Recientemente la taquilla española ha vivido su mejor abril en 7 años gracias a la coincidencia de dos blockbusters de vocación ultra pop: ‘Michael‘ y ‘El diablo se viste de Prada 2’. Los dos están gustando al respetable, es evidente. Pero los dos podían haber sido mucho mejores con muy poco esfuerzo. Uno, reconociendo desde el principio que es el primer capítulo de una miniserie. Y el otro, con un equipo de guionistas más imaginativo.
La contraposición entre el pérfido personaje de Meryl Streep, inspirado en Anna Wintour, y una ingenua Anne Hathaway fue convirtiendo ‘El diablo se viste de Prada’ en un clásico de las comedias del siglo XXI. 20 años después, el director David Frankel reúne a los personajes en plena crisis de periodismo a nivel mundial.
La cinta hurga en la herida del papel, que ya no es lo que era, e incluso de los digitales, algunos también en vías de extinción. Lo más divertido de ‘El diablo se viste de Prada 2’ es el reflejo de cómo han cambiado los tiempos y el «eye rolling» con que la malvada Miranda Priestly los recibe. ¿Por dónde se pasan los viejos responsables de una revista de moda el lenguaje inclusivo? ¿Era «body positive» o «body negative»? No, no han podido volver las riñoneras. De ninguna manera.
La química entre personajes antagónicos sigue ahí y por eso la película está funcionando igual de bien, porque mantiene intacta su temática principal: la necesidad de aprobación ajena, de validación de alguien que admiramos.
Menos funciona ‘El diablo se viste de Prada 2’ cuando pretende parecerse demasiado a la realidad actual. ¿Qué hace Miranda viajando en turista, solo porque no le paguen el viaje desde su revista? ¿Pero no es millonaria por sí misma? Las incongruencias fantásticas ya han despertado ampollas entre los profesionales de la moda. ¿Qué muestra la película de una redacción? A Andy Sachs sin hacer ni el huevo, cual Carrie Bradshaw en plan «jo, tía, qué escribo esta semana que se pueda viralizar». ¿Cómo es la realidad? Una redactora haciendo 6 artículos y 2 vídeos para redes, por día, a ver si con alguno pudiera sonar la flauta.
Tampoco está muy ágil el principal conflicto que plantea esta continuación de la saga. En la trama romántica de Andy Sachs, mejor ni entrar: es tan ridícula y anacrónica que parece Sandra Bullock en ‘Mientras dormías’. Me refiero a quién terminará dominando la revista en tiempos de debacle. En algún lugar de la trama hay una pulla al ansia por el poder mediático de todos los Jeff Bezos de turno, solo que incapaz de generar ningún tipo de tensión. El conflicto ya era muy poco atractivo en la primera parte, si es que lo había en absoluto, pero después de las luchas de poder vistas en ficciones tan vibrantes como ‘Succession’ o ‘House of Cards’, es evidente que lo que aquí se cuenta no requiere de 120 minutos. Cabe en 85, y de sobra.
Claro que en 80 minutos no caben cameos de Donatella Versace, Marc Jacobs, Heidi Klum, Jon Batiste, Ciara, Naomi Campbell… y además canciones de Dua Lipa (con una ‘End of an Era’ que sale muy reforzada), Madonna, SZA, RAYE, Olivia Dean, Miley Cyrus & Brittany Howard, The Marias y muchos más.
La gran protagonista en ese sentido es Lady Gaga, cuyo cameo es uno de los mejores momentos del filme. No tanto sus canciones, hasta 3, y una de ellas por duplicado. La idea de que ‘Runway’ -su tema con Doechii- fuera el nuevo ‘Vogue’ aprovechando que la película se inspira en la revista Vogue, que en la cinta se rebautizaba como «Runway», era un juego de espejos de lo más coqueto. Pero al final lo más coqueto ha sido el videoclip estrenado fuera de la gran pantalla. Duele ver a Bruno Mars en los créditos de este tema. ¡Si Gaga lo hizo muchísimo mejor sola en ‘Replay’!
