Cuando Laura Marling y Emma-Lee Moss dejaron Noah And The Whale para dedicarse a sus propias carreras en solitario, no parecía haber mucha distancia entre ambas, ni en estilo ni en potencial comercial. Sin embargo, hoy Marling cuenta con tres álbumes que le han valido la admiración de músicos y fans de todo el mundo, respetada como cantautora folk en el sentido más estricto del término. Emma-Lee, bajo el alias artístico Emmy The Great, no ha gozado del mismo apoyo. Tras desavenencias con managers y sellos, tuvo que autoeditar la continuación a su debut ‘First Love‘ con ayuda económica de sus fans, publicando al fin ‘Virtue‘ el año pasado. Casi desde el principio, un halo de ligereza e intrascendencia parece perseguirla en contraste a la seriedad y gravedad que transmiten los dos últimos álbumes de Marling, y eso la ha dejado atrás en su hipotética competición. Pero prestando atención a este último álbum esto resulta, a todas luces, injusto. Y despreciar sus presentaciones en nuestro país de esta semana (jueves 26 de enero en el Teatro Lara de Madrid, viernes 27 en Café Pop Torgal de Ourense, sábado 28 en el Auditorio Concello de Vigo y domingo 29 en Barcelona, dentro del ciclo Caprichos de Apolo), un error.
‘Virtue’ está inexorablemente marcado por la ruptura de Moss con su prometido poco antes de que se celebrara su boda, después de que él decidiera convertirse al cristianismo y, en pos de su religión, acabara por dejar a su novia plantada para perseguir un destino virtuoso. Lógicamente, eso sumió a Emmy en una profunda crisis personal, en la que persiguió en libros de teología las razones que pudieron llevar a su pareja a tal transformación. Este drama está, lógicamente, reflejado en las diez canciones producidas por el veterano Gareth Jones (Depeche Mode, Wire, Erasure). Pero su reminiscencia va más allá de la postura lastimera y exhibicionista, pues ha servido a Moss para escribir sobre el rol femenino en la sociedad, la literatura y la religión, resultando más un tratado de feminismo universal que un ejercicio de autocompasión. Al menos, la mayoría de las veces.
Vaya por delante que el efecto que provoca ‘Virtue’ no sería el mismo si hubiera recurrido de nuevo al encorsetado pop folkie de su debut, y que resulta fundamental la variedad de recursos desplegada en cuanto a los arreglos que visten las canciones, bonitos y sofisticados, en una primera mitad magnífica en la que no solo destacan los singles ‘Iris‘ y ‘Paper Forest (In The Afterglow of Rapture)’ y que la aparta definitivamente de la etiqueta folk para abrazar un pop más heterodoxo. La segunda parte del disco (con la excepción de la vibrante ‘Sylvia’) adolece de cierta falta de ambición en ese sentido, y eso supone un lastre para el conjunto. Sin embargo, parece justificado cuando uno repara en que esas son las canciones más confesionales y personales de todas.
Su ya demostrado ingenio lírico está empleado en ‘Virtue’ en analizar esa mencionada peripecia personal y su papel en ella, buscando símiles con figuras de la mitología griega como Iris o Casandra y, cómo no, bíblicas como Eva. Las referencias al Evangelio son continuas, apuntando especialmente al papel sumiso que el cristianismo ha otorgado tradicionalmente a la mujer, poniendo de relieve su hipocresía y absurdidad a modo de venganza. También hay referencias a Sylvia Plath, un fantasmal oráculo al que Emmy realiza las mismas preguntas que la poetisa se hacía («si esto es la vida, ¿por qué siento que estoy soñando?»), exponiendo su humanidad por encima de su disfraz artístico en la frase «si el personaje se equipara al destino, entonces no soy grande (great)». A modo de ajuste de cuentas, el álbum se cierra con dos canciones que aluden de manera directa a su ex pareja. En ‘North’ expone su inútil empeño en comprender y acceder a la fe de él, mientras que en la conmovedora ‘Trelick Tower’, con solo un piano como acompañamiento, Emmy cierra página ironizando (se denomina como la reliquia de aquella relación), aludiendo a la ascensión a los cielos de su ex amado («algo sagrado solía amarme, algo sagrado solía tocarme»).
Calificación: 7,5/10
Lo mejor: ‘Paper Forest (In The Afterglow Of Rapture)’, ‘A Woman, A Woman, A Century Of Sleep’, ‘Iris’, ‘Trelick Tower’.
Te gustará si te gustan: Carole King, Slow Club, Laura Marling.
Escúchalo: Spotify




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Don Lennon (1999): Una genialidad autorreferencial: a Don Lennon no se le ocurre otra cosa que hacer un segundo disco que va sobre… su primer disco. Y, bueno, en mayor medida, sobre la época en la que lo publicó y, en cierta manera, sobre él mismo.
Downtown (2002): Si bien los dos discos anteriores estaban publicados por el misterioso sello Martin Philip (que tiene toda la pinta de ser su propia discográfica), este fue editado nada menos que por Secretly Canadian en lo que bien podría haber sido su salto a la fama (llegó a recibir buenas críticas en
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