Nunca me entero de nada

Por | 04 Dic 08, 14:11

En los últimos años, el bombardeo de discos de diferentes artistas es tal que ya casi no quedan nombres para los grupos, ni sitio en nuestras cabezas para recordarlos a todos. La consecuencia inmediata es que las bandas tienen que ponerse bobadas como Architecture In Helsinki o Espaldamaceta si no quieren recurrir a un nombre que todo el mundo confunda con otro. Aparte de los problemas que tuvieron Suede en EE.UU., donde ya había otros Suede, o la confusión que viven los alemanes entre las dos MIAs, hay bandas a las que sí o sí se termina confundiendo por muy distinta que sea la música que hagan ellas entre sí. Aunque sea durante unas décimas de segundo. Lo sentimos, pero a veces la cabeza no nos da para más.

Black Kids, Black Keys, Black Lips: tres bandas que no tienen nada que ver, desde el pop más actual al rock más clásico. Cada una tiene una personalidad muy diferenciable de las otras dos, pero para recordar cuál es cuál, como diría Françoise Cactus, «tengo que pensar».

Astrid, Astrud: nadie va a confundir a los Astrud con los Astrid, que todo el mundo sabe muy bien al menos quiénes son Manolo y Genís. Sin embargo, merece mención el equívoco, porque hemos visto algún que otro cartel de festival en nuestro país en el que se anunciaba a Astrid como Astrid (UK), en el que sólo faltaba añadir un «Astrid (sic)».

Blonde Redhead, Blood Red Shoes: tampoco vamos a confundir a estas alturas a Blonde Redhead con un grupo nuevo, pero el público tiene todo su derecho a no saber cuál es cuál entre pelos y zapatos rojos y con mujeres de por medio.

Deerhunter, Deerhoof: categoría especial de grupos de culto que empiezan por «deer» y no por «dear».

Johan Johannsson, Jonathan Johansson: uno de Suecia, otro de Islandia, uno más clásico, otro más pop… y ninguno tiene nada que ver con Jay-Jay. Para quien recuerde a la primer cuál es cuál, premio.

Laura Veirs, Laura Marling, Laura Cantrell: especial nuevas Lauras del country y del folk de esta década que nos ocupa.

Menomena, Metronomy: dos palabras de uso poco común, notas en torno al notable en todos los medios de comunicación, desarrollo como banda más o menos desde el mismo año, popularidad escasa, ausencia de un hit claro… ¿Quién es la «m» y quién es la «n»?

Mando Diao, Maximo Park: categoría de hypes rockeros rompebragas post-años 90 que empiezan por «ma». ¿Cuáles son los suecos y cuáles son los otros?

Mate, Remate: la re-pera de todo este embrollo. ¿Para cuándo un Remorrissey, una Remadonna o un Rebonorl?

Melocos, Melocotons: hablar de estos grupos españoles es la mar de emocionante, porque durante unas décimas de segundo estás deseando que acabe la palabra para enterarte de cuál de los dos te van a decir algo… ¿o ni aun así?

Putilatex, Superputa: ¿Quién a decir más tacos? ¿Quién a hacer más la mamarracha? ¿Quién se formó en la era del IRC y quién ha sido el último en sacar disco? ¿Por qué no Superputilatex?

Kate Ryan, Katy Perry: Kate Ryan es famosa hace muchos años, pero nunca había triunfado en España tanto como este verano… al mismo tiempo que la Perry ha ido despegando con ‘I Kissed A Girl’. Los cruces entre ambos nombres son inevitables: Katy Ryan, Kate Perry, Perry Ryan, Ryan Perry… Todo da lo mismo.

La Sonrisa de Julia, El Sueño de Morfeo: es el ejemplo favorito español. Tras el éxito de La Oreja de Van Gogh y El Canto del Loco, han surgido varios grupos siguiendo la misma estructura para su nombre, y a cual de ellos más feo y tipicorro. La pierna de Jorge Berrocal.

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