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De Radiohead a Kendrick Lamar: ¿qué necesita un disco para ser un 10?

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De Radiohead a Kendrick Lamar: ¿qué necesita un disco para ser un 10?

radioheadNo, no fue una ilusión, recientemente publicamos la crítica de ‘To Pimp a Butterfly‘ de Kendrick Lamar y lo puntuamos con un redondo 10. «¡Milagro!», dirían algunos y algunas, con razón, pero es que no es tan fácil: dar dieces suele ser una tarea que requiere sobre todo de perspectiva. ¿O acaso crees que algunas de las obras maestras que hoy son canon de la música contemporánea fueron recibidas en su tiempo de igual manera?

Existen dos tipos de 10, el que define a una obra artística por su perfección y el que la define por su trascendencia. Ambos casos no son necesariamente incluyentes: un disco no tiene por qué ser perfecto para trascender ni toda obra perfecta termina trascendiendo. Así, hay quien piensa que un disco puede lograr la perfección dentro de sus propias fronteras más allá de su relevancia posterior, como el aplaudido ‘Vespertine’ de Björk, no especialmente imitado tras el correspondiente brote indietrónico, algo intrascendente; y quien cree, contrariamente, que el 10 es la dimensión a la que accede únicamente cierta obra artística que se trasciende a sí misma gracias a su influencia para convertirse en canónica, como ‘The Dark Side of the Moon’ de Pink Floyd, que tan fundamental ha sido para el desarrollo del rock desde su edición en los 70, habiendo sido homenajeado numerosas veces -Dream Theater y The Flaming Lips lo versionaron al completo recientemente- e inspirado a cientos de artistas, entre ellos Radiohead, The Smashing Pumpkins o incluso Erykah Badu.

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Para algunos es imposible puntuar con un 10 un disco que acaba de salir. Ni siquiera ‘OK Computer’, la obra cumbre de Radiohead, fue un 10 inmediato para la crítica en el momento de su edición (Rolling Stone y Spin le dieron 4 estrellas), como tampoco lo fue para un sector del público que adoró las canciones pero raramente profundizó en el ingenio de su producción o en la sensibilidad real de sus letras. El álbum, eso sí, fue ampliamente aplaudido por su innovadora mezcla de rock y electrónica, que destacaría en un ecosistema musical, el británico, dominado por un britpop que entonces ya se estaba quedando gris, e influiría a grupos como Coldplay, Snow Patrol o TV On the Radio, que titularían su álbum debut ‘OK Calculator’ en homenaje a aquel disco. Pero la excelencia de ‘OK Computer’ nunca ha estado tan clara como su influencia. ¿Era ese disco, pues, excelente desde el principio o han sido los años los que lo han convertido en la obra maestra que supuestamente es hoy? ¿Son ‘Subterranean Homesick Alien’ o ‘Electioneering’ igual de buenas que ‘Paranoid Android’, ‘Karma Police’ y ‘Let Down’ o es ‘OK Computer’ una colección más irregular de lo que dice la historia?

También da risa recordarlo hoy pero ‘Pet Sounds’ de The Beach Boys, ampliamente considerado uno de los mejores discos de la historia del rock -entre sus más fervientes defensores, los Beatles y Pink Floyd; entre sus alumnos aventajados, evidentemente Grizzly Bear, Fleet Foxes o Animal Collective-, no recibió precisamente críticas brillantes cuando salió; ni siquiera el todopedoroso Pitchfork le ha dado jamás un 10 como a estos, ni a su reedición en 2006 (9,4) ni a su crítica de su edición remasterizada de 1999 (7,5). Para otros, sin embargo, está muy claro que una obra artística sí puede ser perfecta más allá de su trascendencia en el tiempo. Probablemente no veamos nunca discos como ‘Dots and Loops’ de Stereolab o ‘Tu labio superior‘ de Christina Rosenvinge en listas de las obras maestras más influyentes como el disco de The Velvet Underground y Nico, ‘Nevermind’ de Nirvana o ‘The Blueprint’ de Jay Z, pero su culto es suficiente para mantenerlos con dignidad en la conciencia musical de todo melómano.

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Lo que nos lleva directamente a la relación calidad/ventas. Un repaso a la lista de los discos más vendidos de todos los tiempos da buena cuenta de que un disco no ha de ser perfecto para conectar con el público. Porque en conjunto podrán sumar ventas estratosféricas pero, en lo artístico, ‘Thriller’ de Michael Jackson, ‘True Blue’ de Madonna y ‘Purple Rain’ de Prince -la gran trilogía pop de los ochenta- nunca fueron «colecciones inmaculadas». ‘Thriller’, de hecho, representa un buen ejemplo en este sentido, siendo el disco más vendido de la historia pero incluyendo al mismo tiempo temas tan cuestionables como ‘The Girl Is Mine’ junto a Paul McCartney que, de hecho, fue el primer single aunque nadie lo recuerde (‘Billie Jean’, ‘Thriller’ y ‘Beat It’ la arrasan en cuanto a escuchas en Spotify). Si nos vamos unos años atrás, encontramos ‘Rumours’ de Fleetwood Mac, un disco adorado por decenas de millones de fans pero cuyas dos últimas pistas a todas luces no repetían la calidad de sus cinco brillantes singles. ¿Los habríamos puntuado con un sonoro 10 como probablemente lo haríamos ahora? ¿Tenemos estos discos idealizados?

El halo de obras míticas que envuelve a estos discos nos los presentan hoy como obras maestras de 10 que jamás fueron, en una ilusión que por supuesto se traslada también a otros discos de ventas similares como ‘21‘ de Adele, que nunca nos pareció tan bueno ni antes de sus 30 millones de copias vendidas ni después, o ‘Más’ de Alejandro Sanz, el disco más vendido en la historia de nuestro país y que jamás fue ‘Hallelujah‘ de La Buena Vida precisamente.

¿Qué necesita un disco, pues, para ser un 10? ¿Calidad o un punto de suerte en reconocimiento crítico y/o buenas ventas? ¿Puede una obra musical, dadas las circunstancias adecuadas, alcanzar la excelencia aunque no sea un 10 en sí misma? ¿Es la internalización de discursos ajenos responsable de que consideremos obras maestras discos que realmente no lo son o no nos lo parecen? ¿Nos ha dado la historia de la música más discos de 10 de los que pensamos o menos? ¿Están nuestros 10 a ‘Person Pitch‘ de Panda Bear, ‘Back to Black‘ de Amy Winehouse y ‘To Pimp a Butterfly’ totalmente justificados?

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