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‘Alcarràs’ es el poderoso canto a la tierra de la genial Carla Simón

Un histórico Oso de Oro encumbró el pasado febrero a Carla Simón, quien ya había triunfado en Berlín en 2017 con la prometedora ‘Verano 1993’. En ella, la directora catalana hacía gala de una sensibilidad especial para retratar la infancia, y, haciendo de cómplice con el espectador, presentaba los conflictos a través de pequeñas conversaciones entre los adultos, tomando el punto de vista de los niños.

Sigue habiendo algo de esto en ‘Alcarràs’, una película que pese a su aparente simpleza temática, muestra una ambición inmensa. Rodada en la Cataluña rural, sigue a una familia de agricultores de melocotones en la que será su última cosecha tras décadas trabajando la tierra.

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La principal diferencia con respecto a su ópera prima es que aquí Simón no se centra exclusivamente en un punto de vista, sino en el de todos los personajes, con el propósito de lograr una inmersión plena en el significado que tiene este trabajo para todos los miembros de la familia y cómo el peligro de perderlo afecta a cada uno de ellos. Esto supone una labor narrativa realmente complicada, pero el guion y el montaje aciertan a la hora de dar las pinceladas necesarias a cada sub-trama, creando una suerte de collage que crece con la suma de sus partes.

Aun así, los mejores momentos de la película están protagonizados por los niños, donde Simón confirma aquí su enorme talento para comprenderlos y adentrarse en su universo. Y es que, por encima de todo, ‘Alcarràs’, como lo era su predecesora, es un trabajo puramente nostálgico. Un canto a la tierra desde una perspectiva melancólica hacia un modo de vida que ya no tiene cabida en una sociedad globalizada donde todo se produce en masa.

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El trabajo de dirección llama la atención por su bellísima mirada cuasi neorrealista a aquello que irremediablemente está a punto de perderse. Simón imprime momentos de auténtica poesía visual, siempre desde la humildad, sin ningún tipo de grandilocuencia. Y precisamente es gracias a ello por lo que ‘Alcarràs’ emociona de forma tan genuina, porque no está constantemente intentándolo ni haciendo una sentencia sobre nada. Su naturaleza contemplativa engrandece el relato e invita a la reflexión y a perderse en sus poderosas imágenes. También en el campo interpretativo se puede ver en cada plano el esfuerzo que se ha puesto detrás del casting y la destreza con la que la directora ha manejado al reparto, formado en su totalidad por actores no profesionales que realizan una labor admirable.

Hacía mucho que el cine español no presenciaba el talento de una cineasta de este calibre triunfar internacionalmente. Ver cómo una película tan puramente de autor y de esta calidad está consiguiendo que la gente vaya al cine y que haya ganado uno de los festivales de cine más importantes del mundo, es algo digno de celebración. Así, Carla Simón se consagra como una cineasta de referencia, y ‘Alcarràs’ como una de las cimas del cine español de las últimas dos décadas.

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