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Tintín, un Indiana en ‘El secreto del unicornio’

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Tintín, un Indiana en ‘El secreto del unicornio’

Steven Spielberg descubrió a Tintín leyendo críticas francesas de su ‘En busca del arca perdida’ (1981). La mayoría de las reseñas daban por hecho que Indiana Jones estaba inspirado en el personaje creado por Hergé. Intrigado por esas referencias, el director compró varias de las historietas que mencionaban los franceses. Dos años después ya había adquirido los derechos para su adaptación al cine.

Ha pasado mucho tiempo, pero la idea sigue siendo válida, aunque ahora al contrario: el Tintín de Spielberg es lo más parecido a un Indiana Jones adolescente y animado. De hecho, en muchas set pieces (la extraordinaria del halcón, por ejemplo) es posible adivinar al director dando saltos de alegría por poder llegar adonde, por limitaciones técnicas y físicas, nunca pudo con Indiana. Y todo gracias a un memorable uso de la animación en 3D y una técnica de captura de movimiento que, por fin, ha llegado a un nivel que ha dejado de dar risa/pena/miedo (la cara “capturada” y bigotuda de Tom Hanks en ‘Polar Express’ alimentó mis pesadillas durante 2004).

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Como ya sabrán los más tintinófilos, ‘Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio’ es un compendio de tres de los mejores álbumes: ‘El cangrejo de las pinzas de oro’ y el díptico ‘El secreto del Unicornio’ y ‘El tesoro de Rackham el Rojo’. Como especialistas en relecturas posmodernas (‘Zombies party’, ‘Arma fatal’), Edgar Wright y Joe Cornish -junto a Steven Moffat (uno de los grandes talentos de la tele británica: ‘Doctor Who’, ‘Sherlock’)- han elaborado una modélica síntesis que sólo hará torcer el gesto de los más puristas con alguna que otra licencia (esa Castafiore) y algún que otro chascarrillo subido de tono (zoofílico) muy poco afín al espíritu hergeiano.

Lo que sí puede soliviantar, y no sólo a los más integristas, es la traición a la famosa línea clara del historietista belga. En ese sentido, ni rastro. Por no haber, no hay casi planos fijos. Spielberg ha optado por todo lo contrario: la desmesura formal y el vértigo narrativo. Brillante, virtuosa, exuberante… Pero también agotadora y algo atropellada. Si los títulos de crédito y la presentación de los personajes son de lo mejor que ha rodado nunca Spielberg (incluyendo ese precioso “cameo” de Hergé), toda la resolución final se acerca peligrosamente al atolondramiento narrativo propio del blockbuster veraniego.

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Da la impresión de que Spielberg ha delegado bastante trabajo en el equipo de animación y, un poco con el piloto automático puesto, ha optado por la eficaz fórmula aventura-Indiana-John Williams. Quizá tengan razón todos esos tintinófilos para los que la adaptación definitiva no será la de Spielberg, sino la de Peter Jackson, un director mucho más afín al universo comiquero y fanático del personaje. Yo también la espero con ganas. 7.

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