‘Lo que arde’ consagra a Oliver Laxe como la gran promesa del cine español

Por | 11 Oct 19, 12:09

En el pasado Festival de Cannes, Oliver Laxe se alzaba con un merecido Premio del Jurado en la sección Una cierta mirada gracias a ‘Lo que arde’, un drama ambientado en la Galicia rural sobre Amador, un hombre que sale de la cárcel tras cumplir condena por haber incendiado el bosque cercano a su aldea. Una vez de vuelta se reencuentra con su madre Benedicta, una mujer de unos ochenta años que le recibe con una sorprendente frialdad, pese a que evidentemente se alegra de ver a su hijo. Pero las emociones que subyacen en la película nunca se manifiestan de manera explícita en los personajes: no hay demasiados diálogos sino que todo sucede desde una mirada contemplativa hacia su intimidad.

Laxe aprovecha el entorno rural y el aislamiento para representar el dolor, la pérdida y la culpa. A diferencia de ‘Mimosas’, su anterior trabajo, la narrativa aquí es más precisa y simple que en aquella. ‘Lo que arde’ es una muestra excelente de slow cinema –un término que algunos teóricos han utilizado para referirse a cierto cine de planos largos y tramas mínimas-, una película que se apoya casi al completo en lo meramente visual logrando crear imágenes que trascienden mucho más allá de lo estético. Una labor realmente complicada, que requiere de un control ejemplar tras las cámaras. Laxe no solo lo tiene sino que además posee una sensibilidad visual muy especial; al igual que su director de fotografía Mauro Herce, cuyo trabajo en 16mm es absolutamente impresionante.

A nivel narrativo ‘Lo que arde’ resulta interesante por su poder de sugerencia, por todo lo que no se dice pero queda en el aire, y por todas las preguntas que, una vez terminada, quedan sin resolver. Desde el brillante inicio hasta el igualmente lúcido final, resulta hipnótica. Atrapa y sumerge al espectador en la vida de sus personajes, plasmando su día a día con un estilo cuasi-documental. El tiempo sucede despacio a través de la pantalla, hasta que esta se enciende con la magnitud con la que lo hacen las llamaradas en un bosque. La emoción sembrada en mínimas dosis a lo largo del metraje, estalla de golpe en la retina del espectador. Aparecen los créditos y toca reflexionar sobre una obra tan despojada de grandilocuencia en sus formas como enorme en términos cinematográficos.

Oliver Laxe, con este tercer trabajo, se consagra como un cineasta imprescindible en el cine español, aunque su visión desgraciadamente esté muy alejada de lo que la industria y el público demanda. En Cannes, cumbre del cine de autor, le han programado (y premiado) las tres veces en secciones paralelas. Su salto a la sección oficial de este o cualquier festival de renombre debería llegar a la próxima, pues con su escueta filmografía ya ha dejado evidencia de sobra de su tremendo talento. 8.

  • xabier

    Me encantó, peli muy de festival, y una gozada escuchar al director, al prota y a la madre en directo, gente humilde e interesante.

  • mardebering

    Es una trampa de película, si buscaba lo romántico e hipnótico de la Galicia profunda pues sí lo consigue, pero realmente la Galicia profunda (en extinción en -10 años) es casi como “Las Hurdes, tierra sin pan” (pero sin deformados) mítico documental de Buñuel, lo que se salta el autor gallego es que el culpable de que arda el monte no es el Eucalipto sino “los que queman el monte” el eucalipto espontáneamente no arde, tampoco al autor gallego le interesa introducirse ni explicar las verdades del barquero y las “mafias precisamente no solo privadas” que viven de que el monte arda, pero claro no tendría esa publicidad de organismos públicos incluido el presidente de la autonomía Feijoo, lo entiendo el cine es un negocio y hay que sacarle rendimiento al producto, está en su derecho, pero maquillar el rural gallego con viejita rara hipnótica y “pirómano tipo” es trampa, el fuego en Galicia es otra cosa muy distinta a dos losers como esta madre e hijo.

  • Jaime

    El monte siempre ha ardido. Con piromanos y sin ellos. Pero aquí el eucalipto es una plaga. Como bien sabrás no es autóctono y se plantó masivamente por su rapidez de crecimiento y así aprovechar más la producción maderera. Pero al contrario que especies locales como el pino o el carballo, cuya repoblación fue sustituida por esta especie, consume mucha agua, seca el suelo y como tiene copa amplia no da sombra y favorece el crecimiento de la maleza que es el elemento crucial para la rápida propagación del fuego. Y sí, el eucalipto es uno de los factores determinantes de la virulencia de los incendios en Galicia, así como el abandono del monte y las explotaciones agropecuarias tradicionales, la despoblación del rural, los contratos temporales de los brigadistas, e intereses varios (en su día las recalificaciones urbanísticas de zonas quemadas, hoy prohibidas por la Ley del Suelo).
    Menos mal que siempre nos quedará Feijoo (Frijol, como diría Beiras) apagando el fuego con mocasines y manguerita https://uploads.disquscdn.com/images/1a7b61f6f6a842c995fe87a7f8e9923daebdf5f1e0a47883a4a1278343304444.jpg

  • Celtrón machaca!!

    Tentar que a cosmopaletada lle teña un pouco de aprecio e comprenda coma funciona ó rural, ou sexa, todo o de fora do Real Reino de Mierdid, é perder o tempo, ho. Se pra eles os eucalitos deben ser coma a leite ou os ovos, que saen do cartón… nin merece a pena estresarse coas parvadas que poidan dicir sobre nos.

  • Celtrón machaca!!

    e por outra parte, dis que o monte sempre ardeu… si… e non, claro xDD

    Preguntalles ós máis vellos do lugar se fai 60 anos había en Galiza tantos arbores como agora… Incendios da envergadura dos que sufrimos ós últimos anos so poden darse se existen plantacións intensivas coma as que necesita o capitalismo.

  • xabier

    En esos intereses varios entran las grandes madereras tipo Finsa o Losan, no? Cuenta, cuenta, porque tenéis una habilidad para no concretar…………je, je, no lo digo por tí, estaba tirando de tópico.

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