Discos de la década: La Costa Brava

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Discos de la década: La Costa Brava

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Parece que fue ayer cuando La Costa Brava empezó a ser para muchos algo más que ese proyecto de miembros de El Niño Gusano y Australian Blonde. Quizá no tuvieran el mejor sonido ni las canciones más brillantes, pero tenían algo que enganchaba más allá de lo que pudieron representar sus componentes en la música de otro momento del panorama musical nacional: portadas bonitas y llamativas, mezcla exquisita del pop de todas las décadas, letras nada convencionales… ¿Que La Costa Brava ha sacado un nuevo disco? ¿Pero no acababa de salir el tercero? Después de tres álbumes editados bajo el sello Grabaciones en el Mar entre 2003 y 2004, llegaba ese mismo año ‘Llamadas perdidas’ con Mushroom Pillow. Un disco que supuso un punto de inflexión en la historia de la ya extinta banda, dejando canciones enormes que todavía hacen vibrar los escenarios.

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«Actualidad: ni estamos de moda ni estamos de más», como dice el segundo corte del álbum, ‘Vuelvo a ser yo’. La Costa Brava estaba en ese punto en el que se hablaba de ellos sin suponer su obra una gran revelación. Pero poco a poco, sus discos y sus canciones han formado parte de la historia del decenio gracias a sus mensajes costumbristas con esa vuelta de tuerca que tantas veces nos ha hecho quedarnos boquiabiertos. Todo esto, junto a las pegadizas melodías, convirtió a La Costa Brava en un concepto en sí mismo y en una manera única de trabajar la música popular, dedicada a un público para el que no había términos medios. Con ‘Llamadas perdidas’ se consolidan como banda y se hace patente la intención de un álbum coherente, de una continuidad. Algo que por aquel entonces se hizo palpable de la forma más gratificante.

Con este cuarto álbum, además, entra en juego el no siempre bien avenido matrimonio de la música con internet, donde la interactuación de los artistas con su público se vuelve más directa que nunca. Fran Fernández, estrenaba ese año el blog que hoy sigue más activo que nunca e invitaba a visitarlo a todo aquel que leyera el libreto del álbum. Libreto en el que se recogen interesantes reflexiones sobre el mainstream y el plano independiente. Conceptos y posturas que hemos machacado en los últimos años (en esta misma web sin ir más lejos) pero que en su día, no muchos se atrevían a decir en voz alta o, al menos, no con tanto respeto ni saber hacer.

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Las bonitas y sorprendentes metáforas sobre las relaciones y el paso de la vida hacen de ‘Llamadas perdidas’ un disco lleno de iconos pop por todas partes. En ‘Canción para Beyonce Knowles’, con la más fina ironía, se demuestra que el acercamiento de los mitos a los humanos es posible siempre que exista un sentimiento puro. Y mientras se le decía a Vania Millán que no estuviera triste después del cumpleaños de Ronaldo, nos estaban recordando a todos que la vida son dos días y seríamos más felices si no nos preocupáramos tanto de lo efímero. No hay más que irse a «Me llamo Fran y quiero que todo el mundo se haga rico», lema de Fran Fernández y frase incluida en esta última canción, para ver cómo se le da y se le quita toda la importancia al dinero en unas cuantas pablaras. Cada uno que coja su parte.

‘Adoro a las pijas de mi ciudad’, esa oda a la vida conservadora encarnada en los deliciosos cuerpos de las niñas de papá de hoy y siempre, es otro de los grandes temas de ‘Llamadas perdidas’. Todo un clásico ya que reza unas cuantas verdades. El vídeo oficial, con Bigott como protagonista, ecuentra el equilibrio entre el humor y el verdadero peso del asunto.

Escuchar ‘Llamadas perdidas’ es saltar de maravilla a maravilla (y tiro porque me toca). Siempre es una delicia volver a oír ‘Mi última mujer’ y soñar con la felicidad, que siempre está donde uno menos se espera. O poner ‘Toni’ a todo volumen y envolvernos en sus perfectos arpegios mientras nos volvemos a enamorar de esa mujer que conocimos «antes de ayer, en la fiesta soul y tecno». Podemos flipar con las letras y los arreglos psicodélicos de ‘Boyscoutnija’ o ‘Los jóvenes realizadores’ y parar un poco, a modo de interludio, justo a la mitad del disco, con la brillante e instrumental ‘Hotel dulce nombre’ donde Serge Gainsbourg parece encontrarse con Burt Bucharach para pintar de colores un hotel gaditano.

El disco se cierra con broche de oro, con ese temazo que es ‘Treinta y tres’. La banda tomó por costumbre utilizarlo para cerrar sus bolos y hoy en día Fran Fernández sigue haciéndolo en sus conciertos con Nixon. ¿Es posible ser feliz después de haber amado en estas condiciones?

Para concluir, mencionar una de las canciones por las que la devoción por esta banda cobra sentido. La revisión de ‘Dos ostras’, tema ya incluido en el álbum anterior ‘Se hacen los interesantes’, vuelve a poner encima de la mesa una de las letras más especiales de toda la historia de La Costa Brava. Quién eres y adónde vas, vivir tiene sus riesgos, ganar, perder, hacer daño… Lo de siempre. Pero es posible que Sergio Algora no supiera que había escrito todo un himno:

¡Qué más puede darte el mundo
si cada segundo es una primera vez!
Somos verdaderos gigantes
y cada segundo nos mata David.
Y ya verás que el fin pondrá a cada cual en su lugar.
No hay ensayo ni hay error, condenados a andar,
condenados a nadar, y sin ropa que guardar,
y sin nada que ganar.

Tristemente, La Costa Brava llegó a su fin. Pero si ese mismo fin tiene que poner a cada cual en su lugar, esta banda merece un lugar entre los grandes. Y algunos haremos lo que haga falta para demostrarlo.

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