encontrar una forma legal y fiscal que refleje la realidad de la actividad económica que desempeñamos”, dice, esperanzado en que “el nuevo gobierno que salga de estas elecciones tenga en cuenta la realidad del sector en su conjunto y proporcione las reformas necesarias para poder desempeñar nuestra actividad de forma más armonizada con otros sectores”. Para Ricardo Lezón la “reforma” que considera crucial es “que el artista sea lo más importante”.

Manu Rodríguez, de Rusos Blancos: “Hasta que los cabezas de cartel de los festivales no se nieguen a tocar a no ser que todos los grupos participantes estén dados de alta, pagados y tratados en condiciones, no conseguiremos nada”.

¿Sería una solución que existiera un sindicato de músicos fuerte que luchara por los derechos laborales?

En esta pregunta, hay disparidad de perspectivas. Doble Pletina creen rotundamente que sí, recordando “algunos casos mediáticos de grupos que han sufrido accidentes sin estar cubiertos por ningún tipo de seguro”. Rodrigo Caamaño piensa que sí, pero se muestra escéptico porque “no tenemos la misma problemática nosotros que Miguel Bosé, por ejemplo, y veo difícil un solo sindicato que nos representase a todos”. La pluralidad del mundo musical impide “reducirlo todo a una o dos reivindicaciones en común”, sería simplificar demasiado. Pone como ejemplo el caso de la SGAE, con las presuntas tramas de corrupción destapadas: “muchos de los autores con más poder y capacidad para ser escuchados se mantienen en silencio mientras nos saquean a todos. Supongo que ese silencio se puede comprar con participaciones en jurados de concursos musicales televisivos o mega campañas promocionales, por ejemplo”. En una línea parecida, aunque sin tirar a nombres tan teóricamente elevados como Papito sino a los cabezas de cartel habituales de los festivales, se manifiesta Manu Rodríguez: “recuperar la fortaleza y credibilidad de los sindicatos es fundamental para todos los sectores, no solo el nuestro. Pero es el sindicato el que surge de la unidad y solidaridad de los trabajadores, y no al revés. Hasta que los cabezas de cartel de los festivales no se nieguen a tocar a no ser que todos los grupos participantes estén dados de alta, pagados y tratados en condiciones, no conseguiremos nada. Necesitamos el empuje de nuestros compañeros más fuertes para articularnos”.

Anntona, de Los Punsetes: “Un grupo como nosotros es antes una empresa que un grupo de trabajadores por cuenta ajena”.

Betacam, aunque cree que “en un país normal” ya funcionaría de manera normal, no tiene mucha fe en las iniciativas que ya hay en este sentido –”lo que he visto no me ha dado mucha esperanza”–, básicamente porque “somos muchos y muy mal avenidos, la verdad. Casi tengo más fe en un cambio de mentalidad individual que en uno colectivo”. Ricardo Lezón destaca que ya existe uno, la Unión de Músicos Independientes. “No sé si es una solución pero sí que es necesario para hacer visibles muchas injusticias. También está la SGAE”, apunta, aunque tiene claro que “debería pelear y servir también para que todos los autores, todos, nos sintiéramos protegidos y respetados”, no sólo los más rentables. Jorge de Los Punsetes no duda de su conveniencia, pero recalca que también “hay que tener en cuenta que la sensación de precariedad no es exclusiva de los músicos. Afecta a las salas, a los promotores, a los sellos…” Es decir que “como músico, puedes pretender exigir unas mínimas condiciones para tocar, pero hay que ser muy consciente de cuánto generas y a quién le pides las cosas. Por ejemplo, una sala con un aforo de 150 personas ya vive muy al límite y no es en ningún caso el enemigo o la persona contra la que luchar”. En esa línea, Anntona pone acento en que “un grupo como nosotros es antes una empresa que un grupo de trabajadores por cuenta ajena. De hecho, una empresa es la forma natural en la que debe constituirse un grupo de música, aunque después sus miembros trabajen también como asalariados de su propia empresa”. Manu dice que esto es algo que “a los sindicatos les suele costar entenderlo”. “Los que van apareciendo de momento, aunque es innegable que están contribuyendo a la regularización de una industria muy precaria y eso es fantástico, parece que siempre tratan a los músicos como indefensos individuos explotados y a todos los demás actores del asunto (festivales, sellos, salas, ayuntamientos etc.) como el coco malo, cuando la realidad es algo más compleja”, remacha.

Rodrigo Caamaño, de Triángulo de Amor Bizarro: “Mucha gente ve a los músicos o como millonarios o como matados: es la influencia de los medios mayoritarios y la cultura del éxito a lo bestia”.

¿Creéis que la gente es consciente de la precariedad que a veces hay detrás de ver a un grupo en directo en su ciudad?

En general, todos coinciden en que el público no es consciente de lo que implica, y aseguran que aún hay mucha gente que se sorprende de que no puedan vivir de la música. O, si lo hacen, como Triángulo de Amor Bizarro, padecen la dualidad de que si no son “millonarios”, son unos “matados”. “Piensan que no eres más que otro aspirante a ese éxito masivo, y en cierta medida se compadecen de ti, lo que me da bastante rabia la verdad” explica Rodrigo. “No se imaginan que pueda haber todo un mundo musical ahí perdido detrás de los vídeos de portada de Youtube, o que realmente eres feliz con tu trabajo y te ganas la vida sin tener que ser el más famoso del pueblo”, y que eso explica que vean “bandas que tienen pudor a que los vean hasta cargando el equipo”, “por miedo a que se rompa el hechizo“. Un “hechizo” que para ellos se “amplifica” cuando han visto a Low o a Yo La Tengo cargando sus propios instrumentos.

Ricardo Lezón, de McEnroe: “Tocamos porque nos gusta y nos sentimos privilegiados de poder ir a sitios y que haya personas que quieran escucharnos, pero esa es la recompensa principal”.

El amor a lo que hacen, en todo caso, les hace asumir estas “penalidades”, como lo llaman Doble Pletina. Jorge de Los Punsetes insiste en que aunque sea vocacional, como escribir un libro o filmar una película, cree que “la mayoría de la gente no es muy consciente de la cantidad de energía y esfuerzo mental y económico que se invierte en hacer un disco y salir por ahí a presentarlo”. Ricardo destaca que ellos tocan porque les gusta y se sienten privilegiados de poder ir a sitios y que haya personas que quieran escucharles. “Pero esa es la recompensa principal. Vivir de la música, a nuestro nivel, no es posible”. Manu de Rusos Blancos confirma esa precariedad, pero no cree que sea peor que en otros sectores. “¿Hasta qué punto somos conscientes los grupos de las condiciones laborales de los técnicos? ¿Del personal de barra? ¿De lo que le puede suponer al público pagar una entrada o comprar un disco?” Javier Carrasco es más acido: “Todos somos conscientes de que nuestra ropa la hace una pobre familia de Bangladesh y mira lo que nos importa, como para pedirle a la gente que sea consciente del dramita del primer mundo que le supone a un grupo de clase media salir de gira. Bastantes penas les contamos en nuestras canciones como para aburrirles con nuestra logística”.

Marc Ribera, de Doble Pletina: “Las redes sociales pueden contribuir a una cierta idealización de lo que representa ser artista, pero también se han utilizado con éxito para denunciar injusticias o como espacio de debate”.

¿Cuánto daño hacen, en ese sentido, las redes sociales?

Para Manu Rodríguez, “contribuyen a dar una imagen de éxito a la que te tienes que plegar”, “porque a la hora de que te contraten para tocar por ahí eres un producto, y hay que vender un producto exitoso“. Tiene una parte de realidad, “porque es verdad la foto que subes con una sala llena gozándolo con tu concierto”. Pero lo que no se ve es que “has llegado al concierto por los pelos después de trabajar y que al día siguiente te tienes que coger un AVE a las 7 para llegar a tiempo”. Doble Pletina defienden que, aunque contribuyan a una cierta idealización de lo que representa ser artista, “también se han utilizado con éxito para denunciar injusticias o como espacio de debate”. En esta línea, Jorge de Punsetes destaca que, por ejemplo, que “el artículo de Vulture que citáis circuló muy rápido en Twitter y está generando respuestas, debate y concienciación, y ese es siempre el primer paso para intentar cambiar algo”. Betacam es aún más incisivo y hace autocrítica. “El daño nos lo hacemos nosotros mismos proyectando una imagen de éxito casi siempre irreal. Todo es la hostia siempre, el último concierto siempre fue el mejor y la última canción que sacas siempre es un temazo”.

Rodrigo Caamaño, de Triángulo de Amor Bizarro: “No puedes poner en la misma escala un gol de Cristiano Ronaldo o el ‘Marble Index’ de Nico, por ejemplo, y eso es lo que hace el contador de reproducciones”.

Junto con Ricardo Lezón, que asevera que en las redes sociales “casi todo es mentira”, el más vehemente con ellas es Rodrigo de Triángulo de Amor Bizarro. Para empezar, tiene sus dudas sobre el hecho de que “gran parte de las interacciones sociales humanas pasen por un par de megacorporaciones”, porque no cree en su supuesta neutralidad como canal. Y también ataca que todo gire en torno al número de reproducciones, seguidores y visitas. “Entiendo la necesidad que tenemos todos los humanos de ordenar y cuantificar todo lo que nos rodea”, pero considera que las plataformas se aprovechan de ello porque “es la principal forma que tienen de monetizar y jerarquizar contenidos que solo tienen en común el formato”. Considera que es muy perjudicial para la expresión y la sensibilidad: “no puedes poner en la misma escala un gol de Cristiano Ronaldo o el ‘Marble Index’ de Nico, por ejemplo, y eso es lo que hace el contador de reproducciones. La mayor parte de la música o el arte que me gusta a mí y a mucha otra gente seguramente no llegaría a existir nunca bajo este sistema”.

  • minipimer

    Nadie debería sorprenderse. Y en el futuro será peor, más competencia, más gente en el mundo haciendo música, cada vez todo más fácil por la tecnología. En el futuro supongo que la música la harán algoritmos, y será indistinguible de un humano. Todavía no estamos ahí, pero en cualquier caso, ahora un grupo se acaba pero salen otros 10. Aun así, los grupos deberían plantearse abrir cuentas en patreon.com o similar, como hacen los youtubers.

  • Raskolnikov

    Con todo el respeto, de verdad debe haber medidas fiscales para que grupos de mediano o poco éxito puedan vivir exclusivamente de la música? Yo tengo mis dudas. Una cosa es promover la cultura, y otro querer que todo grupo pueda vivir de la música.

  • Luis Omar González Pérez

    No es una sorpresa, aunque el panorama es deprimente, esta situación es similar en México. Recuerden que Christina Rosenvinge ha dicho en cientos de entrevistas, que a veces tiene recursos y a veces no, y lleva décadas en este negocio.

  • El Humano

    Es muy injusto que un músico tenga que ser gigante para poder sobrevivir. Los informáticos, por ejemplo, pueden ser simplemente competentes para ganar un sueldo, no tienen que ser todos genios. Los médicos no necesitan tener un talento inmenso para poder ganarse la vida con su profesión. Pero los artistas no, o son los mejores o no pueden ser. Y lo curioso es que todo el mundo consume música. Me pregunto que pasaría si solo pudieran salir adelante los médicos que son cracks o los informáticos superdotados. ¿Alguien puede imaginar a un médico poniendo copas por la noche para poder pasar consulta durante el día?

  • mardebering

    ASCAZO TOTAL toda esta gente son auténticos héroes en el mundo de la música, Betacam en UK casi sería un dios y como él la mayoría de los mencionados, pero claro ves los “gustos” de este país y te preguntas cómo son capaces de conseguir sacar discos esta gente del “indi” cuando el 90% de la población consume lo que les imponen y ellos aceptan como bueno o disfrutable, luego está el caso de otros “indis” con más suerte que calidad como por ejemplo Izal,Vetusta Morla o Iván Ferreiro que sacando mierda pura pues viven y muy bien, lo cutre triunfa, lo peor triunfa, lo malo triunfa, rindámonos y felicidades a los vencedores.

  • mardebering
  • Williamreid

    Bueno, lo mismo les pasa a la mayoría de escritores, pintores, escultores, bailarines, actores… Lo que mola es saber darle bien una patada al balón, lo demás son chorradas.

  • maxboomplus

    artistas de mierda y público peor… el panorama español

  • Raskolnikov

    Bueno, yo pienso que la comparación justa sería con un médico o informático que sean autónomos y monten su negocio. Todo el mundo consume música pero sinceramente y sin acritud, pero estamos hablando de grupos medianos (TAB, Punsetes) y algo más pequeños.

  • Raskolnikov

    Tristemente esto no puede sorprender. Si la mitad de la población (siendo generoso), se lee un libro al año (el libro: Patria, La verdad sobre el caso Harry Quebert, Ordesa… El que se promocione ese año) y se pasa el día escuchando Ricky Martín y Maluma… Cómo van a poder subsistir este tipo de grupos?? Deberíamos ser realistas. No podemos quererlo todo. Yo pienso ( y no tengo ni p. Idea) que hay que invertir en cultura, promover que la gente sea inquieta. Como dice Fointanes DC en su disco, “An idiot is someone who lets their education do all of their thinking”.

    Y si en Instagram tiene más éxito y likes una foto de un tío/tía en pelotas que una de un libro, o disco interesante, como nos va a sorprender o podemos pretender que estos grupos no puedan subsistir? Es la sociedad de gusto rápido y poco pensar que estamos construyendo (con unos cimientos de puta madre).

  • Verybadtaste

    A ver… Yo quería ser director de cine, me rajé, acabé de administrativo en Maderas Pepe con un sueldo mediocre y una vida estándar. No me pidas aún encima ser el mejor administrativo que ya bastante tengo con lo mio como para aún encima tener que poner copas!!!

  • demon balooni

    Formidable! Gracias por el artículo!

  • Raskolnikov

    Yo creo que la comparación acertada, en todo caso, sería con un médico autónomo que monte su propia clínica, no? Si me puedo imaginar a un autónomo poniendo copas por la noche, de hecho tengo un caso bien cercano (no de médico, eso si).

  • Pedro

    Y luego esto para rematar la jugada.
    Comentarios basura…

  • xabier

    y todos los deportes excepto el puto furgol.

  • David

    Totalmente de acuerdo contigo en todo. Me ha inquietado el tema de los algoritmos (algo que no había pensado hasta ahora pero que tiene toda la pinta de ser real en el medio plazo). Algo parecido ya hace Spotify recomendándote música, sabe perfectamente qué sueles escuchar y te alimenta de cosas similares. Si el algoritmo de Spotify sabe clasificar tan maravillosamente bien es porque la música, de alguna manera, es entendible como un código de lugares comunes. De ahí a que una máquina cree la música exacta que le pidamos, queda muy poquito.
    Que perderemos emoción, la parte humana, lo que tú quieras…pero que si ahora Miss Caffeina hace pop sintético y a mí no me interesa nada, pues le pido a la máquina que me cree un “De polvo y Flores v2.0” con textos random y quizás me parece mejor que lo que hacen ahora mismo (solo es un ejemplo para ilustrar la comparación, no tengo nada en contra de ellos).

    En cuanto al tema económico. Si cada vez más hay más creadores de música, cada vez hay menos lugar para que puedan subsistir de ello. Es complicado porque como esto siga así, llegará un punto de no sostenibilidad pero desde el punto de vista del oyente, prefiero mil veces lo que tenemos ahora, que lo que había hace 30 años (en el que existía un número finito y controlado de artistas y de todos esos a tí te gustaban x y tenías que esperar un par de años a que sacaran disco para tener nueva música). Si hoy invierto media hora descubriré 5 grupos nuevos flipantes y eso para mí es oro puro.

  • fresaskizo

    No añado ni una coma ¡Bravo!

  • Jaime

    Comparto que es una pena que gente con talento no pueda vivir de lo suyo, pero esto no solo le pasa a los músicos y a los grupos que nos pueden gustar por aquí, si no también a escritores, pintores, arquitectos, escultores, etc. etc.
    Si no me confundo, el gran Fernando Alfaro, alma mater del mejor grupo (o uno de los mejores) que ha dado la escena española de todos los tiempos, Surfin´ Bichos, compaginaba la música con un trabajo en una gasolinera de un pariente, y eso después de haber parido maravillas como “Hermanos Carnales” o “Tejido de felicidad” (como Chucho), obras que aparecen y aparecerán en las listas de los mejores discos nacionales ahora y siempre. Pero claro, los discos los compramos 4 y si os movéis por salas de conciertos poco hay que decir, echad cuentas sobre cuánta gente acude a los conciertos, cuánto cuesta la entrada y sólo queda reír o llorar.
    Tener un grupo mola mucho más que joderse en una oficina 12 horas al día, como le pasa a este menda, pero muchas veces supone un sueño más que una realidad, y no se puede ser iluso ni buscar una justicia poética que no existe ni en este campo ni en ninguno. Si te gusta tocar, toca. Si no te ganas la vida, te jodes. Pero si te gusta tocar, toca igual. O déjalo. Van Gogh murió pobre como las ratas. John Kennedy Toole no vio publicado ningún libro suyo en vida. No se puede uno dedicar al arte por dinero, si no por pasión.
    Y por supuesto que tienen mucho mérito los grupos que pese a no poder vivir de conciertos y ventas de discos, siguen en ello por deporte y ganas. Eso también les da una libertad creativa que en otras condiciones quizá no tendrían.
    En mi opinión, el boom de los festivales veraniegos ha sido la puntilla a la situación, porque ha restado muchísimo público a las salas que programan en invierno y que daban mucha vidilla a los grupos. Es triste ver salas con 50 o 60 personas en conciertos de Guadalupe Plata o los Rezillos (por poner dos ejemplos de algunos de los últimos a los que he ido). El record, uno de Mark Olson hace ya unos años, con 15 personas contadas. 15. Y no exagero. Será que vivo en provincias.
    La gente pasa de pagar 10 o 15 euros para ver a un grupo en una sala durante 60 minutos cuando ya lo ha visto en un festival o lo puede ver en el próximo, además disfrazado (el público, no el artista).
    Claro que aún hay clases, Los Planetas llenaron por aquí un auditorio de 2000 personas con ese rollo clasicoide-peñazo del aniversario del motor del autobús…a 35 boletos la entrada. Pero eso ya no es rock ni es nada, es una reunión de viejunos, con edad de ser abuelos, tanto los de encima del escenario como el público.
    Rock and Roll is dead.

  • Mons Martyrium

    El indie español siempre fue un movimiento acomplejado y eternamente absorbido por las escenas de rigor, cuando tocaba había que ser punk o post-punk o imitar lo londinense (80’s), cantar en un inglés de pacotilla y jugar al acento americano (90’s) y en los últimos tiempos variados remedos de lo-fi o dream-pop que han tenido un auge importante. Quizá se salve el pop a traves de las décadas que sí ha forjado cierta identidad, algo “español”, incluso aquello que se llamó tontipop sigue teniendo más enjundia y originalidad que tantos otros intentos de reinvindicación generacional.

    Y digo acomplejado porque la realidad es que salvo contadas excepciones los grupos que perduran, que han vendido de veras y que tienen cierta renta básica son los menos pretenciosos y que menos inquietudes reflejan en su carrera. Este intento de crear un marco de música alternativa que funcione y permita vivir más allá de bolos no sé si se debe a un esnobismo o puras ganas de ver juvenilmente el seguir en la brecha pero no es más que eso: ilusionismo. La saga Torrente sigue como lo más visto del solar patrio junto a los tristones intentos de internacionalidad que nos dieron Bayona o Amenábar, VOX probablemente arrasará este domingo y esa mayoría silenciosa que no vota, que indaga en pos de lo indie quizá simplemente no exista por más que nos esforcemos en visibilizarla.

  • El Humano

    Tienes razón,¿ pero que músico puede no ser autónomo?

  • Perpetuo Sanchez

    Algoritmos se han usados desde hace siglos en la Música y no existe ningun algoritmo que se crease espontáneamente o que los crease una máquina sola, los algoritmos los programan los seres humanos, verdaderos artistas realmente creativos y con talento.

  • Perpetuo Sanchez

    Si TAB consiguen 1000 millones de espectadores para un evento televisado estoy seguro que CocaCola, Vodafone o quien sea no tardaria ni un momento en ponerles pasta encima de la mesa como para que vivan el resto de su vida. Por muy “clase media indie” que sean estos grupos la repercusion resl es muy limitada. Aun con la inmensa burbuja artificial que son los festivales ni con esas hay una repercusion real tan grande.
    Y te lo dice un fan de TAB

  • blackrabbot

    Jenesaispop, vuestra publi invasiva da puto asco. Así no se puede leer

Send this to a friend