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Hora de la verdad para Squid, la gran esperanza del rock «arty»

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Hora de la verdad para Squid, la gran esperanza del rock «arty»

Esta noche se publica el esperado debut largo de Squid, uno de los nombres que más han sonado en el mundo del rock experimental en los últimos años, al venir con la garantía de calidad del prestigioso sello WARP, especializado más bien en electrónica. El grupo de Brighton está formado por Louis Borlase (guitarra y voces), Ollie Judge (batería y voz principal), Arthur Leadbetter (teclados, cuerdas y percusión), Laurie Nankivell (bajo) y Anton Pearson (guitarra y voces); y tiene el visto bueno del Primavera Sound, que los trae de gira el próximo mes de octubre a Barcelona, Madrid y Vigo; y del NME, que acaba de darle las 5 estrellas a este ‘Bright Green Field’ que ha producido Dan Carey.

Las canciones de Squid se caracterizan por sus complejos desarrollos. Sus singles pueden durar más de 8 minutos como es el caso de una de sus canciones estrella, ‘Narrator’, en la que cuentan con Martha Skye Murphy para reflexionar sobre el papel sumiso en el que el hombre ha querido ver a la mujer a lo largo de la historia: atención a ese final totalmente chillado.

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Después, no le hacen ascos a los «radio edits» tampoco. Su paleta de colores tiene cosas en común con Gang of Four, These New Puritans y gente más reciente como Protomartyr y shame, incluyendo su álbum la colaboración de Emma-Jean Thackray, y Lewis Evans de Black Country, New Road.

Cuenta ‘Bright Green Field’ con bazas que se han venido avanzando como ese ‘Pamphlets’ que cierra el disco versando sobre la propaganda con que la derecha inunda la vida de la gente, exactamente sobre una persona que utiliza dicha propaganda como única fuente de información; y también ‘Paddling’, con lo más parecido a un estribillo que encontraremos por aquí (esos «don’t push me in!!!»). Casi podría ser una canción de The Rapture o LCD Soundsystem.

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Pero también escucharemos en el álbum cosas más oscuras como ‘Boy Racers’, entregada a drones completamente turbulentos. El álbum se regodea en punteos recién salidos de finales de los 70, a los que complementan una serie de vientos de inspiración jazz como los que convierten ‘Documentary Filmmaker’ en pura desazón o los desolados de ‘Global Groove’. Aun así, su sello insiste en que este no pretende ser un disco triste, sino «alegre y enfático». Con la voz a menudo desgañitada del batería Ollie Judge, alguna canción más breve y también una intro y una especie de interludio, ‘Bright Green Field’ parece tener reservado un lugar entre lo mejor del año de las listas más «arty», con un ojo también puesto en los aficionados al post-punk más accesible.


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