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Lykke Li / so sad so sexy

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Lykke Li / so sad so sexy

Que Kanye West y Lykke Li hayan sacado disco el mismo año no solo sirve para recordarnos que ambos ya colaboraron, allá por 2009, en un single del dúo americano-brasileño N.A.S.A., ‘Gifted’, el que también aparecía Santigold. Casi una década después de aquella extraña colaboración, Lykke Li –“colega” de Kim Kardashian– ahora también vive en Los Ángeles y su nuevo disco es un reflejo de su pasión por el hip-hop, concretamente por el estilo de moda, el trap, hasta el punto que presenta colaboraciones con artistas lejanamente asociados a Kanye como T-Minus (Kendrick), Malay (Frank Ocean) o Illangelo (The Weeknd). Casualmente o no, Lykke Li está casada con el productor y compositor Jeff Bhasker, quien ha colaborado extensamente con West en el pasado y gracias al cual ha ganado un par de Grammys, por ‘All of the Lights’ y ‘Run this Town’. Lo raro de todo esto es que el propio Kanye no asome ni una vez por aquí.

El cambio de estilo le sienta bien a Li, que viene del sentidísimo ‘I Never Learn’, en parte porque su voz ya nos era familiar en ritmos similares, un poco urban (‘Little Bit’, ‘I’m Good I’m Gone’), pero sobre todo porque lo que nos cuenta la sueca ahora no difiere mucho de lo que nos ha contado siempre, por lo que el giro se agradece. Li sigue casada con la tristeza, su musa, y en ‘so sad so sexy’ el desamor vuelve a ser el gran protagonista de unas canciones que hablan literalmente sobre llorar a mares (‘hard rain’), autoflagelación (‘bad woman’), soledad (‘better alone’) o consuelo a través del sexo (‘so sad so sexy’), pero que también dejan espacio a la luz, en forma de vaga esperanza hacia un amor (‘jaguars in the air’) o de algo más concreto como la maternidad (‘utopia’, Li dio a luz a su hijo, Dion, en 2016). Esta última, a su vez, Li dedica a su madre, fallecida el año pasado.

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El disco deja un par de singles deslumbrantes como ‘hard rain’ y ‘deep end’. El primero es una pequeña obra maestra producida por Rostam Batmanglij (ex Vampire Weekend) cuya delicada composición melódica en modo contrapunto (“if you like the feeling” / “love is a feeling”) refuerza su componente emotivo gracias a la experimentación de Li con varias formas de manipulación vocal (efecto vocoder, grave robótico) y la presencia de unas cuerdas que no por sutiles suenan menos tensas. Hacia el final, la confluencia de ambas melodías y la entrada de un ritmo de marcha producen el momento cumbre de la canción. ‘deep end’ resulta un alivio al ser mucho más pop, y la metáfora cromática / marítima de su estribillo “swimming pool, indigo, deep blue” para expresar un amor que ha tocado fondo no podría estar mejor traída.

En este disco compuesto entre estudios profesionales y “songwriting camps” organizadas en la casa propia de Li en Los Ángeles, en el método colaborativo que impera actualmente en la industria, el elemento explosivo de canciones como ‘No Rest for the Wicked’ o ‘I Follow Rivers’ se ha disipado, y como demuestran sus dos primeras pistas y otras que pueden recordar más (‘bad woman’) o menos (‘jaguars in the air’) a la Lykke Li de antaño, la emotividad de aquellas canciones viejas se ha reducido en favor de una sensibilidad más tibia y sutil, y por tanto más flexible a adaptarse a los ritmos urban que estas presentan (a ser más pop). La personalidad de Lykke Li se impone en todas ellas, pero la escucha global del disco da la sensación que se ha hecho imitando las fórmulas de la radiofórmula, valga la redundancia, y eso a veces mola y otras no.

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Mola, por ejemplo, en la melancólica ‘two nights’ con el rapero Aminé, en el soplo de aire fresco que es, casi literalmente, ’jaguars in the air’ (¿de verdad no está Frank Ocean por aquí?), la dramática ‘last piece’ o el rayo de luz que alumbra a todo el disco, desde el final, la sobrecogedora ‘utopia’. No mola tanto cuando la repetición de los títulos de las canciones en ciertos estribillos acusa una falta de recursos que parece asumida a propósito, en busca del elemento pop más obvio (“so sad so sexy, so sad so sexy”, “i’m a bad woman, I’m a bad woman”, “I’m better alone than lonely, I’m better alone than lonely”). Estas canciones están bien, pero quizá no sean tan buenas como para justificar su abuso de la repetición, sobre todo teniendo en cuenta que Li ha tendido a usar esta fórmula en el pasado y con mejores resultados, si ir más lejos, en el mismo estribillo de ‘I Follow Rivers’.

Sin embargo, ‘so sad so sexy’ suma varios triunfos. El mundo que logra crear es sólido y subyugante, y el disco nunca toca fondo en cuanto a la calidad de sus canciones por separado como la propia Lykke en varias de sus letras (por temática). Quien diga que no hay singles históricos en ‘so sad so sexy’ todavía espera un nuevo ‘I Follow Rivers’, y yo me atrevo a decir que al menos ‘hard rain’ y ‘deep end’ se encuentran holgadamente entre las mejores canciones de su repertorio, junto a ‘Little Bit’, ‘No Rest for the Wicked’, ‘Love Out of Lust’ y otras. ‘so sad so sexy’ enriquece este repertorio desde una perspectiva nueva, y por tanto es una adición más que bienvenida, si bien imperfecta, al apasionante catálogo de la sueca. Ahora, ¿a por el disco de liv?

Calificación: 7,4/10
Lo mejor: ‘hard rain’, ‘deep end’, ‘two nights’, ‘utopia’
Te gustará si: te apetece una fusión entre Lana Del Rey y Frank Ocean
Escúchalo: Spotify

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