Ladyhawke / Ladyhawke

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Ladyhawke / Ladyhawke

Como ya dijimos en su correspondiente ¿Revelación o Timo?, el rollo revival de los ochenta que lleva Ladyhawke está… ¿sobado? No, lo siguiente. La época en que sonar a ochentas era lo más ha pasado. Era justo esa época en que decir “era lo más” lo era (lo más). Pero ya no. Ahora que lo que se revivaliza (Achtung! Palabro inventado!) son los noventa, los ochenta molestan, sobran. Pero de todas formas aquí, en 2008, se planta Ladyhawke que, como Gruff Rhys en Neon Neon, no se entera o no quiere enterarse.

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Seamos categóricos: Ladyhawke convierte la nostalgia de los ochenta en un género en sí mismo. Y eso que Pip Brown, una jovencísima neozelandesa amante de los gatetes y los videojuegos de 8-bits, que lo más sonado que había hecho hasta este año había sido participar en un proyecto llamado Teenager (ahora conocido como Pnau), que fue confundido con The Teenagers en numerosos blogs, por aquel entonces solo era una niña chica. Claras referencias a A-Ha, Ultravox, Hall & Oates, Stevie Nicks (circa ‘Edge Of Seventeen’) o Blondie sustentan su sonido, lo cual para algunos resulta un lastre a la hora de disfrutar este disco de debut por recurrente y poco original. Desde luego, es algo que también hacen o han hecho con más o menos fortuna CSS, Air, New Young Pony Club o Phoenix, pero quizá lo de Ladyhawke sea más flagrante porque sus canciones parecen realmente producidas en el año 1985, año de nacimiento de Pip.

Al final, quizá lo más curioso sea que Brown convierte ese punto débil en una ventaja: el verdadero gran acierto de Ladyhawke es lograr sonar excitante utilizando unos recursos tan poco originales. ‘Ladyhawke’ es uno de esos discos de los que una simple escucha en el momento adecuado es capaz de activar ese resorte en tu cabeza que te hace amarlo incondicionalmente. A mí me ha pasado. Porque puede decirse con pocas reservas (quizá las guitarras AOR de ‘Morning Dreams’ rechinen un poco) que en sus trece canciones hay pop perfecto, tan irresistible si lo quieres ver que no queda otra opción que dejar de lado fobias, manías y consideraciones estéticas. A las conocidas (y enormes) ‘Paris Is Burning’ (incombustible temazo, fijo en la lista de canciones de 2008), ‘Back Of The Van’ y ‘Dusk Till Dawn’ (increíble grower), se suman ‘Magic’, ‘My Delerium’ (que se presume como nuevo single), ‘Love Don’t Live Here Anymore’, ‘Another Runaway’, ‘Crazy World’, ‘Oh My’… todas repletitas de ganchos y coros que te arrastran a su terreno.

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Y es que el resobado ochenterismo no deja de ser un capricho estético de esta jovenzuela que podría ponerse el disfraz que ella quisiera, que aquí seguiría habiendo Pop, del bueno, del atemporal. De hecho, ¿hay algo más moderno que no seguir la moda?

Calificación: 7,9/10
Lo mejor: ‘Paris Is Burning’, ‘Dusk Till Dawn’, ‘Magic’, ‘My Delerium’
Te gustará si te gustan: Dragonette, Annie, el debut de CSS, el pop de los ochenta
Escúchalo:Myspace

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