Marlango en Conde Duque

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Marlango en Conde Duque

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El patio central de Conde Duque contaba ayer con la actuación de Marlango dentro de la programación cultural de Los Veranos de la Villa de Madrid. Con bastante puntualidad aparecieron en el escenario Alejandro Pelayo, Óscar Ybarra y Leonor Watling junto a sus colaboradores bajo la melodía del inicio de ‘Automatic Imperfection’, bautizando así un concierto que superó con creces todas mis expectativas. Después de verles en la promoción de su primer disco puedo decir que han mejorado muchísimo en directo. Se les ve todavía algo inexpertos pero cada vez más seguros en lo que hacen y más reafirmados en esa fusión pop-jazz que les hace ser «los raros del cartel» concediéndoles tanto el amor incondicional de sus admiradores como la repugnancia de sus detractores.

Leonor, como si de una muñeca que de pronto se queda sin cuerda y al momento alguien vuelve a activar, se movió graciosa sobre el escenario. Primero con un look informal: vaqueros, camiseta blanca y unos tirantes negros (accesorio ahora tan de moda) y después con un elegante vestido rojo que quizá desentonara con el ritmo guitarrero que fue adquiriendo el repertorio, pero que se le perdona porque está preciosa se ponga lo que se ponga.

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Se centraron principalmente en los temas de su último disco ‘Automatic Imperfection’. Emocionante fue la melodía silbada por el público en ‘Pequeño Vals’ o la interpretación de ‘Shake the Moon’ con ese susurrado «squeeze the universe between your fingers» tan bien llevado al plano dramático. No faltó ‘Enjoy the Ride’ o ‘Madness’ entre los éxitos de su primer LP. Una vez más, versionearon ‘Semilla Negra’ de los hermanos Auserón y un estremecedor ‘Vete’, original de los Amaya, que consiguió arrancarme las lágrimas (a partir de ahora, la rumba original que todos conocemos para mí ha dejado de existir), ¡bravo! Aunque hubo algún momento también que me dejó fría, como ocurrió hacia la mitad de ‘My Love’ que terminó en un desvarío de guitaras que no llegué a comprender. En el primer bis, un fresco ‘The Beat Goes On’ consiguió que todos nos moviéramos en nuestros asientos.

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Dos horas de concierto, dos retornos al escenario después de decir adiós, tres sentidas y agradecidas despedidas… En general, estuvieron todos bastante correctos y acertados. Resultó un concierto bonito, algo meláncolico, pero perfecto para una noche de verano como la de ayer en la que, a falta de esa lluvia que tanto necesitamos, disfrutamos de una luna brillante en una atmósfera de ésas que le hacen a uno reconciliarse con el mundo. 8

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