El espíritu de Depeche Mode pervive, con sus más y sus menos

Por | 09 Dic 17, 11:08

Spirit’ no es un disco boyante y, quizás por eso, la gira actual de Depeche Mode (que ya pudimos ver en el BBK Live) tampoco es precisamente espectacular. Como únicos elementos, aparte del trío y de sus dos músicos acompañantes, una pasarela (infrautilizada) y una enorme pantalla (aún más infrautilizada), que alternaba clips de gran belleza, con imágenes de la actuación… pero que pasó la mayor parte del tiempo ofreciendo proyecciones anodinas o la nada, directamente. Pero, ¿quién necesita aderezo extra teniendo a Dave Gahan, el mejor frontman del universo? Nadie, pero se echó de menos que las pantallas no se dedicaran a perseguirlo con más ahínco. En la lejanía del Sant Jordi se pierde parte de su magia.

Volviendo a ‘Spirit’, poco confían Depeche Mode en su último disco, ya que de él sólo cayeron tres temas. Ni rastro de ‘Sounds of Universe’ o ‘Delta Machine’. El claro vencedor, por eso, fue ‘Ultra’. Hasta cinco canciones de un repertorio que obvió todo lo anterior a ‘Black Celebration’ (tocaron ‘Everything Counts’, pero la versión del ‘101’). Tras sonar el ‘Revolution’ de los Beatles, nos ofrecieron un set más bien poco revolucionario, aunque arrancaron con una contundente ‘Going Backwards’. La pantalla se llenó de colores a lo Pollock, Dave allí aparece y ya nadie se fija en nada más. En cuestión de segundos Dave se quita la chaqueta, ejecuta sus giros y, voilà, todo el Sant Jordi a sus pies. Ni ageism ni nada; el gran histrión sigue siendo, a sus 55 años, un sex symbol. Pero enseguida nos topamos con uno de los hándicaps de la actuación; la parte rítmica es tan contundente que, a ratos, engulle el resto de los instrumentos. Por suerte, la voz de Dave sí se escucha bien. Así, cuesta reconocer de entrada a ‘Barrel of a Gun’ o una ‘A Pain That I’m Used To’ excesivamente sincopada. El primer momento notable de la noche llega con ‘Precious’. Dave se pone espalda contra espalda con Martin y, claro, el público enloquece. Pero para apoteosis, ‘World in My Eyes’ que, afortunadamente, también suena estupendamente. Sin embargo, la rendición absoluta viene con el mejor momento de la noche: ‘Cover Me’, una de las escasas aportaciones de ‘Spirit’, acompañada por su melancólico videoclip, es un hermoso ejercicio donde la voz de Dave se alza portentosa y la música torna en tormenta apocalíptica, llevándose por delante cualquier voluntad. Me deja tan arriba que, el momento Martin Gore, a continuación, me destempla. Entona dos temas de ‘Ultra’, ‘Insight’, solo acompañado por el teclista y la emotiva ‘Home’… que resulta algo menos emotiva de lo que debiera porque a ratos parece desacompasada. Y la imagen proyectada para acompañarla, una casita dibujada en pizarra resulta un tanto ridícula. Sin embargo, el final con Martin en la pasarela recibiendo su baño de masas y los “Oh oh” masivos del público sí que acaban poniendo piel de gallina.

Regresa Dave, ahora de rojo, reclamando su cetro, pero el público no cesa con los “Oh Oh” de ‘Home’. Para poner orden, impone una ‘In Your Room’ con una energía rítmica excesiva que se come la canción, energía que sí se ajusta adecuadamente a ‘Where’s the Revolution’. Pero claro, ya llevamos una hora de concierto y es turno de los «momentos míticos», que se inauguran con un ‘Everything Counts’ con el automático puesto. ‘Stripped’ funciona mejor a pesar de lo solemne y lo canónico de la versión. La locura se desata otra vez con ‘Enjoy the Silence’ y, a pesar de la matraca de la batería, me abandono y la bailo y la canto como si no hubiera un mañana. Y ya llega ‘Never Let Me Down Again’ con Dave saltando, dando vueltas, dándolo todo… pero me acaba generando una gran frustración, ya que nos hace cantar a nosotros lo de “Never let me doooown” y nos deja con las ganas de escuchárselo entonar a él. Y sí, es muy bonito ver a todo el Palau Sant Jordi moviendo brazos al unísono, pero me sorprendo a mí misma gritando: “Dave, ¡menos correr y más cantar!”.

Los bises ya son sota, caballo y rey, aunque nos deparan bonitas sorpresas, como la versión íntima de ‘Strangelove’ interpretada por Martin solo con el teclista. Y es que los momentos íntimos, al prescindir de la batería, acaban siendo los más disfrutables. Porque en ‘Walking In My Shoes’, con el mejor clip de la noche, la base rítmica se merienda las sutilezas. Lo mismo en ‘A Question of Time’ y, para rematar, Dave tampoco canta el estribillo. Sin embargo, a ‘Personal Jesus’ la dureza le queda niquelada, y el Sant Jordi casi se viene abajo con los aullidos del público que no quiere que el concierto acabe. Y me marcho con cierta sensación agridulce. Porque ni el sonido, ni los arreglos, ni la parte audiovisual han acabado de acompañar. Pero, a pesar de las objeciones, se impone lo positivo; han sido dos horas de actuación, no han aburrido ni un instante, han ofrecido un buen setlist (quizás algo tópico) y el público estaba entregadísimo. Y por encima de todo, la oportunidad de seguir disfrutando de Dave Gahan, aún en su esplendor físico y vocal. 7.

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