Ya le tocaba. Paul Thomas Anderson acumulaba 4 nominaciones a Mejor dirección (14 si sumamos guion, dirección y película). Su caso era enormemente llamativo: un cineasta estadounidense, californiano, que ha ganado los premios más importantes del cine mundial (Cannes, Venecia y Berlín), menos el de su país, el que se concede al lado de su casa. Es como si Almodóvar no hubiera ganado nunca un Goya.
Pero, claro, si entramos en el terreno de los “debes”, también se podría decir que Hollywood le debe un Oscar a un cineasta negro. Ninguno lo ha conseguido como mejor director. Ni siquiera cuando sus películas lo ganaron: ‘12 años de esclavitud’ (Steve McQueen, 2013) y ‘Moonlight’ (Barry Jenkins, 2016). Si no fuera porque las dos favoritas de este año, ‘Una batalla tras otra’ y ‘Los pecadores’, son de Warner, ya me imagino qué tipo de batalla se hubiera planteado en la carrera por los premios.
Obviamente, si hacemos las valoraciones desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, artístico, estaba claro que Ryan Coogler debía “hacer pasillo” a Anderson: aplaudir y esperar su turno. Ya le llegará. Y es que, al lado de la extraordinaria ‘Una batalla tras otra’, cualquier película del año pasado parece un vídeo grabado por un mono.
Si preguntamos a cualquier cinéfilo (no digamos ya a historiadores del cine) por los directores más importantes de la historia del séptimo arte en Hollywood, los más influyentes, quienes más han hecho avanzar su lenguaje y su poética, seguro que aparece alguno de estos cuatro nombres (por no decir los cuatro): Alfred Hitchcock, Orson Welles, Stanley Kubrick y David Lynch.
Pues bien, ninguno tiene un Oscar como mejor director. Atendiendo al contexto de la época, se puede entender lo de Hitchcock (la consideración de su cine fue tardía, durante mucho tiempo fue solo “el mago del suspense”) y lo de Welles (tras ‘Ciudadano Kane’, fue, muy a su pesar, un outsider en Hollywood). ¿Pero Kubrick, que fue nominado cuatro veces y perdió frente a Carol Reed por el musical ‘Oliver!’ (1969), el mismo año de ‘2001: Una odisea del espacio’? ¿Y Lynch? ¿Un cineasta tan personal e influyente para el audiovisual contemporáneo cuyo su apellido se ha convertido en un adjetivo?
Los cuatro murieron sin ver reconocidos sus logros por la Academia (aunque todos fueron nominados, por lo que sus colegas de profesión sí tenían claro su talento; hay que recordar que las nominaciones solo las votan cada gremio, no así el Oscar). Y no van a ser los únicos.
Peter Weir, retirado del cine desde 2010, se irá a la tumba con un mísero Oscar honorífico. Si repasamos su filmografía, no damos crédito. Aunque, si vemos con quién competía en sus mejores años -Peter Jackson, Steven Spielberg, Oliver Stone-, se puede entender.
El octogenario Terrence Malick sigue en activo. Tiene pendiente el estreno de ‘The Last Planet’, su película sobre la vida de Jesucristo. ¿A la última será la vencida? (Que le dieran el Oscar a Hazanavicius el año de ‘El árbol de la vida’ es de traca). Al menos se irá con dos Palmas de Oro en Cannes, eso sí.
Peor es el caso de otro octogenario: Brian De Palma. El autor de ‘Carrie’, ‘El precio del poder’, ‘Los intocables de Eliot Ness’, ‘Atrapado por su pasado’ o ‘Misión imposible’, por mencionar solo sus títulos más populares, nunca ha sido ni siquiera nominado.
Alexander Payne (nominado por ‘Nebraska’, ‘Los descendientes’ y ‘Entre copas’), Gus Van Sant (‘Mi nombre es Harvey Milk’ y ‘El indomable Will Hunting’), Wes Anderson (‘El Gran Hotel Budapest’), Richard Linklater (‘Boyhood’) o Spike Lee (‘Infiltrado en el KKKlan’), por poner solo algunos ejemplos de autores consagrados que ya han sido nominados, siguen esperando su turno.
Pero, entre todos, hay dos casos particularmente llamativos, a la altura de Paul Thomas Anderson. El primero es Quentin Tarantino. Como ha ganado dos Oscar al mejor guion original (‘Django desencadenado’ y ‘Pulp Fiction’) parece como si ya lo hubiera ganado como director, pero no. Ninguna de las tres veces -‘Érase una vez en… Hollywood’, ‘Malditos bastardos’ y ‘Pulp Fiction’- lo consiguió.
El segundo es aún más sorprendente: ¿cómo es posible que David Fincher, uno de los mejores directores del Hollywood de los últimos treinta años, nominado tres veces (‘Mank’, ‘La red social’, ‘El curioso caso de Benjamin Button’), no haya ganado todavía un Oscar? Es más, ¿cómo es posible que Danny Boyle (‘Slumdog Millionaire’) y Tom Hooper -¡Tom Hooper!- (‘El discurso del rey’) se lo llevaran compitiendo contra él? Este año estrena ‘The Adventures of Cliff Booth’. ¿No sería una curiosa paradoja que lo acabara ganando por una película escrita y producida por Tarantino?