‘Stranger Things 2’: la serie mantiene su encanto, pero los hermanos Duffer no saben crecerse

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‘Stranger Things 2’: la serie mantiene su encanto, pero los hermanos Duffer no saben crecerse

strangerthingsLa primera temporada de ‘Stranger Things‘ puso algo más que un granito de arena para un mundo mejor el verano pasado. Su público difícilmente olvidará cómo devoró sus 8 episodios en un solo fin de semana, de vacaciones o entre festival y festival. Entre sus muchos aciertos, la enorme química del elenco de los jóvenes protagonistas, ya convertidos en superestrellas, la recuperación de la Winona Ryder más desequilibrada -casi, casi riéndose de sí misma- y por supuesto los múltiples guiños a los 80, los cuales iban mucho más allá de la estética de esta serie situada en 1983.

La segunda temporada que se ha estrenado esta semana, por supuesto repleta de referencias a Halloween, es otra bolsa de chucherías en la que adivinar a qué delicia de la cultura popular están rindiendo homenaje los creadores, los hermanos Duffer -los gemelos Matt y Ross- en cada parte del metraje. ‘Los Cazafantasmas’, ‘Alien’, ‘Los Goonies’ (Sean Astin, el actor que ahora hace de Bob aparecía en esta película), ‘It’, ‘Rebeldes’ o incluso ‘El Exorcista’ son algunas de las películas a las que se rinde o se sigue rindiendo tributo de manera explícita o implícita. Y la música no se queda atrás. Si bien la banda sonora original continúa siendo de los celebrados Kyle Dixon y Michael Stein, aparecen un par de decenas de canciones que van a sonar a los espectadores: Scorpions, Devo, Duran Duran, The Clash, The Police, Bon Jovi y una Cyndi Lauper que sale especialmente reforzada de la aparición de ‘Time After Time’ son algunos de los artistas reivindicados.

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Todo este «name dropping» de películas y artistas contribuye a que ‘Stranger Things 2’ sea un producto entrañable, ¿pero qué hay de la serie en sí? Los hermanos Duffer encuentran ciertas dificultades para justificar que esta segunda temporada fuera realmente necesaria. Sí vimos un par de cabos sueltos hacia el final de la primera para medio anunciar esta continuación, pero el modo en que han planteado esta segunda temporada es algo decepcionante, comenzando con la rapidez con que se resuelve la deriva de Eleven y terminando con que llevamos un año atendiendo a teasers, nombres de episodios, descripciones de tramas, tours promocionales… cuando no había idea brillante en el equipaje.

Los primeros episodios de la segunda temporada son casi duros de roer. La incorporación del personaje de Maxine (con un patinete de Madrid, por cierto) da vida a la pandilla protagonista, de la misma manera que la de Bob, que en principio iba a ser un personaje mucho más desagradable y odioso, pero se cambió debido a la encantadora personalidad de Sean Astin (su «easy peasy» ya es carismático), es un plus. Pero los hermanos Duffer necesitaban algo más que el humor que aporta D’artagnan, la mascota de un Dustin más divertido (y mimado por el guión) que nunca; y un mapa-enredadera donde antes había luces de Navidad para ponerse a la altura del hype. ‘Stranger Things 2’, que había prometido cosas «mucho más raras» y más «grandes», abusa en todos los sentidos de los mismos trucos clavados de ‘Stranger Things’; introduce con bastante torpeza, como un pegote, la nueva trama paralela con la que comienza la segunda temporada, logrando que no interese a nadie; desaprovecha en el más allá y en el más acá a Eleven, y la catarsis de los dos últimos episodios es demasiado facilona y predecible desde la mitad de la temporada, por cierto bien trufada de cliffhangers para que nadie abandone. ¿Hay tensión? Incluso terror. ¿Hay emoción? Quien no llore será porque no quiera. Pero esta no es la temporada hecha para, ahora sí, ganar premios internacionales y convencer a los reacios y desconfiados que algunos esperábamos.

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¿Qué sucede? Que el tamaño de los monstruos nos da igual porque esos «trucos» originales eran muy buenos. El espectador sigue desarrollando paso a paso la relación afectiva que se formó hace un año con la Winona Ryder más afectada, con la sonrisa contagiosa de Dustin, con la pinta de losers y futuros reyes de Sundance de Will y Mike o con las torpes artes para ligar de Lucas. Cuando llega el capítulo final, ‘Stranger Things’ vuelve a ser una serie maravillosa, una de esas cosas que te congratulan con el mundo, un producto pensado para tocarte la patata de la nostalgia, sí, pero también para hacerte recordar los pequeños placeres de la vida. Una chica que te saca a bailar, un póster de Blondie, una tarde en los recreativos, una mascota que escondes a tus padres… o ahora una serie que tome el camino que escoja a partir de ahora, porque parece que se estirará el chicle y habrá tercera temporada, ya desde el año pasado hizo historia. 7,5.

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