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Los Punsetes / AFDTRQHOT

Lo mejor: 'Ocultismo' ,'Hola, destrucción', 'Que te vaya mal', 'Cerdos', 'Cosas que no me gustan'
Te gustará si te gusta: reírte de ti misme y del prójimo
Escúchalo: Youtube

En una semana en que Irene Montero ha pasado de ser agraviada por VOX a agraviar al PP, Los Punsetes han sacado disco. Y se abre con un tema llamado ‘España Corazones‘ en el que hablan de «las dos Españas». Como poco desde que España es España ambas han estado ahí, pero en los últimos años de crispación política, cada Sesión de Control al Gobierno se ha convertido en un hueso muy duro de roer para el ciudadano de a pie.

El tema de Los Punsetes es un bálsamo para todes, en tanto que una parodia de todo esto sin tomar partido por ninguna de las dos partes. La canción se burla de aquellos españoles a quienes sobra la media España que no le interesa, y así nos luce el pelo. Inconscientemente muchos pensamos «España es lo que a mí me salga de los cojones», cuando la única España que deberíamos aniquilar es «la que no sabe dónde seguir la fiesta». Menos mal que están de vuelta.

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Seis discos después, Los Punsetes continúan siendo Ariadna Paniagua, Jorge García, Chema González, Manuel Sánchez y, tras el abandono de otro bajista hace ya muchos discos, Luis Fernández, dueño del exitoso sello Sonido Muchacho, que por supuesto ha terminado editándolos. La capacidad de resistencia de la estable formación en una industria musical hostil que obliga a cada miembro a mantener su trabajo aparte diario, es la misma que la de la sociedad por fascinarnos.

Y en ella estamos cada uno de nosotros, por supuesto. Hace tiempo que las canciones de Los Punsetes son mejores cuando se dirigen hacia lo peorcito de nuestra propia casa. Entre la agresiva ‘Cerdos’, también sobresaliente y pegajosa en eso de «tus amigos se merecen estar muertos», y ‘Que te vaya mal’ porque «representas todo lo que estorba», y «significas todo lo que sobra», y «te mereces que te haga una cobra»; ‘Cosas que no me gustan’, de gran estribillo, y ‘Hola, destrucción‘ presentan prismas menos habituales. Son sendas parodias de cómo nos torturamos haciendo cosas que no nos gustan, repitiéndonos a nosotros mismos todo lo que no molamos, sin que la sección rítmica deje de dar botes: «Me boicoteo, me censuro, me desarmo, me disuelvo, me comparo con quien no debo», canturrea feliz la última. Parecía imposible hacer de la autodestrucción algo tan divertido.

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El pogo parece el objetivo de la repetición de la estrofa primera al final de ‘Hola, destrucción’, y también el de la aceleración al desenlace de ‘Cosas que no me gustan’, aunque la noticia es que Los Punsetes han huido claramente de lo de siempre en ‘Ocultismo’, un single de 9 minutos en el que se han inspirado, más que en ‘Paranoid Android’ de Radiohead, en ‘Siberian Breaks’ de MGMT, la canción de ‘Congratulations’ que se extendía hasta los 12 minutos.

Puede parecer que han intentado demasiado fuerte hacer algo distinto, pero la grabación y división en partes va adquiriendo sentido, como es normal, en sí misma y sobre todo dentro del conjunto. El tema comienza con furia hablando de arte, fascismo y religión como una canción más de Los Punsetes. Lo típico. Una segunda se regodea en parajes más acústicos y lisérgicos -más MGMT, sí-, hablando de manera más abstracta de cómo nos alimentamos de odio. Una canción-río normal acabaría con las distorsiones en torno al minuto 6, tan de final de concierto. Pero ellos vuelven con una tercera parte en la que no querían repetir nada de lo anterior. Y ahí es el momento de hablar de precariedad laboral pasada por el Autotune en lo que supone toda una rareza en el mundo Punsete. La necesidad de «escapar de este lugar» se corresponde con la música, tan astral.

Tras este corte 7 tan intenso, de incluso crisis existencialista, que además suena poco después de ‘Estratos geológicos’, compuesta por varios tipos de guitarra eléctrica (la twang, la del riff, la tipo PJ) y poco más, Los Punsetes rebajan carga. Este disco no contiene ni 11 ni 12 canciones, sino 10 y las que quedan son tan ligeras como ‘No puedes correr’, sobre unas hostias que se rifan; ‘Un condenado a muerte se ha escapado’, con un protagonismo inusitado de los coros de Anntona; y ‘FOMO’, esa palabra-fantasía que nos obsesiona últimamente, para colmo de ironías. Es una balada como solían entenderlas R.E.M. y Patti Smith.

Esta última letra, más poética, deja el disco suspendido, presto de nuevo a ser escuchado en bucle. Primero, los hitazos. Después, la canción señera de esta época. Finalmente, cierta calma («No esperar grandes cosas / Vivir tranquilamente en algún lugar de la costa»), en su caso no exenta de ciertas piedras en el camino: «¿cuál es el camino más largo hacia este sitio?».

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Fabiana Palladino