Manderlay

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Hay gente a la que le gusta Lars Von Trier y gente a la que no. Yo sigo emocionándome cada vez que recuerdo el final de ‘Rompiendo las olas’, sigo dándome miedo cada vez que recuerdo el final de ‘Dogville’ y sigo preguntándome qué significa exactamente el final de ‘Europa’. Así que fui a ver ‘Manderlay’, la continuación de ‘Dogville’, en cuanto se estrenó. La película continúa con Grace en el punto donde quedó ‘Dogville’, sólo que Grace ya no es Nicole Kidman sino Bryce Dallas Howard. Acompañada de su padre y de sus gángsters llega a una villa en la que aún se mantiene la esclavitud, con Lauren Bacall a la cabeza.

La teatral puesta en escena es la misma que en ‘Dogville’, así que en ese sentido, la película no sorprende mucho. Tampoco lo hace cuando aparecen en el guión un sinfín de tópicos sobre negros y blancos, generosidad y egoísmo. Pero a medida que avanza, mejora y mucho. Von Trier cuestiona la democracia, la dictadura, el sufragio universal, la pena de muerte, la libertad y la violencia con una objetividad y una frialdad que pone los pelos de punta. Y lo mejor, me temo, es que no hay mensaje. El año que viene la trilogía sobre Estados Unidos culminará con ‘Wasington’ (sic). 8

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