Música

Las 40 mejores canciones de Lady Gaga: ‘Poker Face’

Esta primavera, Lady Gaga cumplirá 40 años. JENESAISPOP, probablemente el primer medio español que habló de ella en julio de 2008, es decir, un mes antes de que entrara en el Billboard Hot 100 por primera vez, repasará las 40 mejores canciones de Lady Gaga, a razón de una por día, durante las próximas semanas.

Lady Gaga ha publicado unos 42 singles oficiales según la Wikipedia y este Top 40 será un recorrido por la mayoría de ellos, pero también por «deep cuts» que han servido para definirla como artista. Este repaso servirá para recordar a la performer que nos conquistó en una gala de Miss Universo, desarrolló enseguida espectaculares videoclips y presentaciones en MTV, se diferenció de otras estrellas pop por su querencia por el rock metalero y el jazz, y dejó también algunos momentos vulnerables.

El Top 40 de Mejores Canciones de Lady Gaga ha sido elaborado con los votos de 5 miembros de nuestro staff: Raúl Guillén, Fernando García, Mireia Pería, Jordi Bardají y Sebas E. Alonso. El objetivo ha sido compilar visiones distintas sobre una carrera muy diversa, que ha terminado siendo determinante para otros artistas como Kesha, Ava Max, Kim Petras, Sam Smith o últimamente Chappell Roan. La playlist ya está disponible y se irá actualizando.

‘Poker Face’ es el comienzo de muchas cosas. Es el primer signature song de Lady Gaga (porque después habrá otros). Es su primer videoclip de alto presupuesto, en el que nace realmente Lady Gaga, la superestrella. Y es también el tema que confirma su propuesta como artista visual, aquella capaz de dar una rueda de prensa con la cara completamente cubierta por una máscara. Nos sorprenderá, pero no nos parecerá raro. Empezaremos a entender el personaje.

Nunca olvidaré la observación que hizo Alejandro Sanz -of all people- sobre Lady Gaga, cuando aseguró que no apreciaba el vanguardismo de sus estilismos en ninguna de sus canciones. Saco el tema porque, visto con el tiempo, hoy es tan imposible no darle la razón a Sanz como no reconocer que Lady Gaga ya estaba lanzando clásicos colosales del pop, aunque fuera demasiado pronto para saberlo.

‘Poker Face’ era otra producción de RedOne llena de tartamudeos, pero esta vez sofisticaba la propuesta de ‘Just Dance’, oscureciendo el tono, refinando los sintetizadores e incluyendo un gancho vocal irresistible inspirado en ‘Ma Baker’ (1977) de Boney M. Si ‘Just Dance’ era pop-dance con un punto trash, ‘Poker Face’ era pop-dance con un punto electro, allanando el camino para el feísmo de ‘Bad Romance’, pero sin llegar aún a lo macabro.

‘Poker Face’ es inusual en la discografía de Gaga por su interpolación de un viejo hit, pero también es muy representativa de los pegadizos temas que escribía en esta época, cuando no se complicaba tanto la vida. Contándonos una historia de amor y sexo inspirada en su bisexualidad, Gaga se apropiaba de la expresión «Poker Face» de la misma manera que la palabra «Umbrella» pasaría a pertenecer a Rihanna, unos años atrás. Jordi Bardají

‘Telephone’ mola tanto que 16 años después todavía estamos suplicando una secuela, sugerida al final de su vídeo, 1000 veces rumoreada, que mole tan sólo una décima parte que la primera, o solo un poquito más que ‘Video Phone’. Lady Gaga hizo lo que hacen las personas listas cuando ganan algo de dinero: invertir en crecer. En la cima de las listas dada la aceptación de ‘Poker Face’ o ‘Bad Romance’, la artista se embarcó en una superproducción videográfica de la mano del reputado director Jonas Åkerlund.

‘Telephone’ es un hilarante corto de casi 10 minutos, de temática carcelaria, posterior a ‘Prison Break’, pero anterior al feminismo, la sororidad y el rollo bollo de ‘Orange Is the New Black’. Tarantino, en concreto ‘Pulp Fiction’ y ‘Kill Bill’, es el espejo en el que se mira, sumando la marca de la casa: vestuarios imposibles, algunas de las mejores coreografías que Gaga haya hecho, humor («te dije que no tenía pene», los créditos programados a toda velocidad) y una aparición estelar a cargo de Beyoncé como conductora a la salida de prisión, que forma parte de la historia del pop desde el momento en que salió. El vídeo es una secuela de ‘Paparazzi’, donde Gaga envenenaba a su pareja por intentar asesinarla, por lo que esta otra «road movie» que se abre ofrece esperanza para las mujeres, en contrapunto al desenlace de ‘Thelma y Louise’.

Además de un gran vídeo, ‘Telephone’ es ni más ni menos que la producción más sofisticada e imaginativa que jamás haya publicado Lady Gaga, compartida con Rodney Jerkins, gracias por ejemplo a ese momento en que un teléfono colgado hace las veces de percusión.

Gaga escribió el tema para ‘Circus’ de Britney Spears, pero esta lo rechazó. El tema va sobre el miedo a dejar de pasárselo bien, ya que había dejado de ir a discotecas, como probaba el hecho de que «no hubiera imágenes suyas en clubs borracha». También sobre el «teléfono» como metáfora de la llamada de la creación. Gaga ha contado que tiene una relación difícil con ‘Telephone’ por ese motivo, no porque le parezca mala, sino más bien por lo que le costó escribirla. «Deja de llamar, ya no quiero pensar, he dejado mi cabeza y mi corazón en la pista de baile». Sebas E. Alonso.

Como sucede con muchas canciones icónicas, ‘Just Dance’ fue escrita en tan solo 10 minutos entre Lady Gaga y su productor RedOne. El día que la grabaron, su primera vez en un estudio de Hollywood de esa magnitud, la cantante tenía un resacón horrible. Lo que ella no sabía (o quizá en el fondo sí) es que estaba a punto de cambiar el curso de la música pop contemporánea. Y si esto puede sonar demasiado hiperbólico, realmente no lo es tanto.

‘Just Dance’ fue su primera canción. Un absoluto hit que, aunque no de manera inmediata, pues pasaron 5 meses hasta que llegó al número 1 en Billboard, invadió las radios (y las televisiones) de medio mundo con una autoridad pasmosa. Y llegó en un momento perfecto para propiciar ese éxito. Recordemos que era 2008 y el mundo atravesaba una crisis económica devastadora. Una canción sobre soltarse la melena, que invitaba a dejar los problemas a un lado y disfrutar sin importar nada más, era lo que muchísima gente necesitaba.

¿De dónde había salido esta tía y por qué estaba en todas partes? La respuesta, en realidad, era bien sencilla. ‘Just Dance’ hablaba por sí sola. Desde el primer segundo, esos enormes sintetizadores futuristas te transportan a la pista de baile a la velocidad del rayo. Y casi sin querer, abrían paso una nueva era para la música pop.

Gaga narra una noche ebria en la que, con la vista nublada, la camiseta del revés y sin acordarse de nada, decide que solo le queda bailar a ver si quema lo que sea que se haya tomado. Y lo hace con un poderío vocal que te vende confusión, diversión y picardía como nadie. Además, invita a Colby O’Donis a unirse a ella ¡y le sale bien! Podríamos culparla de iniciar esa insoportable moda de raperos colándose en canciones de divas pop donde no pintaban nada que tuvimos que aguantar los años posteriores, pero no se puede negar que aquí el contraste de voces y el cambio melódico que aporta el artista neoyorkino le sienta de lujo a la producción. Por último, añade el puente, que es puramente Gaga con esos “half psychotic, sick, hypnotic” para culminar por todo lo alto un electropop épico que cambió la vida de la artista, y también la nuestra. Fernando García

Hubo quien intentó acusar a Lady Gaga de “recalentar sus nachos” -lo que en lenguaje offline significa repetirse- cuando lanzó ‘Abracadabra’, el tercer single de ‘MAYHEM’ que parece el primero en realidad. Ella respondió que los nachos eran suyos y que podía hacer lo que le diera la gana con ellos, faltaría más. Pero más allá de ese aburrido debate, lo que quedó claro desde el principio al oír ‘Abracadabra’ es que, con microondas o sin él, los nachos estaban tan crujientes como el primer día. Porque sí, es inevitable pensar en la Gaga vintage cuando uno escucha esos “Abra oo nana, morta oo gaga”, o lo que sea que esté diciendo, pero a la vez, ¿cuándo fue la última vez que una canción suya nos hizo vibrar tantísimo colectivamente?

El tema fue un exitazo, de esos que a la artista hacía tiempo que no le llegaban en solitario. Y qué merecido. Nadie en su sano juicio se quedaría ni quieto ni callado si suena en una discoteca, pues como bien indica el título de la canción y parte de su letra, te hipnotiza como un hechizo. Nocturna y triunfal, ‘Abracadabra’ utiliza todo lo cosechado durante años de carrera para erigirse como uno de los mejores ejemplos del talento de Lady Gaga para hacer música pop hedonista, divertida, emocionante y hasta un poco boba (en el mejor sentido de la palabra). Porque estaremos todos de acuerdo en que «feel the beat under your feet» no es la rima más imaginativa del mundo, pero aquí no suena manida, suena eufórica y urgente. Nadie más podría firmar una canción como esta y que le saliera tan bien. Fernando García.

Lady Gaga tuvo mucha suerte con que sus tres exnovios latinos justamente tuvieran nombres que rimaban: Alejandro, Fernando, Roberto. ¡Qué casualidad! De la gorra se sacó Gaga su “chico latino” particular, solo que ella rechazaba el corazón de todos ellos, convertida en una monstrua incapaz de amar.

Curiosamente, lo más latino de ‘Alejandro’, aparte de los nombres de los chicos mencionados en la letra, y una alusión a México, son las frases que Gaga recita en una especie de español soviético. La melodía de cuerdas inicial recrea una composición en realidad húngara, ‘Csárdás’ de Vittorio Monti, y después la composición y producción de aires synth-pop y europop toman ideas prestadas de Ace of Base y de ‘Fernando’ de ABBA, resultando en una pieza de Gaga y RedOne totalmente “sota, caballo y rey”, pero efectiva.

La idea funciona y ‘Alejandro’ se convierte en otro single icónico del reinado pop de Lady Gaga, persiguiendo a todos los «Alejandros» del mundo durante un breve tiempo. Su videoclip, lleno de imaginería católica, fetish y antifascista, adelanta la oscuridad que definirá la era siguiente.

Aunque Interscope planeaba lanzar ‘Dance in the Dark’ como tercer single de ‘The Fame Monster’, Gaga batalló por ‘Alejandro’ y venció, y en 2017 la Asociación Estadounidense de Psicología (APA) le dio la razón al elegir ‘Alejandro’ como una de las canciones más pegadizas del mundo. Jordi Bardají

‘Paparazzi’ fue el quinto single de ‘The Fame’. Quizás fuera un tanto raro que la tercera mejor canción de ‘The Fame’ tardara tanto en aparecer… o no tanto: porque lo hizo en el momento idóneo. Se convirtió así en la puerta de entrada al exitazo definitivo que supuso la publicación de ‘Bad Romance’ y ‘The Fame Monster’.

No sé hasta qué punto Gaga era consciente, cuando editó ‘The Fame’, de toda la ídem que se le venía encima. Pero es sorprendente que una de las primeras canciones que compuso fuera sobre asedio mediático, como entreviendo ya el reverso tenebroso de esa fama que tanto ansiaba antes aun de conseguirla. Aunque aquí usa el acoso al que los paparazzi someten a las celebridades como metáfora del acoso obsesivo al que se somete a la persona deseada. Gaga es a la vez acosada (como celebridad) y acosadora (como amante). Otra muestra más de lo que le gustaban las canciones sobre relaciones sórdidas y no muy sanas.

Una vez más, Gaga recurre al electro ochentero, con leves reminiscencias a los primeros Depeche Mode e incluso a Hot Chip. Su voz suena particularmente dulce y juvenil, casi inocente, especialmente cuando acomete el estribillo, “I’m your biggest fan, I’ll follow you until you love me, papa-paparazzi”. Uno de los mejores de su carrera, que brilla especialmente tras las estrofas, oscuras y un tanto marciales. Hay en ‘Paparazzi’ una cierta ternura sonora, que contrasta con la chunguez de lo que canta.

‘Paparazzi’ también marca el momento en que Gaga abraza del todo la estética desbordante que va a ser su marca de fábrica. Su vídeo, la primera colaboración con Jonas Åkerlund, es un muestrario de las constantes con las que asociamos a la Gaga imperial: vídeos carísimos y rocambolescos, salpicados de humor negro, feísmo, alteraciones físicas, asesinatos y vestuarios delirantes. La vemos, entre otros, envuelta en brillante armadura, cual robot de ‘Metropolis’ en silla de ruedas. O como la gemela malvada y amarilla de Minnie Mouse, en busca de venganza ante un novio interpretado por Alexander Skarsgård. Un “más es más” que alcanzaría el delirio en las siguientes entregas. Mireia Pería.

El gran himno LGBTQ+ de Lady Gaga es este ‘Born This Way’ que titula su segundo álbum y que es político en varias capas. Gaga reconoce que es su «canción de libertad», vinculándola a la historia de las canciones por los derechos civiles, y la escribe inspirándose en ‘I Was Born This Way’, una canción de Carl Bean, un pastor homosexual, de 1977. La letra es explícita: «Soy hermosa a mi manera, porque Dios me hizo así». Gais, lesbianas, personas trans y minorías raciales (en la controvertida frase «chola or orient made») son interpelados en el puente, construyendo un himno de amor universal.

La frase «My mama told me when I was young / “We are all born superstars”» introduce una canción inmediatamente histórica y que probablemente pretende serlo también, en todo su poderío, y cuyo (vago) parecido a ‘Express Yourself’, de Madonna, desata una rivalidad entre fandoms que alcanza el delirio absoluto. Mientras Gaga asegura que ‘Born This Way’ está inspirada, en realidad, en Whitney Houston, Madonna insinúa su desdén hacia la canción en una entrevista, calificándola de «reductive» y, después, fusionándola con ‘Express Yourself’ en sus propios conciertos.

‘Born This Way’ por supuesto arrasa, alcanzando el número 1 en 25 países y siendo el 7º mayor éxito de 2011, pero también resulta tan polarizante que inaugura la sección «Veredicto» de JENESAISPOP, que continúa hasta hoy. Entonces, las virtudes de la canción (su memorable melodía, su épica composición) son tan evidentes como sus defectos, entre los que cabe señalar el sonido ruidoso y recargado de la producción. Nos costará entender que Lady Gaga nunca será fina y aprenderemos a amarla por ser ella misma.

El videoclip de ‘Born This Way’, dirigido por Nick Knight ,es uno de los últimos grandes eventos de la era YouTube, evocando los grandes lanzamientos de Michael Jackson y Madonna en la época de mayor fiebre de MTV. Rick Genest, el hombre tatuado que aparece junto a Gaga en el clip, murió en 2018 a los 32 años, y Gaga le rindió homenaje en ‘Mayhem’ en la canción que lleva su apodo: ‘Zombie Boy’. Jordi Bardají.

Lady Gaga es una pecadora de la pradera y en ‘Judas’ condensa su tendencia al pecado, representada en su amor al traidor de traidores. “I’m just a holy fool, oh baby, it’s so cruel” resulta un estribillo con altura de himno, en esta canción compuesta por al menos tres hooks muy identificativos que vuelven a recurrir a sus trucos habituales, sobre todo ese post-estribillo lleno de “oh oh ohs” que recuerda demasiado a ‘Bad Romance’.

Puede que el estilo de ‘Judas’ empezara a provocar algo de fatiga ya en el público, pues el segundo single de ‘Born this Way’ quedó lejos de igualar el éxito del primero y de los anteriores, aunque aun así fue un éxito internacional. Pero, en 2011, la saturación de Gaga alcanza su punto máximo, y ‘Judas’, en principio, sonaba reiterativa, repetitiva en su uso del simbolismo religioso.

El eurodance guarro de RedOne nunca sonó adelantado a su tiempo, pero la contundencia de la producción le ha sentado bien a ‘Judas’ con el paso de los años. Hoy por hoy, la canción supera con holgura las reproducciones de ‘Born this Way’, y el lead single del álbum ni siquiera figura ya entre sus 10 canciones más escuchadas en Spotify. ‘Judas’, en cambio, ocupa el quinto puesto y supera los mil millones de reproducciones gracias a su viralidad en TikTok.

Esto quiere decir que Gaga parecía tener razón cuando, en el puente de ‘Judas’, dando voz a María Magdalena, afirmaba hablar el idioma del futuro, y sugería a quien no le gustara que se pusiera un «condón en los oídos». El videoclip, otra locura de la Gaga imperial, está coprotagonizado por el actor Norman Reedus, conocido por su papel en ‘The Walking Dead’. Jordi Bardají

En una imagen del vídeo de ‘911’, un personaje se da de cabezazos contra el suelo. No es Lady Gaga, pero sí es Lady Gaga, pues estamos ante una de sus canciones más confesionales, la que mejor recoge los problemas mentales que ha atravesado la cantante.
La letra es explícita hasta lo doloroso: «sigo repitiendo frases de autodesprecio», «mi estado de ánimo se está volviendo maníaco», «mi mayor enemigo soy yo, llama al 112». Pero también hay lugar para el optimismo: el personaje que en el vídeo se daña a sí mismo, usa un cojín para contener el impacto.

El cojín de la artista han sido los antipsicóticos. En una entrevista con Oprah en 2019, aseguró que le habían «salvado la vida»: «Al principio no comprendía lo que me ocurría, todo mi cuerpo se entumeció. Me sentía disociada. Gritaba y el psiquiatra de emergencias me calmó y me dio olanzapina. Me ayudó a mí, a mi pareja y a mis amigos. Me salvó la vida».

Y eso se refleja también en la letra de ‘911’, que decide plantar cara a las vicisitudes: «ya he escuchado suficientes voces, casi como si no tuviera otra opción». O mejor: «intento estar en lugares hermosos, el paraíso está en mis manos».

Mientras el vídeo está inspirado en la película soviética de 1969 ‘El color de la granada’, la canción es una producción robótica, perfecta para ‘Chromatica’ e ideada junto a Justin Tranter, BloodPop y Madeon. Este último explicó que cambió la melodía del estribillo muy ligeramente y añadió un «breakdown», pero que el espíritu de la canción es el mismo de la demo. Una canción esencial para entender a Lady Gaga, al margen de los números, por otro lado elevada por su situación tras el Interludio II de ‘Chromatica’ en el tracklist, lo que generó todo tipo de memes. Sebas E. Alonso.

Uno de los números 1 globales en Spotify de la pandemia fue este dueto con Ariana Grande que el público llevó al número 1 de Estados Unidos y Reino Unido, pero que también fue un éxito top 2 o top 5 en muchas otras listas oficiales. En una época en que solo podíamos imaginar bailar ‘Rain on Me’ en la discoteca, la canción ofrecía puro escapismo, un refugio de la realidad.

Quizá el público catapultó ‘Rain on Me’ porque se la creyó. Una canción que versa sobre salir fortalecida de los baches de la vida, interpretada por dos mujeres que tanto han sufrido, de diferentes maneras, se percibe auténtica. Y el estribillo «preferiría estar seca, pero al menos estoy viva» no necesita explicación. Gaga y Grande la grabaron tras compartir horas conversando sobre la vida.

Pero la razón del éxito de ‘Rain on Me’ también era musical. Tras el bache comercial de ‘Stupid Love’, donde Gaga se ponía un traje -el de Max Martin- que le quedaba raro, Gaga sonaba más en su salsa subida a esta bailable producción de diva house edificante y liberado que acude a la fuente noventera, inspirándose en cosas como ‘Music Sounds Better with You’ de Stardust, con BURNS y BloodPop al mando de la producción. ‘Rain on Me’ resulta más representativa de lo que ‘Chromatica’ ofrece, puro pastiche 90s muy bien interpretado, personal, autobiográfico, y que une a dos grandes divas que, después de pasar por sendos periodos oscuros y turbulentos, tenían muchas ganas de bailar. Jordi Bardají

Desde los 80 no se había escuchado tanto solo de saxofón en la música pop como en 2011. Tantos fueron los éxitos que incorporaron este instrumento aquel año que Rolling Stone los recopiló a finales de año en un artículo especial llamado “2011: el retorno del saxo”. Ahí entraban desde “Last Friday Night” de Katy Perry hasta temas más desconocidos de tUnE-yArDs o Bon Iver.

El número uno de aquella lista lo ocupaba Lady Gaga con ‘The Edge of Glory’, pero ¿cómo no iba a hacerlo si el saxofón de la canción lo tocaba el mismísimo Clarence Clemons, de la E Street Band? Gaga cerraba así el concepto de una canción que había escrito inspirándose (muy claramente) en Bruce Springsteen.

Pero ‘The Edge of Glory’ adquiriría un significado mayor después: si Gaga la escribió pensando en su abuelo, que había fallecido meses atrás, metaforizando sobre “ese momento justo antes de morir”, el destino querría que Clemons muriese días después de rodar el videoclip de la canción.

Por suerte, ‘The Edge of Glory’ no ha pasado a la historia como una canción triste o deprimente. Al contrario: siempre ha sonado a himno aspiracional y de superación, perfecto para sonar a todo trapo en eventos deportivos o en tus auriculares mientras te pegas una buena carrera sintiéndote Rocky. Gaga tiene la voz perfecta para este registro musical, pero sí: efectivamente, la mejor parte de ‘The Edge of Glory’ era ese épico solo de saxo que terminaba de esculpir un clásico. Jordi Bardají

No parece casualidad que en el Excel de votaciones de este top, confeccionado con los votos de 5 redactores, encontremos ‘Shallow’ y ‘Die With a Smile’ empatadas exactamente a 116 puntos. Ambas tienen hechuras de balada clásica muy similares, solo que el empate lo deshacemos a favor de la segunda porque Bradley Cooper no es Bruno Mars.

El día de salida de ‘Die with a Smile’ hay algo de confusión sobre las tomas vocales del dúo: las voces de Bruno y Gaga están tan bien integradas que a veces hasta parece que uno empieza una frase y el otro la termina. Con el oído acostumbrado a la aportación de cada cual, sobre todo tras la visualización del vídeo que imita una actuación vintage de la tele, es claro que Bruno domina la primera estrofa, Gaga la segunda y poco a poco van armonizando juntos.

La comunión es máxima entre ambos, como si se hubieran propuesto que el dueto durara en listas tanto como debiera durar el amor o tantos años como sumaban entre los dos en 2024. Lo que nos están contando desde luego trasciende la vida: «Si el mundo se acabara, querría estar contigo (…) te abrazaría un instante, y moriría con una sonrisa».

Esbozada por Bruno Mars en 2021 y completada por Gaga junto a Andrew Watt en 2024, la canción de amor sencillamente perfecta es uno de los mayores éxitos de la historia, siendo número 1 durante más de 200 días en el Global de Spotify y batiendo el récord de streams tanto en la discografía de ella como de él. Y sumando. Sebas E. Alonso.

Hay un viejo axioma que reza que a los grandes actores de comedia nadie los toma en consideración hasta que no interpretan algún papel dramático. Algo así le ocurrió a Lady Gaga, aunque hasta la tercera no llegó la vencida. Primero lo intentó con su disco con Tony Bennett, que era entrañable, pero tenía bastante de capricho vintage y de “¡eh, mirad qué bien canto de verdad!”. Luego con ‘Joanne’, que fue un poco quiero y no puedo. Las ideas estaban allí, pero el disco no acababa de entregar la Gaga adulta que prometía.

Pero con ‘Ha nacido una estrella’ acertó de lleno y por partida doble… o triple: no sólo es el éxito que tuvo la música. Su actuación es estupenda: básicamente, ella es quien sostiene la película. Y de paso, se llevó la admiración de muchos que, hasta ese momento, se habían limitado a meterla en el cajón de diva hortera.

Toda la pasión y el sentimiento del personaje de Ally Campana, Gaga lo traslada de lleno a ‘Shallow’. Es de esas canciones que desde el minuto cero ya tienen hechura de hit clásico, de gran canción americana de los setenta, como luego pasó (con mucho más éxito aún) con ‘Die with a Smile’. No sé hasta qué punto la mano maestra de Mark Ronson le ayudó a darle el toque de gracia para convertir ‘Shallow’ en algo memorable. Y de paso, ser número 1 en medio mundo y llevarse un Oscar.

La canción arranca tímida con la parte de Bradley Cooper. Pero en cuanto aparece Lady Gaga, la eleva a la enésima potencia. Un auténtico baladón repleto de sentimiento para romperse la camisa con la intensa y sentida interpretación vocal de Gaga. Viéndola y escuchándola, entiendes por qué Bradly Cooper cayó prendado. Y quién no. Mireia Pería

‘ARTPOP’ me parece horrible. Y espero que a nadie se le ocurra hacerlo objeto de una re-valoración positiva, como ha ocurrido recientemente con ‘Born This Way’, porque es un disco feo, repleto de canciones feas, y no hay por donde cogerlo… Hasta el mismísimo final. Porque hay que esperar hasta el final para encontrar su gran baza: ‘Applause’, que fue su single de lanzamiento. Y no sé si es precisamente su posición la que la hace brillar tanto: después de tanta broza, suena a gloria bendita.

Pero no, no es solo su emplazamiento: ‘Applause’ es un gran tema en sí mismo. Es un EDM bastante elegante con cierto regusto a electro ochentero, de ritmo endiablado, estupendo estribillo… y mejor pre-estribillo (“I live for the applause, applause, applause»).

‘Applause’ habla de que fueron los aplausos lo que empujaron a Germanotta a seguir noche tras noche la gira ‘The Born This Way Ball’, a pesar de que estaba fastidiadísima de la cadera, hasta que no tuvo más remedio que cancelar. Y por eso, a pesar de toda su energía, euforia y autorreivindicación, también contiene un punto de vulnerabilidad. Al final, es otra celebración de la vida y del espectáculo, como ‘Born This Way’, pero más sentida. Mireia Pería

‘Scheiße’ es el pepinazo tecno de Lady Gaga y la gran canción de culto de ‘Born This Way’ (2011). Gaga la escribió tras una noche de fiesta en el Laboratory berlinés, discoteca fetish situada dentro del edificio de Berghain, queriendo expresar su derecho a bailar y sentirse poderosa en la pista de baile sin que los hombres la acosen. El Laboratory es un club gay, y Gaga entró como invitada a una fiesta privada.

«I wish I could be strong without the scheiße» es una frase 100 % Lady Gaga y el grito de guerra de esta canción, que utiliza la palabra «mierda» en alemán de forma polisémica. En la superficie, es una mera expresión de satisfacción parecida a «maldita sea» o «joder». En el fondo, Gaga critica la «mierda» a la que los hombres someten a las mujeres en las discotecas, proclamando su derecho a bailar sin miedo.

Pero ‘Scheiße’ (pronúnciese «scheisse») no es una canción tan seria, como delatan las frases de la letra que Gaga chapurrea en alemán. La producción zapatillera de RedOne convierte ‘Scheiße’ en un proyectil sónico de primera categoría, haciendo un uso magistral de la tensión hasta explotar en un clímax demencial en la parte que podría considerarse el puente.

El poder de ‘Scheiße’ queda plasmado para siempre en una de las mejores actuaciones de la carrera de Lady Gaga. Durante la gira de ‘Born This Way’, Gaga saca a un fan de las primeras filas a bailar con ella la coreografía de esta canción. Se la sabe al dedillo, y resulta un momento épico y electrizante: el típico sueño de un fan que baila la música de su diva frente al espejo, hecho realidad. Jordi Bardají

Cuando salió ‘ARTPOP’, no se entendió. Gaga venía de la estética oscura de ‘The Fame: Monster’ y ‘Born This Way’, y esto no tenía nada que ver. Era un totum revolutum de cosas que te dejaba medio confundido entre kilos de brilli-brilli, mitología, histrionismo y extravagancia. Pero el tiempo pone las cosas en su lugar y ahora, al volver a este álbum, nos damos cuenta de que varias de sus mejores canciones están aquí. ‘Venus’ es, sin duda, una de ellas.

Mediante una producción que pese a ser muy hija de su tiempo ha sabido envejecer de forma inmejorable, Gaga nos transporta a una fantasía kitsch de sintetizadores futuristas y percusiones eléctricas en la que le suplica a Afrodita (o Venus, en su versión romana), la diosa de la belleza y la sensualidad, que le lleve a su planeta, que imaginamos como una suerte de matriarcado idílico. La divertidísima odisea galáctica que aquí se nos plantea está impulsada por una progresión melódica espectacular, por una capacidad para crear un gancho tras otro que abruma y por un puente que ha inspirado e inspirará a generaciones enteras de drag queens por los siglos de los siglos. Orgullosamente recargada y exagerada, el mejor single de ’Artpop’ es un trallazo de electropop sexy y hedonista que en cada escucha te envía la peluca a Marte Venus. Fernando García

Desde 2011, tras un primer disco y su agregado 100% pop, las canciones de Lady Gaga son más complicadas. A veces su encanto consiste en pasar de la irritación a la adicción a base de escuchas: todavía no hemos llegado a ‘Judas’ en este top 40.

Uno de los ejemplos más palmarios es ‘Perfect Illusion’. Se había anunciado que Lady Gaga presentaría disco con colaboraciones en el estudio de productores como Mark Ronson y músicos como Kevin Parker de Tame Impala. Cuando todo el mundo esperaba una especie de ‘Uptown Funk’ de corte psicodélico, ella se sacó de la manga una melodía que solo podía ser suya, en la que la cantante arrincona a cualquier tipo de colaboración. De manera muy visible, en el videoclip somete a Parker a su batería, agarrándole de la cabeza, ambos extasiados por el sonido de ‘Perfect Illusion’.

«No fue amor, fue una ilusión perfecta» es el desquiciado estribillo de esta canción que termina siendo el mejor resumen del peor momento de locura de un desengaño amoroso. Y para muestra esa subida de medio tono final que elogió en redes Charli XCX. Hay ojos en blanco en su también desquiciado vídeo. La artista dice sentir «una descarga de adrenalina cada vez que la escucha», quizá también por la guitarra añadida por Josh Homme, mientras la gente entiende que la letra se dirige a su ex Taylor Kinney. Ella responde: «Quiero muchísimo a Taylor y esta canción no es un ataque contra él […] Es un disco sobre todos nosotros. Nunca usaría mi canción ni querría usar al público para lastimar a alguien a quien quiero tanto». Sebas E. Alonso

‘Stupid Love’ inauguraba la era ‘Chromatica’. Que realmente no era una “nueva” era, sino una recuperación de la Gaga clásica, con bien de brocha gorda, colorido y diversión. Tras toda la seriedad y trascendencia de ‘Shallow’ y, sobre todo, ‘Joanne’, Gaga se sacude el exceso de sentimentalismo de su disco “serio”. Para mí mejor: confieso que empecé a ver el documental del disco homónimo y lo quité a la tercera vez que Gaga rompía a llorar, algo que ocurría ya en el minuto 10, aprox.

‘Stupid Love’, por suerte, es tan “estúpida” como divertida y refrescante. Es intrascendente y una celebración de lo superficial y lo divertido. Si Lady Gaga antaño quería un “mal romance”, ahora quiere “tu estúpido amor”. De hecho, hay una pequeña reminiscencia al monstruoso hit en esos “cause all ever wanted is your love”. No: no es amiga de las relaciones sanas, definitivamente. Gaga colabora con Max Martin por primera vez y se nota, porque todo el tema es un arsenal de trucos y ganchos que funcionan a la perfección: ese inicio tan nórdico (¡hola, Robyn!), los “freak out, freak out!”, los coros apitufados, esos “look at me!”, la pausa pre estribillo… Todo converge en un hit plástico y colorido, un perpetuo subidón cortito y al pie: poco más de tres minutos. Es una canción quizás poco original, pero irresistible.

‘Stupid Love’ es también, vista ahora, un grito a favor de la diversión en un mundo que la iba a perder durante un rato largo: el single se publicó el 28 de febrero de 2020… Mireia Pería.

La canción maldita de la carrera de Lady Gaga. ‘Do What U Want’ fue en principio el mejor single posible para el «rollout» de ‘ARTPOP’. Para la artista era su gran canción de R&B, pero los sintetizadores apuntaban más bien hacia el italodisco de los 80. Algo que Giorgio Moroder hubiera podido producir entre ‘I Feel Love’ y ‘What a Feeling’.

Lady Gaga escribió la canción harta de leer comentarios en la prensa sobre su delgadez, tratando de reconducir la polémica hacia su propia libertad, hacia su propia elección. Escribió el tema después de que DJ White Shadow le pasara unas ideas, y solo entonces contactó con R. Kelly. «He estado viviendo en Chicago y R. Kelly es de allí. Siempre he sido fan, esta es una gran canción de R&B, por lo que pensé en el rey del R&B, en busca de su bendición».

La participación de R. Kelly fue un arma de doble filo. Por un lado, tenía todo el sentido que Gaga le quería dar. Por otro, poco a poco se iban averiguando cosas sobre sus abusos hacia las mujeres. El vídeo con Terry Richardson, a su vez también cuestionado por sus abusos, terminaría siendo cancelado, pese a haber sido anunciado repetidas veces. A día de hoy sigue en un cajón y desde Dazed aseguraron que «lo mejor es que no salga».

El sabor de ‘Do What U Want’ se fue tornando cada vez más amargo a medida que se consolidaba el movimiento #MeToo en torno a 2017. Para cuando llegó el documental ‘Surviving R. Kelly’ en 2019, aquello fue demasiado y Lady Gaga decidió retirar ‘Do What U Want’ de plataformas e incluso de las copias de ‘ARTPOP’ en CD y vinilo que se imprimieran a partir de aquel año. La canción solo sobrevive en la forma de dueto con Christina Aguilera, algo inimaginable cuando los «fandoms» de ambas habían estado en guerra declarada en las redes sociales. A la postre símbolo de sororidad entre artistas femeninas, ‘Do What U Want’ sigue siendo una de las producciones más pulcras, elegantes y mejor encarriladas de la carrera de Lady Gaga, si nos ceñimos a lo musical. Sebas E. Alonso.

Con esta canción abre Lady Gaga su disco más reivindicativo y comprometido con el colectivo LGBTQ+. Abrazar la oscuridad, empezar a aceptarse y aprender a disfrutar. Desmelenarse, quererse, vivir sin miedo. Romper con lo que no te gusta y atreverte a dar el paso a hacer lo que quieres hacer.

Es todo a lo que nos invita ‘Marry the Night’, y no necesita demasiado tiempo para transmitir la euforia de sentirse pleno por primera vez en mucho tiempo en el propio cuerpo. La cantante la escribió en un momento en el que sentía que no encajaba en Hollywood y quería volver a Nueva York y hacer música allí. Así, también puede leerse como una oda a esa ciudad y su vibrante vida nocturna.

Gaga sabía de la importancia de este tema y, pese a ser lanzado como quinto single, no se ahorró absolutamente nada en la producción del videoclip, uno de los más ambiciosos que se recuerdan. Casi 14 minutos de fantasía little monster en los que la artista interpreta a múltiples personajes, desde una interna en un hospital psiquiátrico a una bailarina de ballet, y que no hacen más que añadir más épica a una canción que ya de por sí es un auténtico subidón de adrenalina.

Quizá aquí no encontramos en lo musical a la Gaga más atrevida, pero sí a una artista plenamente consciente de sus virtudes y su valor, que es capaz de convertir una letra que podría resultar trillada en todo un himno de autoaceptación ante el que es imposible no caer rendido. ‘Marry The Night’ es una catarsis de perfección pop al alcance de pocas estrellas. Fernando García.

‘The Fame’ es un debut tan cohesivo y generoso en éxitos que a día de hoy es complicado recordar cuál fue su tercer sencillo y cuál el quinto. ‘LoveGame’, el tercero en unos territorios, y el cuarto en otros, quedó algo eclipsado porque ‘Just Dance’ y ‘Poker Face’ seguían sonando, y después por toda la imaginería que rodearía a ‘Paparazzi’. Pero sigue siendo una de las 20 canciones más escuchadas de Gaga y una de las que cimentaría el sonido de Kesha.

Compuesta evidentemente junto a RedOne, de cuyo electropop tirando a sucio va bien empapada, ‘LoveGame’ tiene su mayor baza en su carácter sexual. Con frases como «got my ass squeezed by sexy Cupid» y sobre todo esa referencia al «disco stick» que ella misma reconocería que se refiere a un pene, solo podía tener un vídeo sensual que terminaría prohibido en algunas televisiones. «Es una de mis metáforas muy meditadas. Estaba en un club, tuve un crush muy sexual con alguien y le dije eso mismo: «quiero montarme en tu palo de discoteca». Cuando actúo en directo, llevo un palo de verdad, es como una herramienta gigante de placer y caramelo, que se ilumina», declaraba con guasa la artista.

Inspirado en algunas secuencias en ‘Bad’, pues Michael Jackson siempre fue un referente estético para Lady Gaga, y exhibiendo en qué consistía aquello de «Haus of Gaga», en este caso apelando al «nazi chic», el vídeo de ‘Lovegame’ es puro sabor dos milero bajo los mandos del imprescindible Joseph Kahn.

Menos recordable es la remezcla de ‘Lovegame’ que hizo Marilyn Manson, incluso con algunas voces de este, aunque termina de probar que el universo de los dos no estaba tan alejado. Sebas E. Alonso.

No se habría entendido el concepto de ‘Mayhem’ si ‘Abracadabra’ hubiera sido el primer single, y por eso ‘Disease’ funciona como “lead” y como apertura del proyecto. Aunque luego en el disco se impondrán las guitarras e incluso cierto poso funky y disco en los ritmos, las producciones trabajadas con nombres como Andrew Watt, Cirkut y Gesaffelstein exploran texturas industriales que ‘Disease’ introduce a lo bestia, llegando al mundo como una apisonadora.

No hablo de éxito comercial, claro, ya que ‘Abracadabra’ se merienda la promoción del álbum, pero ‘Disease’ aún enriquece el mito de Gaga, llevando el sonido sintético de ‘Born This Way’ a un presente más oscuro. Conocidos han sido los problemas de salud de Gaga, físicos y psicológicos, y ‘Disease’ enfrenta ese gigante monstruoso -la “enfermedad”- con amor y synth-pop siniestro.

‘Disease’ no pide permiso para ser una composición chillona, gritona, con Gaga en su faceta más cazallera, y aunque las metáforas de “veneno”, “antídoto” o del “doctor que cura la enfermedad” no son las más imaginativas, ‘Disease’ ofrece drama, épica, ingeniería pop (esos “ah ah” de las estrofas) y breves dosis de asco estilizado, representado en una arcada que probablemente inspira una canción posterior de MØ. Jordi Bardají

Una colaboración entre Lady Gaga y Elton John parecía prometer un baladón o algo similar que hiciera que ambos lucieran sus voces y entregaran un momento tierno y sentimental. La influencia de las «piano ballads» de los 70 en la artista es evidente. Lo que era difícil de imaginar era que ‘Sine From Above’ fuera a ser el «banger» de estratosféricas proporciones que es.

El viaje comienza con un tono misterioso y cinematográfico. “Cuando era pequeña, rezaba por un rayo”, canta Gaga mientras su voz se rodea de una percusión intermitente. Pronto aterriza el beat y suben las pulsaciones. Y de aquí para arriba. La producción se vuelve épica, con un crescendo que no culmina en el estribillo, sino que explota en un pasaje eurodance tan imprevisible como perfectamente integrado.

Justo después llega el gran verso de Elton John aportando una buena dosis de su característica teatralidad («cuando era joven, me sentía inmortal») y demostrando además, que su química con Gaga es eléctrica. Un no parar de sorpresas. Una marcianada que sobre el papel no debería funcionar y, sin embargo, es uno de los arrebatos de genio más impepinables del universo Chromatica. Por si fuera poco, la artista termina incorporando una frenética coda drum and bass que ojalá no terminase nunca. Fernando García.

La obsesión de Lady Gaga con la fama, influenciada por la cultura de los tabloides, es generacional, y su figura sirve de puente entre el final de la era de los blogs y la explosión de las redes sociales. Hoy no sé si alguien como Chappell Roan citaría en una canción el romance entre John F. Kennedy y Marilyn Monroe. En 2011, esa historia inspira ‘Government Hooker’.

Por supuesto, Gaga se la lleva a su terreno, utilizando la figura de Marilyn para transmitir un mensaje de poderío sexual, situándose entre la provocación (“puedo ser todo lo que quieras, siempre y cuando sea tu puta”), la vulnerabilidad (“voy a tragarme mis lágrimas esta noche”) y el humor absurdo (“ay, mi papito”, “iku iku”).

Gaga elige un registro robótico, casi de juguete sexual, para disparar (con perdón) una producción tecno, gélida e industrial que también explora la fluidez de género (“puedo ser chica, a menos que quieras que sea chico”) y que, no en vano, se estrena en un desfile. La voz masculina que jalea en la canción es la de Pete, el guardaespaldas de Gaga en la época, aunque la frase que resume la historia es de ella: “Put your hands on me, JF Kennedy”. Jordi Bardají

En principio, ‘The Fame’ se va a reeditar con tan solo tres cortes nuevos, pero Lady Gaga acaba componiendo un minidisco paralelo, convencida de que las simples reediciones distorsionan el concepto de la obra original. ‘Monster’ es la primera canción que escribe para la reedición y la que inspira la temática de ‘The Fame Monster’: si el primer disco explora el lado bueno de la fama, el segundo se centra en el lado oscuro.

A Gaga le influye la convergencia de “muerte y sexo” que observa en el cine de terror clásico, y ‘Monster’ plasma con claridad su atracción por un “chico malo” que se “come su corazón”, como un zombi en busca de proteína. A la artista le inspira el “miedo a amar algo que no es bueno para ti”. Como la fama.

Valiéndose de los trucos compositivos que construyen la marca Gaga desde el inicio de su carrera -como el tarareo “he ate-ate-ate my heart” o la autorreferencia (en este caso, a ‘Just Dance’ y a sí misma)-, ‘Monster’ es una pequeña cápsula del pop de 2009 que, con sintetizadores electro, melodía chicle y autotune, cristaliza la unión de Gaga y RedOne en esta etapa, antes del monstruo con ruedas que vendría después.

La era ‘ARTPOP’ estuvo marcada por una gestión cuestionable de su promoción, culminando en la cancelación del lanzamiento del videoclip de ‘Do What U Want’, el accidentado segundo sencillo oficial. Esto significó que pasaran siete meses hasta que Gaga pudo promocionar ‘ARTPOP’ con un segundo videoclip, sucediendo al de ‘Applause’.

La propia Gaga dirigió el clip de ‘G.U.Y.’, que, a pesar de su ambiciosa narrativa y elevado coste de producción, resulta excesivo y caótico. Sin embargo, ‘G.U.Y.’ era uno de los sencillos claros de ‘ARTPOP’ y también uno de sus cortes más interesantes en lo conceptual.

La canción explora las dinámicas de poder en la sexualidad, con Gaga afirmando que es «power bottom» y que esto no contradice su feminismo. Las siglas «G.U.Y.» se leen como «tío» en inglés, pero también deletrean «Girl Under You», un juego que refleja la disolución de las jerarquías tradicionales de poder. Gaga explicaba que, en este contexto, ser sumisa puede ser empoderador: «Cuando estás cómoda siendo sumisa, es porque sabes que eres lo suficientemente fuerte y que no necesitas estar arriba para saber que lo vales».

‘G.U.Y.’ explora esa dinámica en composición y producción, pasando de estrofas fuertes y casi desafiantes a un estribillo que rompe con la expectativa de explosión típica del pop, ya que resulta inesperadamente contenido. Gaga produjo la canción junto a Zedd, cuyo sonido EDM era popular en la época, aunque bajo la dirección de Gaga logra amoldarse a su visión pop y femenina.

«No nos equivocamos lo más mínimo cuando asegurábamos, hace casi 10 años, que ‘Million Reasons’ parecía el gran clásico de la era ‘Joanne’. Un disco raruno, fallido, que queda como una suerte de anomalía clasicista en su carrera y que poco después cerraría -de forma más brillante y rotunda- con la BSO de ‘A Star Is Born’. Pero en él refulge este baladón que no puedo evitar conectar con la propia ‘Shallow’, si bien el tratamiento de la producción es más comedido, menos épico, que en el tema estrella de la película de idéntico título.

Su preciosa melodía resulta arrebatadora desde el primer momento, y la artista neoyorquina la acomete con delicadeza, sin excesos ni subidas de octavas impostadas. Germanotta, aunque exhibe su conocida potencia vocal, se somete a ella y no necesita más para embelesar. El clasicismo country de Hillary Lindsey, su co-autora, se percibe de manera muy clara y, aunque la canción va creciendo con la incorporación tenue de piano, guitarras eléctricas, violines y percusiones, el desarrollo del tema es comedido y delicado incluso tras ese puente, después del cual ‘Million Reasons’ se desvanece levemente, como una pluma que cae.

Incluso su letra, que lamenta el sometimiento a la figura masculina -y no solo al de una pareja, sino también a padres o hermanos- que lleva a muchas mujeres a permanecer a su lado por una única razón a pesar de haber «un millón» de ellas para salir corriendo, goza de una atemporalidad deliciosa, que bien podrían haber interpretado Dolly Parton o Mary Margaret O’Hara». Raúl Guillén.

Que ‘Chromatica’ es uno de los discos mejor cerrados de Lady Gaga es algo que prueba que los «featurings» estén tan bien integrados, al servicio de la canción y de la secuencia del disco de Gaga, y no al revés. Aquí no hay Bruno Mars (o Bradley Cooper) que valga.

Es un acierto contar con la colaboración de BLACKPINK, muy simbólica, pues el k-pop está siendo una parte innegable del ADN de la nueva década abierta en 2020, en este caso en un tema de «vibe» noventero. ‘Sour Candy’ tiene un beat primo hermano de ‘Show Me Love’, en verdad sacado de ‘What They Say’ de Maya Jane Coles, solo que retorcido. Se estanca en un momento adrede, dando con uno de los compases más identificables de la elegante producción de BloodPop.

Pese a no promocionarse como debía, ‘Sour Candy’ sumó otro top 20 en UK y otro top 40 en USA, hablando de alguien que parece «ácida» (o «amarga» o «dura») por fuera, pero es dulce por dentro: como las gominolas que inspiran el nombre de la canción. «Desenvuélveme», sugiere la letra. Shygirl y Mura Masa trabajarían en un remix incluido en el interesante ‘Dawn of Chromatica’, en el que también aparecían Charli XCX y Arca, entre muchos otros. Sebas E. Alonso.

El germen de ‘Mayhem’ es ‘Bloody Mary’. Otrora canción de culto de Lady Gaga, pues no se editó como single durante la era ‘Born this Way’ (2011), ‘Bloody Mary’ se convirtió en un éxito tardío para Gaga durante la Navidad de 2022 a 2023 tras su repercusión viral en TikTok. Esto sucedió cuando alguien decidió vincular una versión “sped-up” de ‘Bloody Mary’ con una escena de Jenna Ortega en ‘Miércoles’ bailando (en la escena original sonaba una canción de los Cramps). El viral se tradujo en escuchas, y las escuchas, en el lanzamiento oficial del sexto single de ‘Born this Way’, 11 años después.

‘Miércoles’ contó con Tim Burton en la producción ejecutiva y, durante la era ‘Mayhem’, Gaga cerrará el círculo trabajando con Burton en el vídeo de ‘Dead Dance’ y haciendo un cameo en la segunda temporada de la serie. Que ‘Bloody Mary’ ejerza como tema de apertura del Mayhem Ball Tour simboliza que la historia de ‘Mayhem’ empieza en esta canción.

Pero ‘Bloody Mary’ ya era una estupenda canción antes de hacerse viral. Fusionando synth-pop, drama y cantos gregorianos, ‘Bloody Mary’ profundiza en la imaginería católica que Gaga ya había trabajado en ‘Alejandro’ y ‘Judas’ para construir una historia de amor atormentado inspirada en la figura de María Magdalena, a quien la cantante define como la “novia de la estrella del rock definitiva». “No lloraré por ti, no crucificaré las cosas que tú hagas” ya era un estribillo icónico antes de que la canción sumara 400 millones de streamings de forma -se puede decir- milagrosa. Jordi Bardají

Al final, ‘Mayhem’ solo ha contado con dos singles oficiales, ‘Disease’ y ‘Abracadabra’, y después se ha pasado ‘The Dead Dance’, que ha expandido la era, ya de manera ajena al disco. Hubo una época en que ‘Vanish into You’ pareció optar a tercer single, ya que se viralizó tras el show de Gaga en Copacabana, pero al final nada pasó. La prioridad de Gaga, claramente, ha sido la gira.

Mientras encara el último tramo del Mayhem Ball Tour, que termina en abril, y los fans se preguntan dónde está la supuesta reedición de ‘Mayhem’, hay que subrayar la calidad de ‘Vanish into You’, el mejor tipo de canción disco: glamurosa y decadente. Gaga se desliza sobre la base con la elegancia de una auténtica diva disco. El punteo de guitarra es ultra Chic, pero la melodía recuerda a Grace Jones.

En un disco de temática macabra y siniestra, ‘Vanish into You’ utiliza imágenes fantasmagóricas para construir una canción de amor. «Vanish» significa desvanecerse, desaparecer, como un fantasma, pero también puede referirse a cuando dos personas se funden en una sola. Ambos «vuelan juntos en la noche», ajenos al mundo exterior. Jordi Bardají

No esconde ‘Heavy Metal Lover’ su parecido con ‘Born This Way’, hasta el punto de que la letra incluye una referencia a esa misma canción. Pero ‘Heavy Metal Lover’ no es ‘Born This Way’: no es un himno LGBTQ+, ni pretende ser un single. De hecho, se podría argumentar que ‘Heavy Metal Lover’ cumple el cometido de ‘Born This Way’ mejor que el tema titular, ya que no le dice al oyente que sea libre, simplemente lo es.

‘Heavy Metal Lover’ suena liberada de toda noción de «hit» apostando por la inmersión. Toda la contundencia sintética de la producción empuja al oyente hacia la noche como una corriente implacable. Ahí, Gaga ya está en ‘Mayhem’, solo que en 2011, inmersa en un bareto rockero de Nueva York con olor a «whisky», «perfume barato» y cuero, explorando un erotismo distante, casi robótico.

El clímax llega en el puente «I could be your girl, girl, girl», donde la tensión del estribillo se resuelve en un momento de pop sublime. ‘Heavy Metal Lover’ demuestra el talento de Gaga como creadora de album tracks «de culto», y sus altos streamings la convierten en uno de los no sencillos más reproducidos de su carrera, por encima de singles como ‘John Wayne’. Jordi Bardají

Uno de los singles potenciales de ‘MAYHEM’ que quedaron algo desperdiciados, uno de los que podría haberse crecido con un gran acompañamiento audiovisual como en su momento pasó con ‘911’, es este ‘Garden of Eden’ que llegó a promocionarse como «focus track» el día de salida del largo. Sumó otro top 40 en UK y en el Global de Spotify, así como otra entrada en el Billboard Hot 100, por lo que parece claro que con algún tipo de promo, habría podido llegar más lejos.

Es una canción muy gráfica, sobre una noche ravera, construida junto a Andrew Watt, Cirkut y Gesaffelstein, cuya impronta está muy presente. Estamos ante un regreso a los 2000, ante un tema electroclash primo hermano de cosas como ‘Paparazzi’, pero más oscuro, casi industrial.

La tentación de una manzana envenenada, el mordisco, forman parte de su imaginería, aunque lo que termina de construir la canción es su buen manejo de la melodía en sus diferentes partes: hay un buen pre-estribillo, un estribillo incluso subrayado por un microsegundo de silencio (el que hay antes de «podría ser tu novia el fin de semana, podrías ser mi novio esta noche») y después un gran post-estribillo, muy reminiscente del icónico tarareo de ‘Bad Romance’. Whoah, oh, oh. Sebas E. Alonso.

Todos tenemos un momento en que descubrimos que Lady Gaga tenía más talento del que le queríamos ver. El mío fue escucharla cantar ‘Speechless’ en directo durante el Monster Ball Tour. Gaga sacó vozarrón, tocó el piano de muerte y demostró que esta faceta orgánica tampoco se le resistía.

En su momento, Gaga aseguraba que ‘Speechless’ era la mejor canción que había escrito, quizá porque capta un estilo clásico y atemporal, similar al rock pianístico de Elton John o Billy Joel. Entonces destacaba que ‘Speechless’ había sido grabado con instrumentos en directo, incluida una orquesta.

Ella, por supuesto, toca el piano en esta brava balada inspirada en su padre, al que intentaba convencer de que se sometiera a una operación de corazón, o de lo contrario ya no podrían «hablar nunca más». Joseph Germanotta le había confesado por teléfono que se sentía «listo para morir» y Gaga escribió esta canción en respuesta, tras quedar «sin palabras». Papá Gaga sigue entre nosotros, afortunadamente. Jordi Bardají

‘So Happy I Could Die’ es la penúltima de las canciones del EP ‘The Fame Monster’. Estar sepultada en semejante montaña de hits monstruosos (¡nunca mejor dicho!) puede afectar a su correcta apreciación, hacer que pase desapercibida. Pero no. Es una de esas canciones de llorar en la disco. Es europop dulce, nocturno y amable: exhala aroma de cara B de Pet Shop Boys. Es repetitiva pero no machacona y su estribillo es hermoso. Todo arroja una canción nostálgica y extrañamente triste para lo que era la era triunfal de la primera Gaga. En medio de esa época tan chirriante (brillante, sí, pero también chirriante), destaca de manera especial.

La letra es tremendamente hedonista: Gaga habla de deseo lésbico, masturbación y de pasárselo en grande bebiendo vino en la discoteca, algo que le hace tan feliz que podría morir. Y aunque alguna vez Gaga ha pretendido que la canción realmente habla “del monstruo del alcohol”, del miedo a perder el control, no lo parece. Gaga celebra beber, celebra desatarse. Lo goza más que condenarlo. Aunque a tenor de la melancolía que exuda la canción, en el fondo, quizás, también lo lamente un poco… Mireia Pería

Gaga acude al productor francés Gesaffelstein, conocido por su trabajo en algunas oscuras producciones de The Weeknd, para construir una pieza clave de ‘Mayhem‘ que no se lanza como single pero sí se presenta en directo en Saturday Night Live. Da juego en ‘Killah‘ el grito de terror final, clímax de una canción que habla de asesinar, pero en la cama, con Gaga convertida en una “homicida” sexual y en una “zombi” con ganas de devorar a su presa.

Las imágenes de “demonios” nocturnos, fantasías letales y agujeros hechos con cigarrillos se complementan con una producción totalmente visual que evoca un tugurio lleno de gente y pestazo a marihuana y sudor. Gaga suena entregada a la intensidad de la noche y cuando la producción convierte su voz en un eco de ultratumba, la artista se transforma definitivamente en el demonio de la pista de baile, abrazando el caos sonoro.

Si bien la instrumentación suena influenciada por el glam‑rock y el funk, ‘Killah’ parece inspirarse abiertamente en el trabajo de Blondie, Prince y, sobre todo, en ‘Fame’ de David Bowie, lo cual cerraría el círculo de un disco que se presenta como una vuelta a sus orígenes neoyorquinos. Jordi Bardají

‘ARTPOP’ fue un disco accidentado en su promoción, pero dejó algunos de los mejores «deep tracks» de la carrera de Lady Gaga. En algún momento se barajó como single pero fue finalmente descartado ‘Gypsy’, un tema con madera de himno que suena a final olímpica, lo que tiene su razón de ser.

Gaga se encontraba realizando el ‘Born This Way Ball Tour’, en concreto en el Stade de France de París, cuando empezó a escribir esta canción junto a Madeon. De ahí viene el listado de países y lugares de la «outro» final, pues ‘Gypsy’ habla sobre abrazar su condición de artista de gira, y la vida «gitana» que implica.

«No quiero estar sola para siempre, pero puedo estarlo esta noche», dice mientras parece refugiarse en el escenario y en sus seguidores. Combinando electrónica y guitarras acústicas, y precediendo a ‘Applause’ como penúltimo track, conforma un cierre épico para ‘ARTPOP’. Sebas E. Alonso.

En 2016, Lady Gaga sorprendió al mundo con el lanzamiento de ‘Joanne’, un álbum que bajaba a tierra a su personaje y se mostraba, tanto en su imagen como en su música, más sencilla y corriente que nunca. Y el corazón de ese trabajo no es otro que su corte titular, una balada country cargada de historia familiar sobre el duelo y el legado. Pero pese a lo grave que puedan sonar estos temas, la artista se acerca a ellos con una candidez y una claridad muy bellas.

Joanne era la hermana de su padre, a quien nunca llegó a conocer, pues falleció de lupus a los 19 años. Era artista, pintaba y escribía poesía, por lo que Gaga siempre había sentido cierta conexión con ella (además de compartir nombre, ya que Joanne es el segundo nombre de la cantante). Escribir esta canción era una manera de rendirle homenaje y cerrar un círculo: ahora era ella quien convertía a su tía en poesía.

“Coge mi mano, quédate, Joanne / El cielo no está listo para ti / Cada parte de mi corazón te necesita más que los ángeles” canta en el primer verso, quizá desde el punto de vista de su padre o de algún otro familiar. La letra es directa y simple, pero consigue emocionar gracias a su honestidad y a la expresiva voz de Gaga, aquí despojada de todo artificio. Más de un año después, se lanzó la versión a piano, con la que se alzó con el Grammy a mejor canción de pop vocal. En cualquiera de sus dos versiones, ‘Joanne’ es una canción preciosa, de esas que toda superestrella debería tener en su discografía: un momento íntimo y personal que hace que conozcamos mejor a la mujer detrás del mito. Fernando García

‘The Cure’ es probablemente el gran single “perdido” de Lady Gaga, y también uno de los más olvidados. Es un lanzamiento totalmente inusual, ya que se trata de un single publicado de forma independiente, sin estar vinculado a ningún disco, estrenado en Coachella y lanzado en plena era de ‘Joanne‘ (2017), que había salido seis meses antes. Para colmo, se desmarca del estilo country de ese trabajo para sumarse a la moda del pop tropical de la época, recordando a éxitos como ‘Sorry‘ (2015) de Justin Bieber. Gaga escribió ‘The Cure’ justo después de actuar en la Super Bowl LI, queriendo acudir a la creatividad para afrontar todas las “cosas horribles que están sucediendo en el mundo”.

‘The Cure’ no es la canción más distintiva de Lady Gaga, como demuestra el silbido de su estribillo, pero merece ser recordada porque es una de sus composiciones más positivas y luminosas. Escrita en torno a la tópica idea de que el amor lo cura todo, se rumorea que Gaga la compuso inspirada en su querida amiga Sonja -entonces enferma de cáncer y que moriría meses después-, y que era en ella en quien pensaba cuando, en la letra, ofrece su amor como cura. Sin embargo, el mensaje es lo suficientemente universal como para que, durante un breve momento, ‘The Cure’ llegara a ser la canción más reproducida de Gaga en streaming, superando a ‘Million Reasons’. Aún quedaban algunos clásicos por llegar. Jordi Bardají

«Y se hizo el «bang bang». Así de sencillo era el estribillo de ‘Beautiful, Dirty, Rich’, que solo necesitaba esa onomatopeya y la repetición de su mismo título para resultar totalmente adictivo. Gaga compuso el tema inspirándose en el sonido de los Scissor Sisters durante su etapa como artista emergente en el Lower East Side de Nueva York, donde solía observar a sus amigos pedir dinero a sus padres por teléfono para después gastarlo en drogas. De ahí la pegadiza rima «daddy I’m so sorry, I just like to party» que precede al coro.

Aunque la cantante reconocía haber consumido drogas también, tenía muy claro el mensaje de la canción, que resume la filosofía de ‘The Fame’: cualquier persona puede sentirse «hermosa y asquerosamente rica» si se lo propone. Escrita sobre un arreglo más funk que disco, con cierto aire a Prince, ‘Beautiful, Dirty, Rich’ se barajó como segundo single de ‘The Fame’, pero finalmente quedó como artefacto promocional, y su videoclip oficial, visto hoy, resulta toda una curiosidad. Jordi Bardají.

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Publicado por
JNSP
Tags: lady gaga