‘El desafío’: Zemeckis se cae de la cuerda floja

Por | 25 Dic 15, 12:53

Philippe Petite¿Qué hace un director mediocre cuando quiere transmitir una emoción y no es capaz de conseguirlo por medio de las imágenes y la narración? Verbalizarla a través de los personajes y subir el volumen de la música. Pues bien, eso es precisamente lo que ha hecho Robert Zemeckis en ‘El desafío’: poner a Joseph Gordon-Levitt diciéndole directamente al espectador lo enormemente emocionado que está y aumentar los decibelios de la ampulosa música de Alan Silvestre. El resultado de este desequilibrio entre acciones e intenciones es una película en la que lo que vemos, la aburridísima crónica de la extraordinaria hazaña de un funambulista, está continuamente desmintiendo lo que oímos, la emocionante crónica de cómo el funambulista Philippe Petit cruzó las Torres Gemelas sobre un cable en 1974.

La primera hora de ‘El desafío’ es de lo peor que ha rodado nunca el sobrevaloradísimo Zemeckis, un director al que el tiempo ha puesto en su lugar: la saga ‘Regreso al futuro‘ es mucho mejor de lo que se dijo en su momento, y el resto de su filmografía, incluido ‘Forrest Gump’, es mucho peor de lo que se dijo en su día. De esta manera, toda la parte que transcurre en París, además de involuntariamente graciosa, es un monumento a la sobreactuación. Sobreactuación en el diseño de producción (gente con boina, puestos de flores y cuadros por todas las calles, habitaciones bohemias alumbradas con velas), sobreactuación en el guión (unos personajes que pasan el tiempo justificando porqué hablan en inglés entre ellos aunque sean franceses) y sobreactuación en las interpretaciones. Las escenas que comparten Joseph Gordon-Levitt y Ben Kingsley, los dos pasadísimos de vueltas y hablando con un risible “asento fransés”, son la confirmación de lo que ha declarado recientemente Meryl Streep sobre Zemeckis: «Es alguien que disfruta más rodeado de cámaras que de actores».

En realidad, la primera hora y pico de ‘El desafío’ es una mera excusa para hacer tiempo y llegar a lo que de verdad le interesa al director: la secuencia del paseo (‘The Walk’ es el título original) por el cable entre las Torres Gemelas. Zemeckis intenta transmitir al espectador toda la tensión, el riesgo, la locura y la belleza de la hazaña de Philippe Petit, a la vez que homenajea a las desaparecidas torres neoyorquinas. Sin embargo, la única emoción que ha logrado arrancarme se puede resumir en esta expresión: “¡Uy, qué vértigo!”. Conclusión: echad un vistazo al documental ‘Man on Wire’ (2008). 3.

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