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La caída libre de ‘Halston’… ¿y la caída libre de Ryan Murphy?

En una escena de ‘Halston’, Ewan McGregor y Bill Pullman discuten sobre los vaqueros, a los que el personaje de McGregor ve como fugaces, como “una moda pasajera”. El diseñador Roy Halston no fue en absoluto una “moda pasajera”, y su influencia se notaría décadas y décadas después (ese Tom Ford que salvó Gucci no lo habría hecho sin su influencia), pero es cierto que hay algo de estrella maldita-y-fugaz en su figura: la viva imagen del sueño americano fue poco a poco ascendiendo hasta que, de repente, lo era TODO… pero eso duró solo unos años, tras los que vino una caída en picado salpicada por drogas, malas compañías, megalomanía y, curiosamente, una rentabilización de sus ideas y de su visión artística. ¿Por qué “curiosamente”? Porque no está pasando desapercibido entre la crítica el paralelismo entre esa etapa final del diseñador y la última etapa (esperemos que no la final) de Ryan Murphy, que está detrás de la serie.

El creador de ‘Glee’, ‘American Horror Story‘, ‘Nip/Tuck’, ‘Popular’, ‘Pose‘… en definitiva, el Rey Midas de la tele actual, decidió seguir los pasos de Shonda Rhimes (otra que tal baila) y firmar con Netflix, marcando récord además: sus 300 millones de dólares se convirtieron en el mayor contrato firmado con un productor de series. En el tiempo que durase el contrato, Ryan tenía que entregar más y más productos, eso sí, con absoluta libertad creativa. Lo paradójico es que en esta era, cuando más libertad creativa (suponemos que) ha tenido, todas sus series y películas han acabado acercándose más a ese manufacturado “estilo Netflix” que a la brillantez de la que es capaz Murphy. Incluso su faceta mamarracha parece estar a medio gas, haciendo que ‘The Politician‘ o ‘Ratched’ sean versiones lights de sí mismo… por no hablar de ‘The Prom‘, ‘Hollywood‘ o ‘The Boys in the Band’. En ‘Halston’ parece que ha pensado eso de “el que mucho abarca poco aprieta” y ha delegado: no figura como creador (como ya ocurriera en ‘American Crime Story’), siendo éste Sharr White, y la dirección se la encarga a Daniel Minahan, reservándose Murphy el guión y la supervisión como productor ejecutivo. Pero esto no termina de jugar a favor de ‘Halston’, que disminuye aún más los pocos detalles donde se apreciaba el sello Murphy, para darnos un biopic eficaz y muy vistoso, pero con poca personalidad. Si Minahan se limita a entregar el producto que se le ha pedido, y Murphy aparece y desaparece, ¿que nos queda?

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En el plano actoral, teniendo de protagonista absoluto a una estrella como Ewan McGregor, ‘Halston’ apuesta por nombres menos conocidos para el gran público: Liza Minelli es interpretada por Krysta Rodríguez (conocida por su trabajo en Broadway y por sus papeles en ‘Smash’ o ‘Quantico’), Rebecca Dayan da vida a Elsa Peretti (que precisamente murió el pasado marzo y, como ha declarado la actriz, merece una miniserie para ella sola), el veterano David Pittu se encarga de Joe Eula, y Gianfranco Rodríguez de Víctor Hugo, amante de Halston. Junto a ellos, las colaboraciones de Bill Pullman, Rory Culkin (como el director Joel Schumacher) y Vera Farmiga. ‘Halston’ prefiere poner en segundo plano el potencial pop de tener como personajes a Minelli o Peretti (aparecen también Óscar de la Renta, Anne Klein o Steve Rubell, y se menciona frecuentemente a Andy Warhol o Calvin Klein) para apostarlo todo por Halston, lo cual sería una idea estupenda si el personaje funcionase como debería. Un ejemplo es la trama del tercer episodio, con los olores como hilo conductor, cuyo colofón es probablemente el punto más alto de la serie… pero que podría haber sido aún más potente de estar mejor presentada la figura de Halston (tanto por el desarrollo del personaje como por un Ewan McGregor que en numerosas ocasiones se lleva el exceso de Halston a un terreno casi paródico).

No ayuda a que empaticemos con el personaje que se abuse de la verbalización en cada elipsis (lo de “aquí está Stevie, que acaba de salir de la cárcel y va a reabrir hoy Studio 54” tiene especial delito) y que no se dejen reposar ciertos momentos dramáticos. O que se desaproveche la tremenda banda sonora de los 60, 70 y 80 que hay aquí: Bowie, Donna Summer, The Velvet Underground, Dusty Springfield, Giorgio Moroder, Joe Cocker, Tears For Fears, Cocteau Twins, Visage, Dan Hartman, Andrea True Connection, y hasta la eurovisiva ‘Si’ de Gigliola Cinquetti. Ahí es na’… pero todo esto acaba desfilando sin destacar demasiado, a excepción del final a ritmo de Cocteau Twins, y del simpático uso de ‘The Jean Genie’.

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¿Es mala ‘Halston? No. ¿Es aburrida? Desde luego que no, con semejante material de partida es casi imposible hacer una serie que no interese. Pero, precisamente por eso, era una oportunidad tremenda para demostrar que el talento de Ryan Murphy no había ido a ninguna parte. Otra vez será, y ojalá en su próximo proyecto, también biopic: nada más y nada menos que del asesino en serie Jeffrey Dahmer. Con lo mal que pintaba el Andrew Cunanan de Darren Criss y lo bien que salió, la historia de Dahmer contada por Murphy tiene, a priori, todos los ingredientes para superarlo… pero, visto lo visto, también es para echarse a temblar, y no por el canibalismo.

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