‘Los crímenes de Alicia’: el enigma de Lewis Carroll y su obsesión con las niñas

Por | 17 Mar 19, 9:40

En 2004, el escritor argentino Guillermo Martínez publicó ‘Los crímenes de Oxford’, una estupenda novela de detectives que mezclaba de forma muy hábil el estilo, los personajes y los ambientes británicos de los clásicos del género (Conan Doyle, Agatha Christie), con la erudición y las reflexiones filosóficas (en este caso Wittgenstein y las matemáticas) de un Borges o un Umberto Eco. La novela, que fue adaptada al cine por Álex de la Iglesia con mucho oficio pero sin demasiada personalidad, nació de la experiencia del novelista en la universidad de Oxford, donde estudió matemáticas. De hecho, detrás del alumno protagonista, llamado G., no era difícil ver al propio Guillermo.

‘Los crímenes de Alicia’ (premio Nadal de este año) retoma los escenarios y personajes de la primera novela (aunque se puede leer de forma independiente), y sitúa la acción un año después, en 1994. En esta ocasión, G. y su profesor de Lógica Arthur Seldon (un trasunto de Watson y Holmes), se verán envueltos en una trama criminal que gira alrededor de un hecho real: el descubrimiento en 1994 por parte de la escritora Karoline Leach, de un documento en el que se revelaba cierta información sobre el contenido de las páginas del diario de Lewis Carroll que sus herederos habían arrancado tras su muerte.

¿Qué escribió el autor de ‘Alicia en el país de las maravillas’ en esas páginas para que fueran arrancadas? ¿Algún sentimiento comprometedor? ¿Algo que dejara traslucir su presunta pedofilia? Martínez tira del hilo interpretativo de este enigma para tejer una absorbente intriga criminal, llena de sorprendentes pespuntes, en la que se verán enredados los miembros de una sociedad de estudiosos del escritor y también matemático británico. Un misterio que avanza en paralelo a otro: el del propio Lewis Carroll. Martínez cita a L. P. Hartley -“El pasado es un país extranjero”- para reflexionar sobre cómo acercarse desde la época actual a la figura del victoriano Carroll, cómo asomarse desde nuestros códigos morales a un mundo donde la edad legal para casarse eran los doce años y la desnudez infantil el símbolo de un ideal edénico.

Crímenes que parecen seguir la (i)lógica de Alicia en el país de las maravillas, profesores que intentan aplicar la lógica matemática a la investigación policial, referencias a John Frankenheimer (el hoy algo olvidado director de maravillas como ‘El mensajero del miedo’, ‘El tren’ o ‘Plan diabólico’), y una historia de amor que, como en el caso de ‘Los crímenes de Oxford’, es la parte más floja de la novela. Guillermo Martínez ha vuelto a resucitar el subgénero del whodunit y le ha aplicado la lógica de Wittgenstein: después de 2, 4, 8, 16, puede venir el número 31. 7,5. Disponible en Amazon.

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