Taifa Yallah / Ep.01-Causa

Por | 28 Ene 20, 12:29

Que Dellafuente es un artista distinto dentro de la escena del nuevo hip hop español es notorio desde que emergiera para un público más amplio con ‘Azulejos de corales’, hace ya casi un lustro. Pero lo cierto es que pocos en ella como él –diría que ni siquiera los teóricamente más avezados C. Tangana y Yung Beef– han sabido visualizar y anticiparse a su declive como El Chino. Aparte de sus declaraciones, ya ‘Ansia viva‘ era pionero en su apuesta por sonidos latinoamericanos más allá del reggaeton, y supo ver que el “aflamencamiento” de su propuesta era tan interesante como la transversalidad del mal-llamado-trap con otros géneros como el rock o el UK-garage. Pero, la verdad, el movimiento que ejecuta con Taifa Yallah no lo vimos venir.

Tanto su imaginería –esos seis jinetes/ninjas/cowboys– como su teoría alude a que Pablo no es el único actor en este proyecto. “Vamos, barrio” es la traducción literal del árabe de un nombre que alude al espíritu local como lo verdaderamente propio, ajeno a nacionalismos: “En el mundo hay muchos barrios y cada barriada es un reino […] No hay lo uno ni lo trino sino mil mesetas”, reza su nota de prensa. Los créditos también lo confirman, si bien no son tan sorprendentes como cabría imaginar. Pues no hay detrás de Taifa Yallah unos Toundra para un Niño de Elche –la referencia de Exquirla no es gratuita, puesto que, como veremos, hay cierta similitud estilística con estos–, sino que son sus más fieles colaboradores los que le acompañan en esta aventura: Antonio Narváez y Moneo son los instrumentistas y co-productores principales de ‘Ep.01- Causa’, el debut de Taifa Yallah. En ese sentido, se intuye que el germen de esta música puede estar en la sesión para VEVO que presentaron a finales de 2018.

Pero aunque ellos lleven el peso principal, hay distintos implicados. Principalmente bajistas –Pepe (sic), Migue Díaz–, pero también un sitar –Pablo Jurado–, saxos –Pablo Torres– y coros –Beatriz Salinas–. Quizá hubiera sido mucho más sonado si hubiera acudido a otros nombres propios de su ciudad más notorios, como Los Planetas o Soleá Morente. De hecho, hubiera sido un bombazo. Sin embargo, se intuye que ha optado por artistas menos populares, de su círculo artístico más cercano, en aras de la coherencia de ese mensaje de pertenencia, de tribu, que envuelve la estética del proyecto. Una estética que evidentemente se nutre de la influencia árabe en Andalucía –como también reivindican últimamente Califato 3/4, con los que en cierto modo conecta este disco–, pero que no busca “mitificar la convivencia de las distintas culturas”. “Ninguna se dio nunca en puridad y su fe, si acaso, es la fe del converso, la Santa-Fé”, aclara la nota de prensa del disco.

Y, desde luego, no hay búsqueda de pureza en “Causa”, sino todo lo contrario: mixtura, encuentro, colisión de distintos lenguajes. Y eso es, no cabe duda, lo más interesante de Taifa Yallah, su ingenio para mezclar rock –que no podría ser otra cosa que andaluz–, metal, rap, flamenco –o quejío, más bien– y no solo salir indemne sino establecer un punto de partida completamente nuevo. Porque, por más que citemos a otros nombres aquí, solo pueden servir para dar leves pistas de lo que nos encontramos en un trabajo tan conciso como sustancioso, cuyos 25 minutos pasan volando y van de menos a más. Lo menos logrado de esta aventurada apuesta es el plano lírico. Chirría un tanto, por ejemplo, el léxico despreciativo del trap en ‘La verdad’ en contraste con la acertada adaptación del hermoso poema ‘Paseo de Los Tristes’ de Javier Egea que conforma ‘Corazón de agua‘, mientras que una buena idea como el misticismo de ‘400 demonios’ parece algo desaprovechada. Es quizá donde Taifa Yallah parece algo más bisoño, si bien los textos de ‘El bosque’ (brutales esos versos que dicen “yo tengo aquí un lugar, donde no llega el dolor, donde el dolor se va, porque lo malo ya rebosa”), ‘El barco’, ‘Yallah‘ y ‘Causa’ resultan más entonados.

Mejora la impresión en lo musical, donde la mixtura de elementos sí cuaja muy bien. Además de ‘Corazón de agua’, ‘El bosque‘ –en la que emergen en el horizonte referentes teóricamente contrapuestos como Extremoduro y Los Chichos– y la sorpresa que depara ‘400 demonios’ –donde converge de una manera más acertada la dicción del hip hop sobre el post-metal de unos Viva Belgrado– destacan en la primera mitad. En la segunda, superada la sorpresa inicial, ‘El barco‘ se impone quizá como la canción más acertada en cuanto a contrastes, contraponiendo el precioso soul de los versos con el brutal metal –doble bombo en ristre y con giro hardcore– de sus estribillos. Mientras que ‘Yallah’ triunfa del todo en esa colisión de rap contemporáneo y rock que dejaba dudas al principio. Solo ‘Causa’ pierde algo de impacto, aquejada de cierto manierismo en sus guitarras, que lo acercan al heavy más ramplón (por momentos remite más a Medina Azahara que a Triana). Pero lo que no se le puede negar a este “episodio 1” de Taifa Yallah –prefijo que parece garantizar que tendrá continuidad– es la valentía, sensibilidad y capacidad de reinventarse que demuestra Dellafuente, invitando a pensar que será uno de los pocos artistas de su escena que logrará perdurar en el tiempo.

Calificación: 7,7/10
Lo mejor: ‘Yallah’, ‘Corazón de agua’, ‘El bosque’, ‘El barco’
Te gustará si te gustan: Exquirla, Califato 3/4, Extremoduro.
Escúchalo: en Spotify

  • Lucas Eme A

    Siendo argentino, y alejado del conocimiento de la cultura tradicional española en todas sus variantes y posibles contextos (salvo aquel que refiere a la interferencia colonial con la historia de mi país), esta nueva vertiente en lo que hace El Chino me parece además de interesante, sumamente rica en su intertextualidad.
    La construcción de un universo que por momentos me resulta distópico/ post-apocalíptico, de un claro contenido espiritual coherente con el auge actual de los lenguajes simbólicos, para intentar comprender un mundo que siente partido y en decadencia.
    Al menos a mi me han dado ganas de indagar en sus referencias y acercarme a una historia y a un espectro musical que me era desconocido.
    Y bueno, es que además es un PORTADON.

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