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Celeste / Not Your Muse

Lo mejor: 'Strange', 'Tonight Tonight', 'Love Is Back', 'Not Your Muse', 'Stop This Flame', 'A Little Love', 'The Promise'
Te gustará si te gusta: Adele, Amy Winehouse, Michael Kiwanuka, Jorja Smith
Youtube: 'Love Is Back'

Singles inapelables como ‘Stop This Flame’, ’Tonight Tonight’ y ‘Love Is Back’ han llevado a pensar en Celeste como un nuevo eslabón de la cadena que hermana pop contemporáneo con maneras del soul y el rhythm & blues clásicos, de la que (con mayor o menor rotundidad/éxito/calado) forman parte nombres como Amy Winehouse, Adele, Duffy, Emeli Sandé o Sam Smith. No es en absoluto descabellado hacerlo (aunque sí facilón), pero esta californiana crecida y educada en Reino Unido no se queda en eso, y es precisamente lo que hace ver en ella a una artista con una proyección de futuro mucho más allá de un hype pasajero.

Porque el pop de Celeste Epiphany Waite destaca sobre todo por nutrirse de la influencia de nombres canónicos del soul como Billie Holiday, Nina Simone, Otis Redding o Louis Armstrong (“Estaba escuchando canciones de amor que nadie escucha ya”, canta descriptivamente en ‘Tonight Tonight’). Y no solo por sus cuidados arreglos de hechuras clásicas pero perfectamente vibrantes y contemporáneos, en los que Jamie Hartman (Rag’n’Bone Man, Lewis Capaldi, Louis Tomlinson) da una auténtica lección en la materia, a la altura de un Mark Ronson.

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Y es que, al contrario de lo que sucede con varias de las artistas contemporáneas mentadas en el primer párrafo (excluyendo a Winehouse pero no del todo a Adele), ese irrefrenable espíritu bailable que desprenden sus hits –más, rayando a una altura semejante, ‘Tell Me Something I Don’t Know’– no es lo mejor de la propuesta neo-soul de Celeste. En su caso, las baladas y medios tiempos no son meros fillers que equilibran con más o menos habilidad el disco, sino que tienen un peso específico evidente y se convierten en auténticos hitos en su secuencia.

La Celeste de ‘Strange’, la majestuosa balada que la dio a conocer de una manera más profunda, es parte fundamental de ‘Not Your Muse’, hasta el punto que es esa faceta la que abre el álbum, enlazando la bonita ‘Ideal Woman’ con la versión editada (esquilma un tercer verso) de su primer hit. Y, cuando reaparece, lo hace de manera imponente: los vaivenes de intensidad del corte que da nombre a este debut sobrecogen (muy especialmente en el subidón final), mientras que ‘Beloved’ arrulla como una balada romántica cuyo fondo musical parece emerger de un viejo disco de pizarra y la sencillez atemporal de ‘A Kiss’ (increíble demostración vocal, de lo tímido a lo volcánico) y ‘A Little Love’ (que bien podría convertirse en un futuro clásico navideño) desarman. Hasta se permite el lujo de cerrar su debut con el tragicómico (esos “hello”s a modo de autoeco aligeran el drama) número acústico ‘Some Goodbyes Come with Hellos’. Es esa tesitura, en la que la instrumentación se torna más orgánica y natural, la que hace que la voz de Waite, con sus imperfecciones, sus suspiros y sus desgarros, se convierta en algo único y reconocible.

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Cierto es que, tras muchos vaivenes e indecisiones sobre el tracklist final, Celeste (y la multinacional que la cobija) parece haber apostado por lo seguro. Y al margen de unas letras algo genéricas –que, pese a estar escritas con honestidad, tienen margen para llegar más lejos–, apenas ‘The Promise’ resulta algo más aventurada que la media, integrando jazz y psicodelia (es de los pocos temas que admiten una comparación con su valedor, Michael Kiwanuka). En ese sentido, el debut de Waite se antoja como un claro punto de partida desde el que crecer y expandirse (de hecho, una pista inequívoca es el nutrido disco extra de su edición deluxe, que recupera números menos inmediatos pero muy interesantes de su profusa discografía, incluyendo su tema para el último estreno de Pixar, ‘Soul’). Pero es difícil imaginar mejor posición para evolucionar que con unas raíces firmes que, además, sean compensadas con un éxito inapelable, como es el caso. No nos engañemos: siempre es una gozada que un disco tan bonito, cuidado y emocionante alcance el número 1 de ventas en un mercado tan disputado como el británico. Es de esas veces en las que no da rubor decir que ha nacido una estrella.

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