La Mode / El eterno femenino

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La Mode / El eterno femenino

Todavía recuerdo aquel día en el que, ingenuo de mí, después de leer un artículo sobre La Mode, me bajé a la calle a comprar ‘El eterno femenino’. El disco, una de las cumbres del pop español de los 80 (de la Movida) y de todos los tiempos, ha estado durante años descatalogado, pero ahora su discográfica, Nuevos Medios, se ha animado a reeditarlo y la buena noticia es que viene sin extras ni rarezas ni remixes ni actualizaciones innecesarias. ‘El eterno femenino’ en CD, con un libreto con sus letras y ya está, tal cual.

El papel de Fernando Márquez «El Zurdo», cantante y compositor principal de La Mode, en la historia de nuestra cultura ha sido fundamental. Desde el momento en que yendo de paseo con Alaska por el Rastro en 1977, ambos se encontraron a Nacho Canut y Carlos Berlanga y formaron aquel proyecto arty-punk totalmente «trendy» llamado Kaka De Luxe, hasta su blog en nuestros días pasando por su proyecto Paraíso, las grabaciones con Kikí d’Akí y por supuesto su pertenencia a Falange Española, más o menos siempre ha sido un personaje excéntrico del que hablar. Pero por encima de su personalidad o de lo de acuerdo o no que hayamos podido estar con cada uno de sus movimientos y declaraciones, están las 9 canciones de ‘El eterno femenino’, tan buenas como variopintas.

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La canción más clara del disco es ‘Cita en Hawaii’. Su melodía define la perfección pop, aun sin estribillo claro, mientras la letra, completamente nostálgica, es diáfana como no vuelve a serlo ninguna canción del disco («No he vuelto a verte desde aquella tarde que nos citamos en Hawaii / tú me querías y yo te quería, no he vuelto a quedar en Hawaii»). Porque cualquiera que haya escuchado algo relacionado con la Movida (¡Movida!) sabrá que no se caracterizaba por lo naíf.

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Ahí está ‘Aquella canción de Roxy’, que por si no está claro que se trata de la Roxy Music, menciona a Bryan Ferry. La letra, según el libreto, debería decir en un momento dado «decidimos no preguntar ni nombre ni estado social», pero lo que Márquez canta en realidad es: «ni nombre ni sexo ni edad». La canción parece situada en mitad de un polvo en un coche con alguien que no conoces, lo que viene siendo un cruising en toda regla. Una discreta frase que resume el libertinaje de la época.

Más expresamente aún, ‘Mi dulce geisha’ menciona el mítico Rock-Ola, aunque si tengo que escoger mi favorita sobre el mundo de la noche, me divido entre otras dos. ‘Aquella chica’, aparte de hacer referencia a «los popis» ya en 1982 (y nosotros pensando que era un invento de nuestros días), refleja a una chica «medio tirada en la barra» en la que nadie se fija… pero que al final resulta ser una actriz que hace de Janis Joplin, y todo el romanticismo en torno a ella se derrumba. La Mode, influidos totalmente por los neo-románticos, están riéndose de sí mismos. Por el contrario, en la intensa ‘El único juego en la ciudad’, cuatro simples frases resumen más seriamente la ilusión por encontrar a una persona por la noche y la desesperación de no conseguirla.

La Mode, Fernando, Mario Gil (luego en Un Pingüino en mi Ascensor) y Antonio Zancajo, inundaron el disco de sintetizadores ochenteros (‘Wild Puppets’, ‘La teoría de la relatividad’) que no terminan de envejecer mal. Será por el toque glam de algunos teclados o los coros de soprano del tema final, ‘El eterno femenino’, pero está claro que La Mode no son tres mamarrachas disfrazadas de neo-románticas porque la moda mandaba, sino que supieron hacer uno de esos discos clave de toda una generación.

Calificación: 10/10
Temas destacados: ‘Cita en Hawaii’, ‘El único juego en la ciudad’, ‘Aquella canción de Roxy’, ‘Aquella chica’
Te gustará si te gusta: la Movida (¡Movida!).
Escúchalo: ‘Cita en Hawaii’

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