Nacho Vegas @ Joy Eslava

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Nacho Vegas @ Joy Eslava

Resulta muy significativo que Nacho Vegas pueda permitirse dar un concierto en una Joy Eslava a reventar por segunda noche consecutiva con un setlist de dos horas en el que, además de despachar el exitosoLa zona sucia‘ casi al completo (solo quedó fuera ‘La comedia humana’), se detiene en los rincones menos populares de su ya extensa discografía. Y, lejos de aburrir o flaquear, cada canción brilla y se sostiene con una solidez pasmosa.


‘Dry Martini S.A.’, ‘El hombre que casi conoció a Michi Panero’ y ‘Maldición’ fueron, sorprendentemente, las únicas concesiones a sus discos largos (efectivamente, nada se supo de ‘Actos Inexplicables‘), pero sí que hubo lugar (y mucho) para su otra discografía, la de discos cortos con grandes canciones o sus álbumes colaborativos con Rosenvinge y Bunbury. Así, dejó que esos himnos escondidos sacaran pecho ante un público muy entregado y fiel que demostró saberse esas también. Resulta un lujo escuchar las versiones en vivo de ‘Canción desde palacio #7’ (que presentó como «una canción protesta inspirada en la obra de Alfonso Sastre»), ‘Va a empezar a llover’, ‘Me he perdido’, ‘Canción del extranjero’ (su apropiación de ‘The Stranger Song’, con la que abrió el bis) y ‘Hablando de Marlén’, una canción de un hermoso dramatismo que, desde la cara b del mini-lp ‘Esto no es una salida’, ha pasado a convertirse en uno de los momentos más brillantes y emotivos de este show.

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Especialmente frío, el Vegas post-‘Zona sucia’ parece cómodo en un sonido cálido y sobrio, flanqueado por su magnífica banda habitual que ejecuta su papel con discreción y tibieza, como controlando su potencial y dejándolo libre solo cuando resulta estrictamente necesario (sirva de ejemplo el contundente final de ‘El mercado de Sonora’ con el que se cerró la noche o el de ‘Maldición’). Así, magníficos músicos como Abraham Boba o Xel Pereda (al que faltó suerte con el sonido) quedan relegados a un papel más discreto en el que, sin embargo, la batería de Manu Molina aún logra maravillar así, gracias a su talento para los matices. Con todo, el amable repertorio de su último largo resulta perfecto para el disfrute de un agradecido público que suplió correctamente a los guajettes en ‘Lo que comen las brujas’ y ‘Perplejidad’ (definitivamente, un nuevo highlight) y se esmeró en el coro etílico de ‘Taberneros’, uno de los cúlmenes del show. Una agradable, y más tranquila de lo esperado, velada del pop de autor más brillante de nuestra generación. El martes 29, con Refree en el Circo Price, hay una nueva ocasión de degustarlo. 7,5

Al no estar anunciado en los tickets, solo pudimos disfrutar de una intensa ‘Por si Charlie Pace no pudo acabarla’ de El Hijo, que al parecer ejerció de telonero de Vegas con su banda ampliada hasta cinco miembros. Una pena.

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