‘Ma Ma’ o cuando las buenas intenciones no son suficientes

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‘Ma Ma’ o cuando las buenas intenciones no son suficientes

pe-cruzPodría parecer que estábamos esperando con las antorchas en alto a que este momento llegara. Que hiciera lo que hiciera, la pira bajo los pies de Julio Medem iba a arder sí o sí nada más estrenar su película. Que estábamos deseando verle caer porque bueno, es lo que toca. Que le tenemos manía. Alguno habrá que sí, desde luego, pero no el que escribe estas líneas. ¿Cómo explicar entonces que no hay inquina, sino pena, cuando tienes que reconocer que ‘Ma Ma’ se queda lejos de ser el peliculón que deseabas?

Sobre el papel la idea era muy atrayente y el combo Medem+Cruz, necesario. A Penélope le venía bien porque necesitábamos verla ya en el cine español fuera de esa zona de confort que le produce estar bajo las órdenes de Almodóvar, el único al que últimamente ha hecho caso. A Medem, contar con el apoyo de la mayor estrella de cine que ha parido este país era justo lo que le faltaba para volver por la puerta grande para recuperar lo que un día fue suyo.

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Pero en las parejas, ya sean profesionales o amorosas, nada es igual para ambas partes. Uno de los dos siempre gana. Y en este caso es Penélope la que más rédito ha sacado de esta asociación entregándonos un papel desgarrador que no solo sale indemne de algunos de los bretes en los que le pone Medem, sino que además mete directamente a esta Magda en el podio de sus grandes interpretaciones al lado de la Macarena de ‘La niña de tus ojos’, la Raimunda de ‘Volver’ y la Maria Elena de ‘Vicky Cristina Barcelona’. De hecho, como ya pasó en el filme de Woody Allen que le dio el Oscar, solo por verla a ella ya se justifica pagar una entrada para ‘Ma ma’.

El problema es que casi nada a su alrededor está a la altura. Aunque no parece culpa del resto de compañeros de reparto, que defienden como mejor saben lo que le toca (Luis Tosar, al menos al principio cuando recibe una noticia que le cambia la vida, te pone los pelos de punta), sino de un director que no solo huye de toda lógica sino que parece haberse quedado anclado en el pasado. Medem no sabe salir del bucle en el que se ha quedado atrapado y a su realismo mágico se le ve el truco. Y ojo, que no es un problema de autohomenajes, como le preguntábamos hace unos días, sino de un lenguaje y un estilo visual que simplemente se ha quedado antiguo. Hay muy buenas intenciones detrás de esta película, doy fe. Pero por desgracia con eso esta vez no basta. 4.

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