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‘Max Richter’s Sleep’: crónica filmada de un concierto «soporífero»

Max Richter ha recorrido medio mundo tocando una gran nana posmoderna. Dando conciertos de 8 horas para un público acostado y tapadito en una camilla, dispuesto a dejarse acunar por la música inmersiva y relajante de ‘Sleep’, composición de doscientos y pico movimientos realizada con el asesoramiento del neurocientífico David Eagleman (autor de los celebrados ensayos ‘Incógnito’ y ‘El cerebro’, publicados en Anagrama).

En el verano de 2018 dio un concierto al aire libre en el Grand Park de Los Ángeles (en España estuvo en 2017, en los Veranos de la Villa de Madrid). 8 horas bajo la luna llena angelina que fueron filmadas por Natalie Johns, conocida por sus videoclips para Morrissey del álbum ‘World Peace Is None of Your Business’, y que en 2015 fue nominada a un Emmy por la grabación de otro concierto: ‘Nostalgia’, de Annie Lennox.

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El documental ‘Max Richter’s Sleep’, que forma parte de la programación del Atlántida Film Fest (el festival online y semipresencial de Filmin), está estructurado alrededor de este evento. La directora filma el ambiente previo que se va creando en Grand Park, a medio camino entre la comunión espiritual y la afectación snob. Luego el desarrollo del concierto, con todo el mundo medio sopa mientras en el escenario suenan las cuerdas, los sintetizadores y la voz sobrenatural de la soprano Grace Davidson (se agradece que la directora deje suficiente espacio a la música, con momentos de enorme belleza, aunque hace un poco de trampa al no poner el sonido directo). Y, por último, el final: un despertar donde la emoción del público por haber vivido algo único se impone al dolor de espalda o las ganas de hacer pis (la experiencia tiene mucho de acto de supervivencia).

‘Sleep’ está hecha para cabecear. “Espero que la gente se duerma mientras la escucha, porque el proyecto es también una exploración personal sobre cómo interactúa la música con la conciencia», explica Richter en el libreto del disco. Pero el documental no. A pesar de que el tono del filme está en sintonía con la música de Richter, suave y sosegada, Natalie Johns no nos deja pegar ni un bostezo. La directora nos chista de vez en cuando salpicando las escenas del concierto con entrevistas al público asistente, imágenes de otros conciertos (los de la catedral de Amberes y la ópera de Sidney son espectaculares), y jugosos testimonios de Richter y la cineasta Yulia Mahr, su mujer y socia.

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El compositor angloalemán hace un repaso de su carrera, confesando que el cine (‘Ad Astra’, ‘Vals con Bashir’) y la tele (‘The Leftovers’, ‘Black Mirror’) le dan de comer, pero lo que realmente le gusta son este tipo de propuestas: experimentos sonoros de larga tradición –de las ragas indias a las ‘Variaciones Goldberg’- que también tuvieron su traducción fílmica, como el célebre ‘Sleep’ (1963) de Andy Warhol, donde el creador de la Factory filmó durante cinco horas y media a su amante John Giorno mientras dormía.

¿Lo próximo de Richter? Para comer, la tercera temporada de ‘La amiga estupenda’. Para disfrutar, el ballet ‘Exiles’.

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