Meister of the Week: de la galleta frita a la pizza a 1$, Hickeys explican la gloria y la miseria de alimentarse durante una gira por EEUU

Por | 01 Ago 19, 12:58

Este año el cuarteto madrileño Hickeys está consolidando la buena impresión que ofrecieron con su EP debut del pasado año, ‘Diamond Munch’. Rock afilado con un perfil sucio y oscuro, entre el post-punk y el post-grunge (“glitterpunk” es el término que ellas prefieren), que está progresando en nuevas direcciones como la mostrada en ‘Alegria di vision‘. También están rodando su música en directo en numerosos conciertos, entre los que destaca su aventura en el South By Southwest de Austin, Texas, que les llevó a algunas otras ciudades del EEUU, como Nueva York.

Precisamente sobre esa peripecia centramos el Meister of the Week de esta semana: Marta SV, Ana Erice, Maite Barrena y Martina Gil tienen especial interés por la experiencia culinaria del lugar que visiten, ya sea un horror o una maravilla. Así, hemos decidido indagar sobre qué y cómo comieron durante esas semanas en los Estados Unidos, y nos dejan testimonios verdaderamente espeluznantes, haciéndonos ver cuánta influencia tienen la economía y el azar en la subsistencia de nuestros grupos más queridos y admirados cuando se lanzan a la carretera.

Por lo que nos decís, os interesa la experiencia culinaria cuando viajáis para actuar. ¿Tenéis alguna premisa particular para elegir dónde o qué comer?
“COMER Y BEBER LO QUE SEA TÍPICO DE ESE SITIO”. Esto a veces nos ha traido problemas. Por ejemplo, en Zaragoza nos dijeron que era típico una patata asada con queso: solo Martina se la comió, todas las demás no la soportaron. Horas más tarde ningún maño reconocía ese plato como típico.

En cuanto a vuestro viaje a Estados Unidos para actuar en SXSW, ¿qué condicionantes debía cumplir un lugar para comer?
Maite es vegetariana, Ana no come cualquier cosa en cuanto a calidad y Marta come cuando tiene hambre sin necesidad de que sean los horarios establecidos (con debilidad por las manzanas y los frutos secos). A Martina le llama la atención la comida rápida de otros sitios, como los espaguetis de microondas o las pizzas ajenas, pero no soporta las pasas -enemigas declaradas- ni los champiñones. Pero cuando viajamos no hay condicionante real en cuanto a qué comer porque nuestra capacidad adquisitiva tampoco nos permite elegir demasiado y en Austin todo era más o menos caro.

¿Cuál fue vuestra primera parada en EEUU y vuestro primer recuerdo culinario?
Llegamos tan tarde a Nueva York que no cenamos: ligeritas a la cama. El desayuno fue con Kings Of The Beach arrasando en un 7Eleven, comiendo toda clase de guarradas, esto es: donuts descomunales, galletas de azúcar con lacasitos, pepitas de colores y glaseado, cafés con extra de siropes y azúcar de vainilla, un par de plátanos, unas fajitas y así. Nuestro yo de ocho años hubiese llorado de emoción. A los 15 minutos estábamos nerviosas por tanto azúcar. La mitad de nosotras no lo aguantó, la segunda mitad repitió al día siguiente esta vez escogiendo los donuts más feos y pomposos del 7Eleven.

¿Y en Austin? ¿Conocíais ya algo previamente, de algún grupo amigo que hubiera estado?
Grupos amigos como Kings Of The Beach o FAVX habían ido ya y nos contaron un poco cómo era todo. Nos ayudó a ubicarnos y a no sorprendernos con cosas como que al pasar la frontera confundiesen nuestras guitarras con escopetas.

“El catering que había en los sitios donde tocamos era tickets para bebida”

¿Algún descubrimiento destacable de la gastronomía texana? ¿O ni siquiera existe tal cosa?
Hopadillo fue nuestro mayor descubrimiento. No es exactamente una comida, pero cumplió su función durante muchas partes del viaje.

¿Daban catering a los artistas? Si sí, ¿cómo es?
Daban de comer y beber todos los días en un pequeño recinto llamado Artist Village e iban alternando entre tacos y nachos. Completamos el cupo anual de comida mexicana, pero ni tan mal (al menos tenían opción vegetariana). Muchos grupos hacían lo mismo así que ahí, entre tacos y cerveza, pudimos conocer a Hala, Trudy and the Romance o Amor Elefante y tener un punto de encuentro con los chicos de Go Cactus y St Woods. Por lo demás, el catering que había en los sitios donde tocamos era tickets para bebida.

“Pusimos en práctica más que nunca la técnica del dromedario: comer mucho y mantener las reservas”

¿Llegasteis a acostumbraros a las raciones inmensas?
Pusimos en práctica más que nunca la técnica del dromedario: comer mucho y mantener las reservas. Nunca sabías cuándo te iba a cuadrar volver a comer algo que no fuese un atentado contra tu cuerpo.

Y de la comida basura, ¿os saturasteis?
Creo que a excepción de Martina nacimos ya saturadas, así que a veces se hacía un poco duro. Por ejemplo, un día regalaban algodón de azúcar y Maite (que nunca lo había probado) y ella fueron felices, mientras que a Ana le pareció una guarrada. Tenemos foto:

¿Es posible comer algo que no sea pizza/pasta/hamburguesa?

Sí, claro, pero para nuestro presupuesto y tiempo escaso, ya no tanto. Había ensaladas baratas en el 7 Eleven, pero aún así eran grasientas y cargadas. Lo difícil era comer algo sano, barato y abundante. Nos impactó el primer supermercado al que entramos en Texas: la sección de frutas y verduras ocupaba un metro cuadrado de la tienda y contenía, únicamente, aguacates, tomates y cebollas. Lo vaciamos. También en las house parties había comida que habían hecho las personas de la casa y era mucho mejor por ser casera. La segunda vez que fuimos a ver a Blood, por ejemplo, había arroz con curry vegano.

“El “equipo Manhattan” acabó comiendo paella en una juguetería en Koreatown. Eso fue lamentable”

¿Cuál es la peor comida que habéis hecho allí, la más triste?
Probablemente alguna de madrugada al volver a casa. Indiscriminadamente cogíamos cualquier cosa que había en el frigo o estantería y a dormir. Esto se acabó convirtiendo en un ritual de vuelta y creo que llegamos a coger cariño a esa escena decadente. Un auténtico bodegón compuesto normalmente por cereales Reese’s, mantequilla de cacahuete, queso en lonchas y demás delicatessen. En Nueva York nos separamos en dos grupos un día: Maite y Ana fueron a Brooklyn, y Marta y Martina a Manhattan. Ese día tocábamos bastante tarde, así que se puede decir que fue nuestro día libre. “Equipo Brooklyn” desayunó genial y comió ramen vegano regulero, y el “equipo Manhattan” acabó comiendo paella en una juguetería en Koreatown. Eso fue lamentable.

Y al contrario, ¿la mejor?
La mejor fue el desayuno que nos marcamos justo antes de despedirnos de Texas y coger el avión. Aprovechamos nuestras últimas horas en Austin para ir a un restaurante de brunch que le habían recomendado a Martina y dejarnos el efectivo que nos quedaba.

¿Y las más barata y cara?
Barata, por supuesto, la del Artist Village y alguna vez que ponían catering en los bolos. De hecho, un día nos pasó que intentamos aplicar la técnica del dromedario a la hora del desayuno. Para nuestra sorpresa, en el bolo de las 16:00h había una cantidad ingente de comida para los artistas, sin olvidar la posterior entrada triunfal de 20 cartones de pizza. La más cara será probablemente la del restaurante de brunch. Aquí adjuntamos foto comparativa:

¿Cuál es la mejor guarrería/chuchería que habéis descubierto y que creéis que nadie debería perderse?
Esto no es de este viaje, pero la última vez que Marta estuvo en EEUU llegó a probar una Oreo rebozada, frita y recubierta de azúcar glass en una feria. Ella no se atreve a recomendarlo, pero creemos que es lo más extremo que hemos oído en nuestras vidas. Si es demasiado para ti, siempre queda la pizza de 1$ de las calles de NYC, a la que puedes echar la cantidad que quieras de orégano, ajo en polvo, queso en polvo y salsa picante. La mejor pizza de todo Nueva York está en Essex Street, el Champion Pizza.

Como apasionadas de la gastronomía de combate, ¿se ha reflejado de alguna manera en alguna de vuestras canciones? ¿Resulta inspirador, de alguna manera?
Hasta el momento la única referencia a la comida en nuestras canciones fue en ‘Solitary Lady’, mencionando levemente las patatas chips y los Cheetos. De todos modos, no podríamos descartar la posibilidad de que alguna nueva canción se inspire en nuestras experiencias culinarias, que son algo que solo puede ir a más.

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  • Warp

    “El “equipo Manhattan” acabó comiendo paella en una juguetería en Koreatown”.

    Tenéis el cielo ganado.

    Necesito cuádruple dosis de insulina solo por leer esta gastro/pornografía chunga. Y sin comer nada.

  • Eclectic

    Han quitado el comentario de que son unas madriletas que van con el horario de Canarias…

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