‘La maldición de Hill House’: el trauma y el dolor después de la casa encantada

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‘La maldición de Hill House’: el trauma y el dolor después de la casa encantada

La serie más hypeada de este Halloween se la ha vuelto a llevar Netflix sin necesidad de recurrir a la tercera temporada de ‘Stranger Things’, retrasada tras las críticas tibias que recibió la segunda. Esta vez se trata de ‘La maldición de Hill House’, la adaptación que ha realizado Mike Flanagan de la novela de 1959 de Shirley Jackson. Flanagan, que ya había adaptado ‘Gerald’s Game’ de Stephen King para esta misma plataforma, ha logrado poner esta serie de 10 episodios en la carrera de los premios Emmy, acompañado de un elenco espectacular y con todos los medios aportados por la monstruosa plataforma televisiva.

Se han hecho cientos y cientos de películas sobre espacios encantados, algunas tan influyentes como ‘El resplandor’ o ‘Al final de la escalera’, y algunas arrastrando leyendas tan terroríficas como la muerte de la niña de ‘Poltergeist’ por una enfermedad muy pocos años después de su rodaje. En la última década, el éxito de las sagas ‘Expediente Warren‘ o ‘Paranormal Activity’ ha vuelto a marcar un pequeño hito en la historia de este subgénero gracias a su éxito comercial; pero Flanagan se ha valido del formato serie para permitirse el lujazo de ahondar en un terreno casi inexplorado por falta de tiempo en una película: la psicología de los personajes a largo plazo. La pregunta que plantea ‘La maldición de Hill House’ es: todo esto de las casas encantadas está muy bien, ¿pero cómo pueden sobrevivir los personajes al trauma de haber vivido en un lugar lleno de espíritus?

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A través de constantes saltos en el tiempo, la acción nos presenta a un matrimonio y a sus cinco hijos en la (supuesta) casa de sus sueños cuando estos son solo unos niños; y también a los mismos protagonistas 20 años después lidiando aún con los fantasmas que marcaron su infancia y su huida de la casa maldita. Más cerca de la caracterización de grandes personajes de ‘A dos metros bajo tierra’ (y la comparación es inevitable, pues uno de los hijos termina trabajando en una funeraria) que de una ficción de terror típica, ‘La maldición de Hill House’ nos muestra cómo se ha desarrollado la vida de esos 5 hijos. Y lo que vemos hace pupa: Steven, el hijo mayor y guaperas, vive de explotar el drama familiar a través de sus libros cuando la noche que hubo que huir de la casa se la pasó «durmiendo»; Shirley es quien regenta una funeraria, a la que conduce a la ruina porque es incapaz de cobrar apropiadamente a la gente en un momento tan delicado; Theo ha de usar guantes para poder soportar su condición de medium; Luke, el encantador niño de gafotas y aspecto de nerd, es un adicto a las drogas con un pie en la tumba; y Nelly, la gemela de Luke, y la más pequeña de todos, permanece como la miembro más vulnerable, sin poder olvidar lo que sucedió en la casa. Especialmente los capítulos 4 y 5 son para ver con el corazón en un puño, con el espectador luchando por aguantar las ganas de llorar como pocas veces ha pasado con una peli de miedo. ¿Puede haber esperanza para gente que ha sufrido tanto de pequeña?

Lo cual no quiere decir que la serie no sea de terror. Es verdad que cuando el calado de tantos personajes está tan conseguido, cuando todos logran ser tan identificativos, los sustos son lo menos recordable. Pero los hay. De hecho, en ‘La maldición de Hill House’ hay tantos fantasmas que están, sí, los que te asustan, pero también los que no has visto: toda una colección de espíritus en segundo plano que incluso pasan desapercibidos y ya están llenando artículos con capturas que muestran que se te ha pasado ver el 90%. Es, pues, de principio a fin, una serie de terror en la que la búsqueda de profundidad en los personajes solo llega a molestar en los últimos capítulos de la serie, algo edulcorados.

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En este desarrollo que ya era de lujo, Netflix se ha permitido un caprichito extra: el rodaje del episodio 6, ‘Dos tormentas’, con formato de 5 planos secuencia. El presupuestazo manejado permitió parar la producción durante un mes (!!) para que los actores -incluidos niños muy pequeños- pudieran ensayar los movimientos en un escenario creado ad hoc que conecta la casa con la funeraria. Un episodio histórico que no es lo único a desentrañar palmo a palmo: la serie ha generado tal entusiasmo que ya hay quien incluso busca teorías sobre el desarrollo de la trama. Según una de las mejores, los 5 hermanos, de mayor a menor, representan las cinco etapas principales del duelo tras la muerte de un ser querido, de la que parte toda la serie: la negación (Steven), la ira (Shirley), la negociación (Theo), la depresión (Luke) y la aceptación (Nelly). Una serie rica sobre la que seguir documentándonos durante los próximos meses que además presenta un atractivo extra: Netflix podrá darle mil vueltas, pero en principio termina con los 10 episodios que se han subido este mes de golpe. 8,5.

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