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‘Stranger Things’, más arriba imposible, antes de su temporada final

Corría el año 1982 cuando Indeep cantaron aquello de ‘Last Night a DJ Saved My Life’, pero han sido muchas las ocasiones -antes y después- en que todos hemos sentido que una canción nos ha salvado la vida. ‘Everybody Hurts’ de R.E.M. fue reconocida en una encuesta como la canción que más suicidios había evitado durante los años 90, función que en los últimos años ha cumplido ‘1-800-273-8255’ de Logic. ‘Stranger Things’, que siempre ha sido muy meticulosa con el uso de la música pop, pues al fin y al cabo es una serie situada en los 80 que utiliza constantemente grabaciones de aquellos años, ha llevado esta máxima un paso más allá en su cuarta temporada.

No queda un alma sobre la tierra sin enterarse del regreso de Kate Bush a las listas de éxitos, incluso al número 1 en territorios como Reino Unido, gracias al uso narrativo y efectista que se hace de su clásico ‘Running Up That Hill’. No es que el tema original de 1985 aparezca de fondo en ‘Stranger Things’; es que marca el curso de uno de los personajes principales, sonando de manera reiterada, y siendo recurrente, hasta el punto de provocar que el espectador se levante de la silla para suplicar que suene ya esa canción de Kate Bush. Hemos visto muchas series haciendo un uso muy concreto de la música pop, como la misma ‘Élite’, pero esta temporada de ‘Stranger Things’ ha sido otro nivel. Después del viral de Kate Bush, y en menor medida el de Metallica en capítulos posteriores, me imagino a las editoriales comiéndose la cabeza en busca del próximo revival.

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Antes de todo esto, ‘Stranger Things’ era un maravilloso retrato de la amistad en la infancia y en la pubertad, algo que continúa siendo 6 años después de habernos sorprendido un verano como este. Ahora es definitivamente historia de la música, algo que disfruta y en lo que se recrea como vemos en esa escena que tanto ha rulado por las redes sociales, y en la que los personajes exclaman: «Madonna, Blondie, Bowie, Beatles, ¡necesitamos música!».

Su segunda temporada tropezó un pelín, su tercera temporada remontó y esta cuarta deja las cosas bien arriba antes de que la serie ofrezca la que será su temporada final. Por lo que adivinamos en los capítulos finales de esta tanda, la 5ª será gloriosa. Los hermanos Duffer han hecho los deberes y nos han entregado una 4ª temporada trepidante tras un par de episodios erráticos, superando el desafío de su duración: varios capítulos se extienden más allá de los 90 minutos, que en el caso del último de esta 4ª temporada se ha traducido en unas arriesgadísimas 2 horas y media.

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Aun así, ‘Stranger Things’ ha salido más que airosa de su reto, a través de varias vías al margen de la musical. En primer lugar, no se cansa de sumar secundarios y subtramas, funcionando casi todas igual de bien. El guión parece haber separado a los protagonistas por grupos, haciendo que todos los escenarios sean igual de interesantes, cuando no directamente angustiosos, en busca de un clímax que se desarrolla en el último episodio. Puede que consideres a Eleven (Millie Bobby Brown) protagonista total, pero ni la trama de Max (Sadie Sink), ni la rusa con Winona Ryder en este, el papel de su vida, ni la de de Nancy Wheeler (Natalia Dyer) dan igual a nadie. Dustin Henderson (Gaten Matarazzo) continúa siendo un absoluto encanto, entre lo «nerd» y lo «cutie» por excelencia, y ahora hay que sumar a Eddie Manson (Joseph Quinn) en representación del público metalero, y a Vecna y la enorme multitud de aristas que presenta como villano, en contraposición a Eleven.

En segundo lugar, hubo un tiempo en que cazar guiños a otras ficciones del terror de los 70 y los 80 fue el gran entretenimiento de ‘Stranger Things’. En esta temporada, los hay a ‘Carrie’, ‘El exorcista’ y de manera significativa a ‘Pesadilla en Elm Street’, pues aparte de lo visual y lo narrativo, Robert Englund tiene un pequeño papel. Pero lo mejor está resultando ir más allá en el juego de las adivinanzas, para tratar de imaginar qué tiene de metafórica la trama sobre los turbulentos tiempos en que nos está tocando vivir. Cómo el bullying ha sido silenciado durante décadas y ahora está en la conciencia de mucha más gente explica por qué la gente joven conecta con Eleven y también la mayor que sufrió en el colegio en décadas remotas, sin verse capaz de hablarlo con nadie.

O mejor, y por último, en un mundo lleno de monstruos, hasta qué punto quienes dan más miedo son los vivos, las personas de carne y hueso. ¿Soy el único que ve en el equipo de baloncesto que se cree el primer bulo que oye, una metáfora de aquellos que asaltaron el Capitolio?

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