Taylor Swift representa el otoño de una relación en ‘All Too Well’

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Taylor Swift representa el otoño de una relación en ‘All Too Well’

Hay que ver lo que le gusta a Taylor Swift una buena chimenea, un buen café humeante y un buen paseíto por el bosque con las hojas de los árboles cayendo. El cortometraje ‘All Too Well’, dirigido por ella misma, sigue la línea estética de ‘folklore’: mucha imaginería otoñal, mucho estilismo cottagecore y mucha iluminación suave, con contrastes simbólicos entre la luz cálida y la fría, como forma de representar el “otoño” de una relación.

El filme, dividido en siete capítulos, narra el romance entre una pareja interpretada por los actores Sadie Sink (‘Stranger Things’, ‘La calle del terror’) y Dylan O’Brien (‘El corredor del laberinto’, ‘De amor y monstruos’). Quince minutos de arrumacos, broncas y lloreras inflamados al calor de la cita inicial del ‘Poema 20’ de Pablo Neruda: “Es tan corto el amor, y tan largo el olvido”. Un volcán de sentimientos que tuvo su consecuente colada publicitaria: el AMC Lincoln Center de Nueva York, donde se estrenó el corto, hizo como los cines donde ponen una película gore y te dan una bolsa para vomitar: pusieron a disposición de los fans unos pañuelos por si no podían contener las lágrimas.

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La versión extendida de ‘All Too Well’ extraída de ‘Red (Taylor’s Version)‘ parece ilustrar una historia autobiográfica: la relación que tuvo la cantante con el actor Jake Gyllenhaal a finales de 2010. Un relato de desamor, narrado desde el punto de vista de ella, cuyo centro de gravedad simbólico se halla en la bufanda roja que sale al principio del filme y que, según cuenta la leyenda (rosa), Swift dejó olvidada en la casa de la actriz Maggie Gyllenhaal, hermana de su expareja.

La directora usa el formato cuadrado, con los bordes redondeados tipo diapositiva, para, por un lado, potenciar la intimidad de los personajes, y por otro, transmitir un sentimiento de claustrofobia, de angustia vital. Ese gusto por lo vintage (de la diapositiva) y lo simbólico, se puede ver también en la máquina de escribir (de nuevo roja) que utiliza el personaje femenino. Un objeto que sirve como vínculo emocional entre el pasado y el futuro, como enlace entre el final del relato y el epílogo donde Swift interpreta a la chica trece años después convertida en una novelista de éxito.

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