Robert Forster / Inferno

Por | 03 Mar 19, 10:52

Tres años y pico después de aquel fenomenal ‘Songs to Play’, Robert Forster vuelve con energía y creatividad renovadas en un nuevo disco que, si bien musicalmente no aparenta ser tan distinto a su predecesor, nace de un lugar creativo muy diferente. Si aquel era el producto de siete años de silencio, de un retiro apacible en Brisbane que se plasmó en un estudio campestre lejos del mundo exterior, con ‘Inferno’ la espera ha sido muy breve (para el ritmo natural de Forster) y se grabó en un vibrante, cosmopolita y caluroso Berlín el pasado junio. Donde no hubo sino músicos amigos y familia reunidos en un estudio doméstico recién montado (‘Songs to Play’), encontramos ahora al reputado batería de sesiones Earl Harvin (Tindersticks, Air, Seal…) o al excelente pianista berlinés Michael Mühlhaus acompañando a Robert en un estudio profesional bajo la mirada atenta del productor Victor Van Vugt (Beth Orton, PJ Harvey…).

En los diarios de la grabación que acompañan al disco, Robert hace una entretenidísima crónica de los preparativos y el trabajo en el estudio, mientras visita galerías de arte y observa a los berlineses apostado en diversos cafés de la ciudad. En esas notas menciona su intención inicial de aludir a Berlín en el título, algo que artísticamente tiene sentido, puesto que el sonido de ‘Inferno’ es sutilmente distinto al de ‘Songs to Play’: más producido, con una intención menos introspectiva, y -crucialmente- con una recuperación en varios de los temas del piano como elemento importante. “Me encanta el sonido de ese instrumento en mis canciones”, comenta Forster en el diario, “y es maravilloso volverlo a escuchar”. A ningún avispado seguidor del músico australiano se le escapará la conexión evidente con su debut en solitario de 1990 (‘Danger in the Past’), también grabado en Berlín, también con un gran protagonismo del piano, y también con Victor Van Vugt (en aquella ocasión como ingeniero de sonido y mezclador).

Quizá por esa razón el disco se abre y cierra simbólicamente con las dos piezas más pianísticas y majestuosas, las cuales parecen abrazar al resto de canciones en un berlinés guiño al propio pasado de Forster, hace casi treinta años ya. La primera de ellas, ‘Crazy Jane on the Day of Judgement’, es una adaptación de un poema de W.B. Yeats. Los Go-Betweens fueron definidos a menudo como el matrimonio perfecto de poesía y música pop, así que ver esa combinación realizada de manera explícita es tremendamente lógico y bello y otorga al disco un inicio magistral, que -casi- se mantiene a partir de ahí. Sus momentos más brillantes rozan el cielo: la seductora ‘No Fame’, con sus riffs y sub-riffs de guitarra tan Grant & Robert es un hit que tocará muy profundamente el corazón de los fans de los Go-Betweens. La rabia y humor de ‘Inferno (Summer in Brisbane)’ reverdece los laureles más rock de un artista que -no olvidemos- siempre dominó el registro uptempo para expresar frustración y/o euforia (‘Man O’Girl to Girl O’Sea’, ‘Karen’, ‘Dear Black Dream’). ‘Life Has Turned a Page’ crea un hipnótico acompañamiento verdaderamente exquisito para un misterioso micro-texto narrativo sobre la historia de una familia. En muchos de estos mejores momentos Scott Bromley, superviviente del disco anterior, se revela como el cómplice ideal a la segunda guitarra y como multiinstrumentista a la carta.

Es en la segunda parte del disco donde el nivel compositivo desciende un poco a ratos: su predecesor dejó el listón tan endiabladamente alto que algunas de esas canciones (‘Remain’, ‘I’m Gonna Tell It’) no redondean el álbum quizá de la misma manera que ocurría en ‘Songs to Play’. Y sin embargo, en otros aspectos ‘Inferno’ tiene cualidades objetivamente superiores: por ejemplo, las interpretaciones vocales son fascinantes, versátiles, y en ellas se percibe a ese Forster excitado por la creación de nueva música que se aprecia tan claramente en los diarios. Para alguien que en la aclamada película sobre The Go-Betweens del año pasado definía su rango vocal como “tan limitado que hago que Lou Reed parezca Perry Como”, quizá suene extraño decir que en ‘Inferno’ Robert Forster hace algunas de las mejores interpretaciones vocales de su carrera, pero es exactamente así: falsetes brillantes (‘Crazy Jane’, ‘No Fame’), dramatismo y humor (‘Inferno’) belleza y amorosa delicadeza (‘I’ll Look After You’) o su infalible voz de narrador de textos enigmáticos (‘One Bird in the Sky’).

Las letras también me parecen superiores, de nuevo en esa mágica combinación de clasicismo pop y literatura que ha hecho célebre a su autor. En sucesivas canciones se desgranan relatos misteriosos (“dejaron Noosa en el 72 / llegaron a Byron Bay, qué bonito habría sido / pero se quedó embarazada y él podía ganar un salario / la vida pasó una página”), cuadros costumbristas que encuentran la belleza de la existencia en lo cotidiano (“es un nuevo día, he sobrevivido otra noche / el sol está en la puerta, está llamando / la mañana es una amiga, está ante mí”) y reflexiones que -quizá- despiertan de viejas heridas vividas (“hubo un tiempo que yo conocí / cuando mi obra, mis películas, no eran proyectadas / hice mis mejores trabajos sabiendo que no era mi momento / A veces este mundo tiene sus grietas / Caí por una… pero soy capaz de hacer mi magia ante las espaldas de la gente”).

‘One Bird in the Sky’ es la piedra final que concluye en la cumbre: un riff y una melodía tan eficaces, tan embriagadores, que se sostienen sin grandes variaciones durante cinco minutos de duración: a lo largo de ellos, la acústica de Forster y el piano de Michael Mühlhaus bailan en un enorme salón describiendo grandes círculos. Una sala en la que no queda nadie, a la que llegan tarde (“I’m late… they’ve gone and left the scene for me / There’s little on the bones, just some dust and stones / nothing no one owns”), y en la que musicalmente se van uniendo la voz y el violín brutalmente bello de Karin Bäumler (muy presente en todo ‘Inferno’ y una aliada más deslumbrante a cada disco), y el resto de instrumentos para un final sublime de duda existencial y reafirmación: “Time to hit the ground, time to walk around, time to do my thing / Eat only what I eat, breathe only what I breathe / And then leave”.

La pieza es un clásico instantáneo, y me atrevo a afirmar que supone una de las mejores diez canciones de su carrera. Un tesoro pariente directo de un tipo de canción de pop crepuscular en el que Forster alcanzó siempre la excelencia, especialmente en solitario, con temas que cerraban caras de discos con un broche de belleza salvaje, de elegancia y oscuridad, de esperanza agridulce. Canciones como ‘Justice’, ‘I’ve Been Looking for Somebody’, ‘I’ll Jump’ o ‘From Ghost Town’. Que ‘Inferno’ añada otro diamante a esa bella colección es mérito suficiente -y ni mucho menos el único- para aclamar y celebrar su existencia.

Calificación: 8/10
Lo mejor: ‘No Fame’, ‘One Bird in the Sky’, ‘Crazy Jane’
Te gustará si te gusta: el pop de guitarras australiano, los Go-Betweens, The Goon Sax
Escúchalo: Spotify

Etiquetas:
  • xabier

    Grandes Go Betweens, grande Robert Foster.
    Su hijo es un quiero y no puedo, no mezclemos, por favor.

  • Raskolnikov

    Suena genial el disco. De lo mejor hasta ahora del 19. La portada es terrible y por tanto muy actual.



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