Björk / Vulnicura

Por | 23 Ene 15, 10:26

bjork-vulnicuraTras el ambicioso ‘Biophilia‘ nadie imagina qué habría sido del noveno álbum de Björk si Matthew Barney, el artista de vanguardia con quien la islandesa salía desde hacía más de una década y con quien tiene una hija, no le hubiese roto el corazón. Pudiéramos tener en nuestras manos su disco más bailable y pop en años; quizás el resultado sería un disco triple en colaboración con Scott Walker, o un álbum a dueto con Maja Ratkje sobre las posibilidades de la voz humana convertido después en película en cuatro volúmenes de dos horas y media narradas por Robert Wyatt a cada cual más chungo. Quién sabe, igual hasta sería una realidad finalmente aquel disco en colaboración con Meredith Monk que la misma Meredith Monk confirmó en Facebook a finales de 2013 y que todavía seguimos esperando como de agua de mayo. En lugar de todo eso, sin embargo, Björk entrega en ‘Vulnicura’ algo mucho mejor, la obra más honesta de su carrera y su trabajo más enfocado y completo en años. Sí, ‘Vulnicura’ es el mejor disco de Björk desde ‘Medúlla’ (y sí, ‘Medúlla’ era un discazo).

Producido junto a Arca con la colaboración excepcional del británico The Haxan Cloak, quien no obstante mezcla el disco y firma las ambientaciones tenebrosas que envuelven a Björk en la segunda mitad de la devastadora ‘Family’, ‘Vulnicura’ sitúa a la islandesa a medio camino entre la pureza de las melodías vocales de ‘Medúlla’, la naturaleza volcánica de los beats de ‘Homogenic’ y la sangrante emotividad de las cuerdas de aquel mismo disco. El resultado, que por momentos suena salido de la escuela de Arvo Pärt, es el disco de Björk que más se ajusta al adjetivo «de cámara», lo cual podría ser lo peor pero no, es de lo mejor. De hecho, ahí están las cuerdecitas tipo baile imperial chino de ‘Atom Dance’, a dueto con Antony, o los majestuosos arreglos de ‘Stonemilker’, en la que la cantante asegura sentirse como «ordeñando una piedra» tratando de extraer a Barney una explicación sobre su cambio de actitud, para demostrarlo.

Las bases creadas por Björk y Arca no es que emulen la calidad abrasiva de ‘Homogenic’ pero sí lo evocan a partir de programaciones y percusiones rugosas, secas y agresivas. ‘Black Lake’ ofrece espacio de sobra en sus diez minutos para que los paisajes sonoros del álbum brillen de manera especial, con un pasaje instrumental a la mitad hermosamente sombrío, en tanto que ‘History of Touches’, cuyas inquietantes ambientaciones podría haber firmado Oneohtrix Point Never, prescinde totalmente de las cuerdas en favor de la claridad de un mensaje ya de por sí poco metafórico. «Cada vez que nos hemos tocado / cada vez que hemos follado / existe ahora en un maravilloso lapso temporal / aquí en este mismo momento», lamenta la islandesa entre densos tejidos electrónicos.

Conceptualmente hablando, sin embargo, estamos por supuesto ante la otra cara de la moneda de ‘Vespertine‘: si aquel álbum documentaba el amor de Björk por Matthew Barney, este retrata el fin no solo de una relación sino de una familia entera, el de un «triángulo milagroso» quebrado por la muerte del amor. Las melodías continúan siendo intuitivas, huesos de roer que nada tienen que ver con la belleza instantánea de cortes como ‘Cocoon’, pero las melodías de Björk hace años que dejaron de ajustarse a los parámetros de la fórmula pop y precisamente son melodiosos pasajes vocales como los de ‘Notget’, ‘Mouth Mantra’ o la pegadiza ‘Lionsong’ los que hacen de ‘Vulnicura’ no solo un disco emotivo sino también estimulante y que se presenta como un reto.

Pese a sus virtudes, varios momentos en ‘Vulnicura’ evitan no obstante la excelencia. El uso de voces dobladas a lo largo de todo el álbum llega a resultar cargante, mientras las conclusiones de varias pistas son demasiado abruptas como para resultar satisfactorias. Tampoco la pista final, ‘Quicksand’, mejora mucho las cosas; es un buen tema, pero huele a «bonus material» por todas partes y suena demasiado a cara b de ‘Post’ como para encajar en este disco. Sí, las caras b de ‘Post’ estaban muy bien, y ‘Quicksand’ supone todo un soplo de aire fresco tras la densidad ofrecida en las ocho pistas previas, pero no deja de ser un desconcierto innecesario, aunque temáticamente sí conecte con el resto del disco, porque, sencillamente, suena fuera de lugar.

‘Vulnicura’ es un viaje doloroso. Ni la propia Björk sabe cómo va a hacerlo para presentar estas canciones en directo de lo honestas que son. Sumida en una profunda tristeza en ‘Black Lake’, frustrada por los «raros momentos de claridad» en ‘Stonemilker’ y ‘Lionsong’ o atendiendo a la destrucción de la «misión sagrada» que es para ella su familia en ‘Family’, Björk publica con ‘Vulnicura’ sin duda su trabajo más sincero y lo hace en una obra definida y sólida, con puntuales aspectos de flaqueza que, sin embargo, no minan nunca la esencia y la huella emocional que termina imprimiendo en el oyente esta bella colección de canciones. No es una escucha fácil, desde luego, ni en forma ni contenido, pero como canta la propia Björk en ‘Notget’, «no borres el dolor / es mi oportunidad de curarme». Y la nuestra de hacerlo con ella.

Clasificación: 8,4/10
Lo mejor: ‘Stonemilker’, ‘Black Lake’, ‘Atom Dance’
Te gustará si te gusta: Kate Bush, Goldfrapp, The Knife, Antony
Escúchalo: iTunes

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