‘Lady Bird’: ¿obra maestra o película indie del montón?

Por | 23 Feb 18, 12:05

Este fin de semana coinciden en la cartelera dos películas cuyas expectativas han condicionado sustancialmente (y más de lo que me gustaría) la valoración que he hecho de ellas: ‘Yo, Tonya’ y ‘Lady Bird’. De la primera esperaba menos que un rapero de la justicia española. Un director, Craig Gillespie, de filmografía poco estimulante; una protagonista, Margot Robbie, que parecía la enésima e intercambiable actriz-y-modelo llegada desde Australia; y un género, el biopic con lujuria de Oscar, más predecible que una canción de Muse. Sin embargo, la película está sorprendentemente bien. Y la actriz-y-modelo, mejor.

‘Lady Bird’, en cambio, era una de las películas que más ganas tenía de ver esta temporada. No podía esperar: el debut como directora en solitario de una actriz y guionista de enorme personalidad, Greta Gerwig, protagonizado por la intérprete joven con más talento de la actualidad, Saoirse Ronan (‘Brooklyn’, ‘El Gran Hotel Budapest’), y por un mito de la televisión con poca suerte en el cine, Laurie Metcalf (‘Roseanne’, ‘The Big Bang Theory’). Casi nada.

Cuando llegaron las primeras reacciones desde el festival de Toronto, empecé a relamerme como un perro comiendo lata. Y luego: premios (mejor comedia y actriz en los Globo de Oro), nominaciones (cinco Oscar, incluyendo película, dirección y actrices) y un abrumador consenso crítico entre la prensa estadounidense. Cuando por fin llegó el estreno, estaba preparado para ver la película indie de la década. Como mínimo. Pero no. Esa ya la vi hace unas semanas. Se llama ‘The Florida Project’.

‘Lady Bird’ es el típico relato iniciático (coming-of-age, para los anglosajones) protagonizado por una adolescente en pleno proceso de búsqueda identitaria. Cabe todo: primer amor, primer desamor, primer polvo, primer acto contestatario, baile de graduación, solicitudes a la universidad, broncas con los padres, con los profesores, con las amigas… Y todo contado más o menos como siempre. Quizá con un punto más de sensibilidad e inteligencia que la media (en los diálogos y en la representación de las relaciones familiares), y quizá también con una atención mayor al contexto socioeconómico. Pero como siempre. Con corrección, pero muy alejada, por ejemplo, de la intensidad emocional y las ambiciones estéticas del otro relato de iniciación destacado de este año: ‘Call Me by Your Name’.

Lo más interesante de ‘Lady Bird’ no es la historia que cuenta, poco original, sino dónde se cuenta. Y no me refiero a Sacramento (querer huir de tu “aburrida” ciudad de origen está muy visto en este tipo de relatos), sino a la escuela católica donde estudia la protagonista. Este entorno, muy poco habitual en el “protestante” cine de Estados Unidos, le sirve a la directora para construir una metáfora sorprendente. Gerwig convierte a su alter-ego sublimado (la película tiene mucho de autobiografía emocional) en una suerte de San Pedro; en una mujer que reniega de sus raíces (ciudad, familia, religión, clase social), que se avergüenza de ellas, como forma indirecta de conocerse a sí misma. Como el padre de la iglesia católica, viajará a la “capital del mundo” donde construirá su propia identidad. De hecho, ¿no sería la neoyorquina ‘Frances Ha’, el anterior guión de Gerwig (y mucho mejor película), la continuación de este relato? 6,9.

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