‘Sólo Dios perdona’: Edipo reprimido y eléctrico

Por | 31 Oct 13, 12:35

Solo_Dios_perdonaLos que conocieron a Nicolas Winding Refn por la magnífica ‘Drive’ (2011) posiblemente se sientan decepcionados al ver su nueva película. Los que le conocían como mínimo desde ‘Valhalla Rising’ (2009) -no digamos ya desde ‘Pusher’ (1996), que no vio nadie en su estreno, o ‘Fear X’ (2003), que se pasó en Sitges- no se habrán llevado ninguna sorpresa. De hecho, ‘Drive’ es la película de Winding Refn menos “Winding Refn”; una concesión a los convencionalismos de Hollywood que, por otra parte, le salió redonda.

Es más, ‘Sólo Dios perdona’, ¿no parece como el ‘Drive’ que realmente le hubiera gustado dirigir? ¿Una depuración, una abstracción, un proceso de vaciado, una versión desecada de aquella? Casi podríamos decir que ‘Sólo Dios perdona’ estaba agazapada en el ascensor de ‘Drive’, esperando que se abrieran las puertas para salir de su escondite. En aquella brutal secuencia –la del ascensor- se escondían cuatro de las claves que se han materializado ahora en su nueva película: 1) la música de Cliff Martinez cambiaba de tono y se hacía más siniestra, 2) el rostro de Ryan Gosling prácticamente se congelaba, 3) la iluminación se “endurecía”, y 4) estallaba la violencia en una escena rodada con la ayuda del “rompe-cráneos” Gaspar Noé (‘Irreversible’, ‘Enter the Void’).

Y es que ‘Sólo Dios perdona’ es la película más “noeniana” de Winding Refn (le cita en los créditos). Una oscura pesadilla, un hipnótico y ultraviolento thriller que parece flotar por los bajos fondos de Bangkok gracias a la narcótica y perturbadora banda sonora de Martinez, los movimientos ritualizados de los actores y la excelente fotografía de Larry Smith, algo así como una reinterpretación perversa de la iluminación nocturna de los filmes de Wong Kar wai.

Como una estilizada y posmoderna tragedia griega, ‘Sólo Dios perdona’ es una historia de venganza(s) y edipos reprimidos, que en algunos momentos puede caer en lo grotesco (las interpretaciones de Gosling y Scott-Thomas están, por razones opuestas, en el límite de lo paródico), pero que acaba resultando fascinante por dos razones: su envolvente y cautivadora atmósfera, tan sórdida como estilosa, y la aparición de un personaje inolvidable, un policía imperturbable y sádico, que utiliza la espada y los puños con la misma desenvoltura con la que empuña un micrófono y canta en un lynchiano karaoke. 8.

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