Mykki Blanco improvisa 4 escenarios en el viernes del FIB, jornada liderada por La Casa Azul

Por | 15 Jul 17, 15:42

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“¿Dónde está Mykki Blanco?”, era la pregunta que cabía hacerse a las 20.30 frente al escenario en el que tenía que actuar el artista en la segunda jornada del FIB. Después de más de 10 minutos de technazo, el artista finalmente apareció sobre las tablas, y mientras su DJ pinchaba bases cercanas al techno, al urban y al sonido Mad Decent, Mykki escupía sus letras ultra concentrado, portando una suerte de minifalda y pelucón, que parecía que iba a ser una parte decisiva del espectáculo… pero no.

La parte decisiva del espectáculo era el propio Mykki Blanco. Aquí a nadie le importaba qué cantaba o qué dejaba de cantar, qué llevaba puesto o qué no. Tirando por lo performativo, se tiró al público, pidió formar un círculo a su alrededor en el que pudiera actuar, se subió a una plataforma en la que la gente estaba sentada y bebiendo, ocupó el motel que protagoniza el escenario South Beach, se hizo con un contenedor de reciclaje y lo empujó mientras el público (medio millar de personas) le perseguía allá por donde iba… largo etcétera. Una vez de vuelta al escenario de verdad se valió del globo gigante y pesado que la gente lanzaba de mano en mano, y así. Una risa continuada durante 40 minutos en la que no pudimos parar de admirarle, aunque parece que el que peor lo pasó fue él: hubo un momento en que el micro no alcanzó a donde quería llegar en el recinto y sus últimas palabras fueron de cabreo: “Mi show requiere de 2 micrófonos, ¿vale?”. Un grande.

“Yo no me voy a Temples” fueron las sabias palabras que una compañera me dijo mientras presenciábamos atónitos el singular show de Mykki Blanco. No era una opción largarse de allí, pero había tiempo de ver la mitad del set de la banda al término de Blanco. Preciosa y muy coreada esa joya llamada ‘Mesmerise’, en un concierto correcto en su recreación psicodélica, que algunos fans celebraron cantando todo de pe a pa (y con peinados muy parecidos a los de estos artistas).

Parecía que no había españoles el jueves en Benicàssim entre Ride y Stormzy, pero aparecieron bastantitos en el concierto de Joe Crepúsculo. El set comenzó algo monótono, casi rutinario, entre ‘Te voy a pinchar’ y ‘Rosas en el mar’, pero se vino completamente arriba, como era de esperar, primero cuando subieron Luciana de Svper y Tomasito a las muy audibles palmas y taconeos, y segundo cuando le empezaron a dar al bakalao. No faltó el coctelero de la calle Pez, ni Nacho Vigalondo, ni nadie en general. Cuando sonaron seguidas ‘Pisciburguer’, ‘La canción de nuestra vida’, ‘Suena brillante’, ‘Maricas’, ‘A fuego’ y ‘Mi fábrica de baile’ con Lkan, Perotutehasvisto DJ y otras personalidades de “la escena” como cuerpo de “baile”, el éxito estaba garantizado. De lo más divertido del día, como siempre.

Más decepcionante fue el concierto de Los Planetas en el Escenario Las Palmas. No faltaron hits como ‘Pesadilla en el parque de atracciones’, ‘Segundo premio’ o ‘Un buen día’, pero sí faltó muchísimo volumen y un poquito de voluntad por conquistar a público nuevo, a guiris o a gente que dude de ellos, la cual existe. Hay que rendir pleitesía a un grupo que en 2017 se ha sabido renovar con ‘Islamabad’ (la primera del set), que reivindica a Camarón (cambiaron la letra de ‘Zona autónoma permanente’) y que ha aportado tantísimo a la cultura pop del país… ¿pero están sabiendo comunicarlo? A las 0.45, a cinco minutos de terminar, parecía que se habían ido cuando empezó a sonar una canción de Bowie por megafonía. Parecía que directamente pasaban. Por suerte, volvieron para hacer la gran ‘Alegrías del incendio’, que comenzaron desenchufados. Tan encantadores como algo desubicados y sobre todo acomodados.

Nada que ver con el concierto de La Casa Azul, una gozada de “grandes éxitos” que dejó al público más arriba imposible. La gente te preguntaba si habías visto su nuevo show (un cuarteto en dos alturas, cierta intención más orgánica), pero lo que importaba era la consistencia de un repertorio que fue dejando canciones como ‘Podría ser peor’, ‘Chicle cosmos’, ‘Sucumbir’, ‘Los chicos hoy saltarán a la pista’, ‘Esta noche solo cantan para mí’, ‘No más Myolastan’, ‘Cerca de Shibuya’, ‘Superguay’, ‘Como un fan’ al piano o para terminar ‘La revolución sexual’. ¿En qué momento llevamos 6 años sin disco de La Casa Azul? ¿Y cómo puede ser que un artista saque discos de Pascuas a Ramos y aun así sus hitazos perduren, no se olviden y la gente esté ahí para ellos como si no hubiera pasado ni un día? Un genio que por suerte podemos seguir disfrutando y que, aparentemente, algún día, publicará nuevo álbum. Guille Milkyway interpretó en penúltimo lugar una canción nueva, “importante”, que cerrará su nuevo álbum y que habla sobre el hecho de que las cosas peguen un giro inesperado. Hay nuevo álbum de La Casa Azul. Está secuenciado. Existe. Ya queda menos.

Inmediatamente antes, James Vincent McMorrow y 2ManyDJ’s fueron los grandes beneficiados del hecho de que actuasen tantos artistas españoles seguidos, petando sus respectivos escenarios (concentraron a los guiris). Austra, en cambio, se vieron perjudicados por coincidir con Foals. La banda canadiense atrajo a poco público, pero muy entregado. La mejor arma para la banda, que tocaba enfrente de las sesiones de la playa artificial “South Beach” (un fiestón en el que no cabía ni un alfiler), fue la voz espectacular de Katie Stelmanis, que cortaba el hipo en los momentos agudos. Podemos argüir que ‘Lose It’ sea el momento álgido de su repertorio, pero ‘Home’ le va a la zaga y la elegancia de su teclista y sobre todo de su electrónica de sutil inclinación hacia el techno no se pueden pasar por alto. Son bastante exquisitos.

El escenario Las Palmas volvía a rugir con Foals. Como vienen haciendo en sus últimos conciertos, los de Oxford empezaron con ‘Mountain at my Gates’. La potencia de este grupo y su exquisito sonido, que era de lujo, estuvieron presentes durante todo el repertorio. Hubo repaso al nuevo disco y a anteriores hits, sonando, entre otros, ‘My Number’, ‘Black Gold’, ‘Spanish Sahara’, ‘Late Night’ o ‘Electric Bloom’ (ésta con Yannis Philippakis enérgico al tambor y bajando a saludar al público). A veinte minutos de finalizar, hubo una pequeña parada que aumentó un poco más las ganas que teníamos del gran tema con el que intuíamos volverían al escenario, ‘What Went Down’, con algunos pogos. La pena, que terminara 10 minutos antes de lo previsto.

Frente a la aparente obviedad de un Deadmau5, era una buena opción ir a la sesión de Olof Dreijer de The Knife. Como Austra, muy arropado por el público LGTB+, el artista pinchó alguna maravilla de su banda primigenia como ‘Pass This On’, alguna ajena como ‘212’ de Azealia Banks y alguna otra por descubrir. Una gozada de sesión que un miembro del personal de seguridad bailó a saco, integrándose con las primeras filas de asistentes. Mención aparte merece lo de Charlotte Church’s Late Night Pop Dungeon, un concierto de versiones a lo The Chillers, pero en plan fino, en el que una gran banda, sobre todo de chicas, iba interpretando canciones de Destiny’s Child, Rage Against the Machine o Fatboy Slim. La mezcla de ‘Right Here Right Now’ con ‘Rhythm Is A Dancer’ fue brutal y, honestamente, no sabía que iba a asistir a un concierto en el FIB que terminaría con ‘I Believe I Can Fly’. I believe I can touch the sky.

Muy fuerte la que está liando @_mykki_ en el #fib2017

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Foto Foals: Jota

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