Esto que veis aquí no es ninguna muestra de calzados para gente con problemas en los pies ni lo último en moda infantil: se trata de tres piezas de la primera colección de Manolo Blahnik para hombre, que lanzará a comienzos de 2008. Cuando Louboutin y Jimmy Choo se están empezando a comer el mercado del zapato de lujo y el pobre Manolo está camino de convertirse en una vieja gloria de la moda, el genio zapatil contraataca con esta línea masculina que, al menos llama la atención, pero que decepciona enormemente.
Para empezar, ¿qué hombre se pondría estos modelitos? Los manolos tienen un precio medio de unos 700 euros, de manera que habría que empezar a pensar en señores muy ricos. Evidentemente, Amancio Ortega, Emilio Botín o Donald Trump se ajustan a este perfil pero no les veo mucho con esta estética tan… indescriptible. Pensemos en alguien más modernito y también millonetis; Brad Pitt, George Clooney, Tom Cruise, David Beckam. Tampoco les veo calzando estos inventos. Ni siquiera en la categoría de innovadores (hermanos Cashiraghi, Stavros Niarchos) podrían encajar las nuevas creaciones de Manolo. Entonces ¿quien las puede llevar? Nadie, me temo.
El problema radica en que su diseño es absolutamente imponible y no se enmarca en ninguna tendencia, estilo ni nada. Esta deformación del zapato Oxford (el azul) de toda la vida desde luego que es diferente al original, pero a ver quién es el listo que se presenta en su sede del Rockeffeller Center con los calcetines negros asomando por la puntera. Tampoco me imagino a ningún actor recogiendo un Oscar ataviado con los otros Oxford rojos. Como mucho, a Jesús Vázquez con las sandalias leopardinas, pero poco más.
Hay dos noticias en este post: que Manolo Blahnik presenta su primera colección para hombres y que ha hecho los zapatos masculinos más feos de la historia. Nada, que Sarah Jessica Parker puede dormir con sus manolos pero Saroh Jessico, salvo que sea un clown o un mimo de las Ramblas, no.




Los rumores ya están en la calle y las fotos también. Al parecer el pasado sábado se ha visto a 

Cuando te enteras de que Burial prefiere mantener su identidad en secreto, las cábalas por averiguarla te llevan, claro, por teorías de lo más peregrino. ¿Será en realidad Aphex Twin? ¿El proyecto culto de Moby? ¿El proyecto oculto de La China Patino? Lamentablemente la idea número dos de todo artículo de Burial aclara que es un personaje anónimo y que prefiere seguir en ese anonimato: no hace giras ni sesiones de dj ni de fotos en las que se le vea bien y, entrevistas, contadas con los dedos de las manos. Su MySpace es un desastre, además, y su página web, si existe, está bien escondida.




El año pasado nos sorprendía un joven de Nuevo Mexico, Beirut, o lo que es lo mismo, Zach Condon, con uno de los discos más singulares de los últimos años: sonidos de orquesta balcánica, hechos por un americano. Desde el momento en el que lanzó su disco no descansó, con una gira bastante extensa que le llevó por Estados unidos y Europa (




Okkervil River, sexteto de Austin (Texas) liderado por Will Sheff, logra con ‘The Stage Names’ un verdadero hito en su carrera (y quién sabe si también en el rock de esta u otras décadas): musicalmente, apartándose un tanto de la faceta más oscura y de raíces que les había caracterizado hasta el momento, la banda muestra una cara mucho más festiva y certera en las melodías, haciendo un rock acústico con un puntito punk, majestuosamente arreglado por el habitual Brian Beattie y Jim Eno (de sus vecinos 
No se me ocurre otro grupo ahora mismo que me suene tan fuera de onda como The Tough Alliance. Aunque metidos en la 


Con todo esto de que estamos preparando las listas del año, al final terminas como loco escuchando todos esos discos que tenías pendiente y claro, terminan saliendo algunos de hace varios meses. Habréis notado y seguiréis notando en los próximos días un desfase aún mayor del habitual entre el día que vivimos y el día del que hablamos, por este motivo.

Todavía me cuesta un poco centrarme en lo nuevo de Bright Eyes (y eso que lo publicó a principios de año, que vaya tela) pero ya sólo por la carrera de este chico, merece la pena comentarlo. Hay que recordar que nuestro querido Connor Orbest se enganchó a todas las drogas habidas y por haber en el momento en el que más despuntaba su carrera, y que luego se pasó un tiempo en Cassadaga, un campo espiritual de Florida, para ver si mejoraba un poco. De esa época anterior, es fácil recordar canciones como ‘Hit the Switch’, del álbum ‘Digital Ash in a Digital Urn’ (luego estaba el otro, más folkie, ‘I’m Wide Awake, It’s Morning’), donde coqueteaba con la electrónica y soltaba perlas del tipo «and in the middle of drinks, maybe the fifth or the sixth / I’m completely alone at a table of friends / I feel nothing for them. I feel nothing, nothing».


Hace unos meses os anunciamos la publicación del disco de 
X (2007): La incógnita se soluciona. Y de qué manera. Mucho miedo me daba la ecuación (Kylie + Cáncer), ya que cuando una cantante pop se pone ñoña, la X resultante suele ser igual a aberración musical. Pero parece ser que a ella no. La enfermedad de la australiana, en lugar de inspirarle un trabajo de odas cursis a la vida, ha revitalizado sus ganas de hacernos bailar con un disco variado que, como una tarta de varias capas, puede degustarse escuchando el total de las canciones o bien, en el caso de que algún sabor-estilo te dé ganas de vomitar, puedes retirarlo con la cuchara y comer sólo lo que te gusta. Y es que esas son las ventajas de los álbumes tipo ‘X’: con tanta mezcla, es raro que algo no te atrape.