The xx / Coexist

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The xx / Coexist

La portada del primer disco de The xx, especialmente recomendable en su edición de cartón, decía mucho sobre el grupo. Como la producción de su música -siempre libre de agentes externos-, conseguía deslumbrar sólo con el uso de los elementos más sencillos. Un tímido punteo en el momento justo, un susurro en el de mayor desaliento… y una «x» en blanco sobre un fondo tan negro como ve el futuro cualquier adolescente de este u otro tiempo. La portada del segundo disco de la banda da también una pista de lo que podemos encontrar en este álbum de título hábil: el sonido que claramente ha identificado al grupo, pero coloreado con pequeños matices de música electrónica, deudores del éxito de Jamie xx como productor durante los últimos dos años, especialmente en aquella maravilla colaborativa que hizo con Gil-Scott Heron en vida.

Después de ver al grupo en directo por primera vez en el Día de la Música, habría dicho que The xx tenían un serio problema con Jamie xx, por su dificultad para ecualizar de manera adecuada sus sintetizadores y los graves. Sin embargo, finalmente Jamie no ha sido el problema sino la solución. Él es la gran revelación de este segundo disco, impidiendo sumir al trío en lo que podría haber sido un holgazán y confiado continuismo. Habrá quien no perciba, apenas repare o no conceda especial importancia a la sensualidad tropical de ‘Reunion’ o al despegue house de ‘Swept Away’, pero los cambios son tan fascinantes y suficientes como para que tras ese apabullante silencio de ‘Missing’ no tengas ni idea de qué va a deslumbrarte después.

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Dicen por ahí, y con mucho tino, que los silencios son una de las grandes bazas del grupo, como también lo es el juego de voces masculina-femenina que tan buenos resultados ha dado al mundo del pop. Hemos disfrutado de grandes dúos históricos como Lee Hazlewood y Nancy Sinatra o Serge Gainsbourg y Jane Birkin, entre decenas, pero pocas veces un grupo independiente se ha beneficiado de manera tan brillante de este recurso, sin abusar de la opción pimpinelesca «diálogo», sino más bien alternando múltiples opciones y dando lugar a diferentes significados e interpretaciones, como la lucha contra uno mismo, el diálogo con el pasado o el monólogo tradicional con un discreto acompañamiento de coros.

En ‘Coexist’, el amor y el desamor conviven como Romy y Oliver, como guitarras y sintetizadores, y como esa sensación de opresión que es transmitida también por unas letras que barajan la libertad (‘Chained’) frente a la soledad (‘Fiction’), y las relaciones de amor acabadas o a punto de desmoronarse. ‘Sunset’, sencilla pero absolutamente demoledora, recuerda que lo importante de una letra no tiene por qué ser lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. No parece fortuito que una de las canciones más débiles, una de las menos afortunadas en su conjugación de pasado y presente, ‘Try’, hable precisamente sobre un segundo «intento» que no va a salir bien. Hasta para eso The xx se acercan a la perfección conceptual.

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¿No encontramos defectos en este disco? Los vocalistas de la banda pueden empezar a pecar de cierta afectación en sus interpretaciones, y una excesiva confianza en sí mismos que ha perjudicado por ejemplo a Antony & The Johnsons. Siempre vestidos de negro en las fotos promocionales y, aparentemente, en su vida diaria, está por ver hasta dónde son capaces de llegar con su drama personal siempre exento de ironía, apenas aliviado por el corte final, que parece dejar camino a la esperanza en consonancia con la aparición del color que vemos en la portada. Un sufrimiento constante encantador a sus 22 años (!!), pero que podría perjudicarles en el futuro. Por otro lado, ese matrimonio entre electrónica y punteos no siempre produce resultados tan sobresalientes como en las magistrales ‘Reunion’ o ‘Tides’. Para no engañarnos, ‘Unfold’ y ‘Our Song’ son más anécdotas que canciones históricas.

Sin embargo, son ganas de buscar tres pies al gato. Cuando escogimos el primer disco de The xx como mejor álbum de 2009, una de nuestras mejores decisiones editoriales, lo hicimos deslumbrados por la honestidad, la capacidad de transmitir sensaciones y el sonido propio de un trío sin líder claro, inusitadamente carismático en todas sus partes por igual. Hoy The xx no han perdido ni un ápice de su encanto, ni siquiera después de haber vendido 1 millón de copias, ganado el Mercury Prize o sido versionados por Shakira, confirmándose como ese tipo de banda que puedes recomendar a cualquier persona, por poco habituada que esté a escuchar música, y enamorarla. Personalmente, si tuviera que elegir dos grupos internacionales de nuestro tiempo, no dudaría: ellos y Beach House. No era tan difícil hacer música diferente que pudiera ser alabada por la crítica y entendida por la masa. ¿O igual sí…?

Calificación: 9/10
Lo mejor: ‘Angels’, ‘Sunset’, ‘Tides’
Te gustará si te gustan: Everything But The Girl, Jamie xx, el anterior
Escúchalo: en NPR.

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