El Hijo / Madrileña

Por | 15 Jul 10, 18:21

madrileñaAbel Hernández se ha mostrado en algunas entrevistas algo decepcionado porque la lírica de su álbum de debut ‘Las otras vidas‘ se interpretó en un sentido literal, sin trasladar sus imágenes históricas al contexto universal que en realidad buscaban. Seguramente ese es el motivo que le ha llevado a situar las canciones de ‘Madrileña‘, su continuación, en un contexto radicalmente urbano. Hernández busca en la ciudad de Madrid un símbolo de urbe que resulte cercana al oyente, un entorno sucio, frío y agresivo en su ajetreo pero a la vez acogedor y familiar, dentro de cuyas aglomeraciones humanas se encuentran sus personajes y sus pequeñas singularidades, que son observadas por el cantautor madrileño con minuciosidad, poniendo en el microscopio su fragilidad y su desamparo.

Con la sola ayuda de Xavi Molero a la batería, Abel Hernández puso de nuevo en manos de Raül Fernández (Refree) los arreglos y producción de sus nuevas canciones durante el pasado verano en Barcelona, y ambos tocan absolutamente todo, introduciendo en su folk de tintes pop (o al revés) un profundo componente de rareza inquietante con el que dan a ‘Madrileña’ un giro audaz e inesperado a las hechuras clásicas del género. De nuevo sus canciones nos remiten a referentes solemnes como Cohen o C.R.A.G., y de nuevo en sus coros y el tratamiento de los arreglos se perciben aires clásicos, setenteros. Pero logran dotarlas de una loable singularidad valiéndose de la psicodelia, cambiando de compás a traición, desestructurando las palabras al cantar y jugando al escondite con la rítmica.

Y de nuevo Hernández demuestra ser un letrista sobresaliente, capaz de arrojarnos al interior de las situaciones sobre las que canta (amor, muerte, soledad) con una dialéctica insólita que, sin necesidad de un significado, sabe ser extrañamente bella. Como las dos estrofas finales de ‘Siempre ella’ (desarmante ese «Ella siempre está esperando al final del verano de tu amor») o la primera de ‘La palmera’ («Soy la palmera perdida en medio del huracán que sopla cuando me miras sin mirar»). En ‘Madrileña’ conviven armónicamente un villancico malévolo llamado ‘A Belén’, que empuja a buscar un doble sentido a inocentes palabras como «nieve» y «camello», con la enfermiza obsesión por alguien perdido en ‘Los naranjos’, escuchando incansablemente su voz en un cassette que «cae y cae como una lluvia cruel», con el himno que es ‘Llama, carbón, nube, vapor’, cuya sencillez casi infantil lo hace aún más poderoso, y con la ¿primera? canción de la historia que usa personajes de ‘Perdidos‘ como protagonistas, la inquietante ‘Por si Charlie Pace no pudiera acabarla’ en la que sitúa al Humo Negro saliendo del multicine de un centro comercial.

En su magnífica homogeneidad sobresalen dos homenajes: uno velado a las necesarias Vainica Doble en ‘Balada baladí‘, sublime choque de psicodelia y costumbrismo, y otro declarado al ‘Chelsea Girls’ de Nico en ‘Quebradizo y transparente (Madrileña)’, una canción formalmente austera en la que recurre a una estructura circular para diseccionar de manera escalofriante y clarividente la verdad oculta en unos personajes tan comunes y cercanos al oyente que casi da miedo. Es el ejemplo paradigmático de un álbum que, sabiamente, convierte en pop el desamparo y la tristeza del ser humano de nuestros días.

El Hijo actúa hoy día 15 de julio en el escenario Fiberfib del festival FIB Heineken 2010.

Calificación: 8,2/10
Lo mejor: ‘Quebradizo y transparente (Madrileña)’, ‘Balada baladí’, ‘La palmera’, ‘Los naranjos’.
Te gustará si te gustan: Leonard Cohen, Vainica Doble, Cánovas Rodrigo Adolfo y Guzmán.
Escúchalo: Spotify

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