‘Drácula: la leyenda jamás contada’… ¿Seguro que no?

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‘Drácula: la leyenda jamás contada’… ¿Seguro que no?

draculaTarde o temprano tenía que pasar. Podía haber sido con un reboot de ‘Sister Act’ por aquello de seguir con aquel famoso chiste del borracho que confunde a una monja con Batman, pero no, al final ha sido ‘Drácula’ el que se convierte en el nuevo superhéroe de negro al más puro estilo Christopher Nolan. Al menos en lo que a la estética visual se refiere, porque en el fondo, de momento, esta nueva encarnación de Vlad el Empalador con la cara y cuerpo de Luke Evans se queda lejos de alcanzar la profundidad psicológica de la trilogía protagonizada por un Christian Bale que, por cierto, para sí habría querido la capa de murciélagos que luce Evans en esta cinta.

Y es que esta nueva aproximación cinematográfica de Drácula está más cerca de la adaptación de un cómic intrascendente que de la visión romántica de Bram Stoker que tan bien supo plasmar hace dos décadas Francis Ford Coppola. Aunque siendo justos, hay que reconocer que de vez en cuando al director de esta cinta, el debutante Gary Shore, se le escapa algún homenaje velado a aquella fiel adaptación de los 90 con planos a contraluz de fondo rojo sangre que recuerdan mucho a la mítica fotografía de Michael Ballhause. Se conoce que el muchacho llegó a plató con el trabajo de documentación previo hecho, y eso no solo se nota, sino que también se agradece.

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Lástima que el producto no sea el ideal para demostrar virtuosismos artísticos, ya que el peso de la película reside más en la acción pura y dura (las largas escenas de batallas bien podrían ser material reciclado de filmes como ‘300’ o ‘El señor de los anillos’), que en la psicología del mito. Algo que no habría estado de más explorar a la hora de vendernos que Drácula, más que malvado, era rebelde porque el mundo le hizo así. Y mira que lo intentan explicándonos los motivos personales que le llevan a pasarse al lado oscuro seducido por un maestro vampiro interpretado por Charles Dance, pero no es suficiente. ¿Cómo si el pobre Dance, ni con el maquillaje más terrorífico, logra dar la milésima parte de miedo que nos daba como Tywin Lannister en ‘Juego de tronos’?

Lo curioso es que después de pasarte hora y media con una sensación de déjà vu constante que entretiene pero no fascina, es al final del todo cuando ocurre algo que te deja con la intriga. Algo que no vamos a revelar pero que da pie al nacimiento de una posible nueva franquicia (todo depende de cómo funcione la taquilla estos días) y que sí que podría tener su gracia conocer por el cambio de contexto de la historia. Que digo yo, ¿no habría sido mejor haber dado más espacio a este final en lugar de malgastar el metraje narrando algo que ya hemos visto mil veces? Un prólogo debería ser solo eso, un prólogo. Nunca el todo. En fin, habrá que esperar a otra entrega para saber de qué va esa leyenda jamás contada que nos prometen en el cartel de la película. 4,5.

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