‘Mientras dure la guerra’: Amenábar nos cuenta cómo Unamuno estaba hasta los cojones de todos nosotros

Por | 26 Sep 19, 18:39

Agustín Javier Zamarrón, médico jubilado y diputado del PSOE por Burgos, se convirtió en protagonista de la sesión constitutiva del Congreso en mayo por su peculiar aspecto físico, que a la mayoría recordaba a Valle-Inclán. Visto ahora, uno se pregunta, como con tantos momentos de la historia de España, si no formamos parte de un perfecto guión cinematográfico (o «una simulación»), porque Valle-Inclán simboliza lo que hemos vivido durante estos meses políticamente hablando, y lo que ha vivido España en muchísimas ocasiones: el esperpento. El esperpento nos representa. Y el esperpento estaba ahí -tenía que estarlo- cuando, en mitad de una reunión en la que los políticos presentes no se ponían de acuerdo, el primer presidente de la I República dijo «señores, estoy hasta los cojones de todos nosotros», cogió la puerta y se largó. Pero se largó de verdad, ¿eh?: se fue a Francia sin avisar siquiera de que había dimitido. La espantá de Estanislao Figueras está al nivel de la caída de Paloma Cuesta por el patio, pero lo peor es que, en el fondo, podemos comprenderle. Amenábar desde luego puede comprenderle, y traslada ese sentimiento no a Valle-Inclán sino a otro genio: Unamuno también estaba hasta los cojones de todos nosotros.

La principal crítica negativa que recibe ‘Mientras dure la guerra’ es que Amenábar no se posiciona, que es equidistante. En un conflicto como la Guerra Civil, donde resulta tan complicado serlo. Yo no pienso que el director de ‘Los Otros’ sea equidistante, pero entiendo a quienes lo dicen. La película se afana en mostrar cierta neutralidad, o algo parecido: lo que Amenábar y el Unamuno de Elejalde (ahora vamos con él) muestran realmente es un enfado generalizado con la sociedad española, con los políticos españoles, con los militares españoles, con la República y con los sublevados, con Azaña y con Millán-Astray. Unamuno era un personaje complejo, odiado y respetado por ambos bandos; incluso, como espectadores, hay momentos en que nos caerá bien y otros donde no, hay momentos en que nos llega un personaje entrañable y luego nos llega un privilegiado pretencioso, hay momentos en que lo admiramos y justo después nos parece un gilipollas. Todas estas reacciones se vieron entre el público asistente a la proyección en el Festival de San Sebastián, y son prueba de lo vivo que está el personaje, las reacciones tan distintas que llega a despertar alguien a quien se supone que la gente ya conoce de sobra, como es el caso de Unamuno. Esto no es tarea fácil, y por tanto es encomiable el trabajo de Amenábar al respecto, pero sobre todo el trabajo de su actor.

Todos estos matices consiguen mostrarse apoyados en la magistral interpretación de Karra Elejalde: si el Goya de este año no tuviese el nombre y apellidos de Antonio Banderas, sería para el actor vasco sin ninguna duda. La labor de Elejalde y la representación del personaje de Unamuno son lo mejor de la película, que a su vez nos habla de ese momento histórico como si fuese el propio pensamiento del autor de ‘Niebla’: vemos inútiles (o tontos útiles) en el bando de los sublevados, vemos amantes de la muerte y del dolor, pero también vemos cómo muchos pensaban que estaban haciendo lo correcto, y vemos buenas personas justificando el golpe, como el mismísimo Atilano Coco (estupendo Luis Zahera). Esto no es habitual en las películas de la Guerra Civil, pero no supone equidistancia: la conversación en el coche con Carmen Polo o las justificación de Franco de por qué ambos bandos hacen cosas malas pero el suyo es el correcto (y ESA respuesta de Unamuno) hablan muy claro de un posicionamiento, sin necesidad de dejarlo mascadito. ‘Mientras dure la guerra’ tiene que tomar ese camino, lo tiene que tomar porque quiere que veamos por qué Unamuno pensaba lo que pensaba… y quiere que veamos por qué y cómo dejó de pensarlo.

Eso sí, esa neutralidad/equidistancia/llámale-X tiene una consecuencia negativa, y es la privación de cercanía emocional. ‘Mientras dure la guerra’ no es un biopic sin más, ni “una página de la Wikipedia” como algunos comentaban, pero sí peca de cierta frialdad que impide que el público llegue a conectar del todo con los personajes. Hay excepciones a esto, como el encuentro final entre Unamuno y sus hijas (se luce especialmente Patricia López Arnaiz, pero Inma Cuevas sorprende también en un registro muy distinto del que le vimos en ‘Vis a Vis’), pero por lo general domina esa lejanía en momentos que deberían afectarnos más. Otra consecuencia negativa es que, en el intento de “humanizar” a personajes como Franco y Millán-Astray, se usa excesivamente lo cómico y en ocasiones se cae también en el subrayado. Pero, en líneas generales, estamos ante un notable y arriesgado regreso de Alejandro Amenábar que, si bien no alcanza la excelencia de sus trabajos más recordados, sí mejora lo presentado en ‘Ágora’ y en ‘Regresión’. 7,5.

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