Foxygen / Hang

Por | 23 Ene 17, 12:41

foxygenLa crítica musical referencial, es decir, la que se basa en relacionar una obra con otras precedentes, generando un name-dropping interminable, suele ser una práctica habitual dentro de la música pop con veleidades artísticas. Tiene la ventaja de que permite ubicar un trabajo con cierta rapidez («ah, es como una mezcla de tal con cual, ya entiendo») pero solo cuando conoces el código. Ahí reside su principal inconveniente, que puede acabar siendo una práctica elitista que interpone una barrera cultural que impide, en algunos casos, la comunicación.

Por ello, el abuso de referencias puede acabar siendo un lastre derivado de la pereza del redactor. Ahora bien, de verdad, ¿puede explicarse la música de ‘Hang’, el nuevo disco de Foxygen, de otra manera? ¿Se puede transmitir la emoción que produce sin echar mano del espejo retrovisor? ¿Nos haría sentir igual si no nos recordara a tantas otras cosas al mismo tiempo?

En todos sus trabajos hasta la fecha Sam France y Jonathan Rado han demostrado tener muy presente el pasado, siendo muy hábiles a la hora de mezclar referencias diversas de una manera eficaz y, en muchos momentos, maravillosamente alocada. En su primer disco, el excelente ‘Take the Kids Off Broadway‘, incluso llegué a compararlos con dos adolescentes que descubren un cofre lleno de tesoros musicales y los escuchan de golpe. Sin embargo, desde entonces -a pesar de no abandonar el concepto- me parece que han ido en picado. Su segundo disco, ‘We Are the 21st Century Ambassadors of Peace & Magic‘, combinaba algunas de sus mejores canciones con momentos menos inspirados. Y ‘…And Star Power‘, pese a sus defensores, empezaba a parecerse demasiado a lo que podríamos llamar una obra de decadencia, donde sus filias pseudo-glam pesaban mucho más que lo interesante de la propuesta.

Sus erráticos conciertos, que les llevaron incluso a anunciar su separación, y sus irrelevantes proyectos en solitario no hacían presagiar nada bueno. ¿Había algo tras ese desparpajo inicial? ¿Eran algo más que un montón de clásicos mal digeridos?

Foxygen responden con que ‘Hang’ es su primer disco «de verdad», dejando entender que los otros eran más colecciones de canciones de aquí y de allá y que esto es lo que ellos entienden por un álbum «comme il faut». Grabado en los estudios Spacebomb con los Lemon Twigs como sección rítmica, se trata de un trabajo al que los omnipresentes arreglos orquestales (cortesía de Trey Pollard) ciertamente dotan de un indudable aire conceptual del que carecen sus anteriores álbumes.

‘Follow the Leader’ comienza de manera clásica, con esa manera de cantar de Sam France tan cercana a Mick Jagger pero -en seguida- empieza a elevarse con unos arreglos y una producción pulida, suntuosa, amplia, que hace que la canción termine teniendo un acabado tan próximo a Van Morrison (ese shalalá final) como a las mejores producciones soul de Curtis Mayfield. Este sonido, cercano por momentos al de los Lambchop de finales de los años 90, lleva la inconfundible marca de Matthew E. White.

La sombra del productor (aquí colaborador) de Natalie Prass o Alondra Bentley, ahora también de actualidad por su disco de versiones junto a Flo Morrissey, se hace presente en todas las canciones, como el caso del siguiente corte, ‘Avalon’, una pieza bastante glam que, siguiendo la práctica de siempre de Foxygen va alternando partes muy diferenciadas. Un comienzo a lo Van Dyke Parks y un interludio de claqué se dan la mano con un pelotazo de sonido comprimido en el estribillo que remite directamente a los ABBA de ‘Waterloo’. Nadie se puede rasgar las vestiduras por un amago de plagio en estos tiempos de sampleos y nuevas contextualizaciones pero reconozco que la referencia tan obvia (al menos en Europa) les puede restar un poco de credibilidad. Con todo, se trata de un tema muy disfrutable que termina de manera vibrante con un saxo al más puro estilo Clarece Clemons.

Ese saxo me hace adelantarme unas cuantas canciones sobre una secuenciación que me parece perfecta y relacionarlo con el que para mí debería ser el single principal de ‘Hang’: ‘On Lankershim’. Totalmente deudora del particular muro de sonido que -a imagen y semejanza de Phil Spector- Bruce Springsteen construyó en ‘Born to Run’, se trata de tres minutos maravillosos de pura fantasía urbana, con una teatralidad próxima a los Dexy’s Midnight Runner más soul de ‘Too-Rye-Ay’.

Si retomo el orden original de canciones del disco, también hay saxo (bueno, hay de todo, hasta marimbas y trompas) en ‘Mrs. Adams’. Vocalmente más cercana a David Bowie, tiene detalles que encantarían al primer Elton John y un final contundente absolutamente apoteósico. Me gustaría destacar la utilización de la orquesta, muy alejada del concepto de aplicar una capa final de embellecimiento a la canción que en muchas ocasiones se le da. En todo el disco -pero en particular en ese final de ‘Mrs. Adams’ o en el siguiente tema, ‘America’- se puede apreciar cómo la orquesta es, en esencia, la banda. ‘America’ fue el primer tema que se adelantó de este ‘Hang’ y se trata del más largo, barroco y ambicioso de todo el conjunto. Kurt Weill y la música de entreguerras se filtran, a través de los Doors, con la esquizofrenia psicodélica tan característica en los inicios de Foxygen y con furibundos arranques de ópera rock a lo Meat Loaf.

Ese mismo ambiente cabaretero y con una entonación casi de broma habita la preciosa ‘Upon a Hill’. Una joyita de minuto y medio con una acelerón final a lo Jacques Brel que volvería absolutamente loco a Marc Almond. Y de Brel y Almond pasamos a recordar a Scott Walker en ‘Trauma’. Menos frenética que las anteriores, con un desarrollo más lento y tradicional, es una apisonadora in crescendo que acaba con toda la orquesta rugiendo y dejando el camino preparado para el mejor cierre imaginable con ‘Rise Up’, preciosa balada épica que suena como si un Neil Hannon con una voz más dejada hubiera fichado a Richard Hawley para The Divine Comedy.

Con estos ocho temas Foxygen han entregado un disco breve pero extremadamente cuidado. Coherente y diferente. En absoluto moderno ni necesariamente reflejo de nuestro tiempo pero fresco y divertido, muy alejado de ser un oxidado ejercicio de revivalismo. Una pequeña y sorprendente obra maestra construida con trozos -una veces más reconocibles, otras menos- de la historia de la música pop.

Pocas veces he tenido una sensación tan exultante al escuchar un disco por primera vez y pocas veces me ha apetecido tanto volver a escucharlo una y otra vez. ¿Hablamos de disco del año? Hombre, ¡que todavía estamos en enero! Ya, más bien hablamos de disco de la década. Que ya estamos en 2017.

Calificación: 8,7/10
Lo mejor: Todas y cada una de las canciones del disco, pero si solo puedes escuchar una, que sea ‘On Lankershim’.
Te gustará si te gusta: El Bruce Springsteen de ‘Born to Run’, los Doors más Kurt Weill, Marc Almond versionando a Scott Walker versionando a Jacques Brel, la teatralidad de Meat Loaf, el name-dropping referencial.
Escúchalo: Spotify

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