Christine and the Queens / Chris

Por | 21 Sep 18, 0:13

“Pretendamos durante toda la canción / que llevo un rato aquí / Que estaba aquí, infecciosa / Eso es lo que pienso cuando escribo este verso / Incluso aunque seas remilgadx / porque mi temperamento se pase de grosero / ahora soy el calor que exuda / a través de tus labios / a medida que empiezas a obsesionarte / Ahora enséñame cómo eres capaz de gemir al unísono”. Sí, sí, es a ti. A ti se dirige “Chris”, el alter-ego andrógino y pansexual inspirado, cuenta, por el crecimiento de su musculatura derivada de su entrenamiento para bailar en las giras, siendo ese “¿q-q-q-quién coño soy yo? ¡Q-Q-Q-Quién coño eres tú!” del single ‘Girlfriend’ como una suerte de diálogo entre ambas personas/personajes. Es el leitmotif que Héloïse Letissier –conocida en el mundo del pop como Christine and the Queens– ha ideado para llevar un paso más allá su carrera musical. Y lo hace en esos términos nada más comenzar ‘Chris’, en ese primer verso de su primera canción, una ‘Comme si’ que definitivamente nos pone en situación. Una insinuación sexual explícita y descarada que establece una complicidad entre el oyente y el artista que, pretende, se prolongue durante todo el disco con el explícito y hermoso “es como si nos amáramos / cuando me escuchas alto / es como si nos amáramos / cuando me pones rápidamente / Concéntrate en mi voz y déjate llevar”.

Con ese poderoso preámbulo es difícil resistirse a lo que Lettisier nos ofrece en flor en este disco, un tránsito por el deseo sexual de una mujer y su consecución, con sus luces y sus sombras. “El deseo es una forma de caos”, dice la francesa en una entrevista con Pitchfork en la que desmenuza el contenido lírico y musical de ‘Chris’, su segundo largo de estudio. Ciertamente esa idea –y muchas otras– son plasmadas con precisión en estas 11 canciones (13, si contamos las dos que no han sido adaptadas al inglés de la versión francesa del disco que se ofrece como un CD extra) que conforman un cuerpo aparentemente ligero en su forma –es un disco luminoso y bailable en casi todo momento– pero denso y sustancioso en su fondo. Tal y como ella pretende, esa sensualidad, esa sexualidad nos acoge, se contagia, nos penetra, nos hacer sudar y bailar… pero también nos conmueve.

Musicalmente, ‘Chris’ es un disco mucho más homogéneo que ‘Chaleur Humaine’, centrado en su faceta más pop lubricada con genuino funk –los Michael Jackson y Prince de los 80 son más pertinentes que nunca como referentes– que euforiza y excita sin remisión con temas que pronto se convierten en imprescindibles como ‘Doesn’t Matter’, ‘5 Dollars’ (ella misma cita a Bruce Springsteen y Arthur Russell como inspiraciones precisas), ‘Girlfriend’ (un grower) o ‘Damn (What Must A Woman Do)’ (con sus irresistibles “para follarse /para joderse” que bautizan la versión francesa), perfectamente respaldados por otros de perfil sonoro más discreto pero coherentes, cuyas virtudes son menos evidentes, como ‘The Walker’, ‘Feel So Good’, ‘The Stranger’ o ‘Goya Soda’. Producido, escrito e interpretado al completo –salvo la aportación de Dâm-Funk en ‘Girlfriend’, que Letissier entiende como un guiño G-funk que debía estar interpretado por un artista genuino del género para no sentir que se estaba apropiando gratuitamente de algo–, ‘Chris’ es un disco compacto, con una idea sonora precisa y algo tosca (la decisión de contar con Dâm Funk fue por su espíritu lo-fi) que casa a la perfección con el concepto primario de la satisfacción sexual, como un instinto animal, que nutre el plano lírico.

Pero, como su manera de exponer ese concepto sobre una mujer que desea de manera manifiesta obtener placer sexual sin más implicaciones ni compromisos, una idea que Letissier encuentra que aún incomoda a muchos y muchas, ‘Chris’ es mucho más complejo de lo que aparenta. También en lo musical: aunque una primera impresión lo haga parecer monótono por el voluntario minimalismo sonoro –los gravísimos bajos funky son una sudorosa constante–, pronto emergen numerosos detalles que interconectan los temas: las capas superpuestas de coros (a veces empleadas como sombras del pasado, otros como sombras humanas entre el vapor de una sauna) y juguetones teclados vintage (parte del disco se ha grabado en el antiguo estudio de Air en París, aprovechando viejos cacharros de sonido peculiar que encajan perfectamente con la estética atemporal del disco) que entran y salen del primer plano auditivo suponen una auténtica gozada en los auriculares y a un buen volumen. Con todo, la estructura del álbum está muy meditada, con los capítulos más uptempo bien promediados para mantener el tono hedonista, y las contadas baladas –la sofocante, desoladora ‘What’s-her-name’ (‘Machin-chose’ en francés, “como-se-llame” en español) y la bonita aunque más fútil ‘Make Some Sense’– en momentos estratégicos.

Entre las muchas cosas interesantes que cuenta Héloïse sobre este álbum, una de las más significativas es que todo este empoderamiento sexual femenino no está exento de contradicción y que, de hecho, la contradicción misma es un signo de empoderamiento, porque es algo que a un hombre no se le cuestiona pero que a una mujer se le exige mantener una rectitud ideológica o conceptual en su obra. Citando particularmente como inspiración en ese sentido a ‘The Velvet Rope’ de Janet Jackson, Chris se muestra en estas canciones como un ser sexual autoritario (‘Comme si’, ‘Girlfriend’) o frágil, que anhela el dolor y los moretones (‘The Walker’/‘La Marcheuse’); anhelante del polvo más animal y directo (‘Damn’ y esos “joder, ¿qué tiene que hacer una mujer para “follarse”?”) del que se ha visto privada o limitada por ser alguien popular, pero también la culpabilidad por encapricharse de la persona más opuesta a ella en cuanto a ideales e identidad (“¿Y si su posicionamiento político fuera una idea de diversión? Me aterraría, como es lógico, pero sienta tan bien…” canta en ‘Feel So Good’). Pero las contradicciones se extienden también a otros planos.

Dice Lettisier que ‘Chris’ va sobre “encontrar el placer en espacios [no físicos, virtuales] incómodos”, algo que no se circunscribe sólo a lo sexual. Por ejemplo, aunque ‘5 Dollars’ habla, sobre el papel, sobre tener sexo por medio de una transacción monetaria (una idea que reitera en ‘Follarse’), Héloïse explica que a veces ha tenido una incómoda sensación al pensar lo que esperan los fans de ella por el hecho de pagar una entrada para verla en un concierto o una fiesta. Aún más insólito es el planteamiento de ‘Goya Soda’, con Chris como observadora de un turbio triángulo de atracción imaginado por la simple combinación de unas palabras que le sonaban bien juntas: un hombre adulto se encapricha de un niño, así que le paga un refresco de cola y la entrada a un museo donde se expone ‘Saturno devorando a sus hijos’ del pintor español. Igualmente contradictoria, aunque alejada del sexo, es ‘Doesn’t Matter’, que pese a su exterior desenfadado esconde una de las letras más oscuras del disco, en la que le asaltan fantasmas del pasado (la idea del suicidio derivada del acoso escolar) aunque, finalmente, es rescatada por “un ladrón de rayos de sol”, que para ella es una figura claramente masculina. En conexión directa con esta, la dramática (en el sentido en que lo eran los Massive Attack de ‘Mezzanine’) ‘What’s-her-face’ sitúa el dolor de haber sido objeto de bullying en la infancia como una herida que no cura nunca y aflora en el momento más insospechado ante el más mínimo desprecio. Un estigma que también ha inspirado ‘Make Some Sense’, si bien en este caso manifiesta la devastadora tristeza con aquellos marginados que, en el más terrible de los casos, deciden revertir ese dolor asesinando a compañeros de escuela, como ha ocurrido con especial frecuencia en Estados Unidos.

Como vemos, ’Chris’ es una obra mucho más intrincada de lo que aparenta a todos los niveles y, si bien no se puede negar que se echa en falta alguna canción más que supere la barrera de lo notable hacia lo sobresaliente, nunca deja de ser elegante y enérgico, un auténtico regalo para cualquier aficionado al pop que no se conforme con la uniformidad, que quiera ser desafiado y sacudido. Y lo de regalo tiene un doble sentido porque, por más que parezca innecesaria la doble versión en inglés –hay que reconocer que aquí a veces suena algo forzada– y francés –mucho más natural y también sensual en cuanto a sonoridad– del disco, tiene mucha miga: no sólo es que el segundo CD contenga dos canciones inéditas tan potentes como la nuevamente sexual ‘Le G’ (donde explicita lo bien que practica el sexo oral, en resumen) y la jadeante ‘Bruce est dans la brouillard’ (ese “ay, qué cabrón” confirma que tiene algún tipo de relación especial con nuestro país y lengua), sino que las letras originales de ‘Goya Soda’, ‘L’etranger (voleur d’eau)’ (donde se despacha a gusto contra el racismo intrínseco en la sociedad estadounidense amplificado en la era Trump) son harto sustanciosas y con matices nuevos. Hasta el punto que ‘Les yeux mouillés’ altera algo el sentido de ‘Make Some Sense’ y termina siendo un mensaje de anhelo hacia una ex-pareja. Aunque el impacto de ‘Chaleur Humaine’ fue paulatino, parece factible pensar que ‘Chris’ no alcance semejante repercusión global, más teniendo en cuenta que cierto sector del público posiblemente dé la espalda a un disco tan explícito y poco cándido como este. Sin embargo, no cabe duda de que Héloïse Letissier, Christine y Chris, las tres, han superado con nota la siempre difícil prueba del segundo álbum, confirmando que estamos ante una artista destinada a marcar (nuestra) época.

Calificación: 8,2/10
Lo mejor: ‘Doesn’t Matter’, ‘5 Dollars’, ‘Girlfriend’, ‘What’s-Her-Name’, ‘Comme si’, ‘Follarse’, ‘The Walker’
Te gustará si te gustan: Michael Jackson, Solange, Janet Jackson, Prince
Escúchalo: Spotify

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