McEnroe / La distancia

Por | 06 May 19, 12:31

Cinco años después de ‘Rugen las flores’, tras un disco a medias con The New Raemon (que no era tal, pues sólo implicaba a dos de los getxotarras), uno en solitario de su cantante Ricardo Lezón y una BSO (que, de nuevo, sólo implicaba a parte del grupo), vuelven McEnroe cuando nadie estaba muy seguro de que fuera a ocurrir. Ni siquiera el propio grupo. Así nos lo ha contado el propio Lezón en esta entrevista, explicando que la distancia física que ha separado y separa a los miembros del quinteto, sumada a las vicisitudes personales y profesionales (recordemos: esto no da para vivir) de cada uno hacían cada vez más improbable que volvieran a juntarse para escribir y grabar nuevas canciones.

Sin embargo ocurrió, y el resultado se titula, precisamente, ‘La distancia’. La que les separa y pese a la cual la conexión creativa entre todos ellos persiste, aunque Ricardo asegura que nunca se hubieran juntado si no hubieran sentido que tenían algo nuevo que decir. El acicate, cuenta, ha sido la nueva perspectiva compositiva que les ha dado la implicación de pianos, una lid que Gonzalo Eizaga ha perfeccionado y les ha abierto nuevas posibilidades. De hecho, otro de los puntos clave de estos McEnroe renacidos es que el también guitarrista se ha implicado en la producción y arreglos del disco, en los que ha trabajado en una etapa preliminar y, luego, junto a Raúl Pérez en su estudio sevillano, La Mina.

El resultado es palpable, pero sutil… a pesar de que la introducción de ‘Seré tú’ no lo es, marcando en primer plano los acordes de la canción con el teclado. La presencia de este instrumento aporta un aire clásico y atemporal al conjunto, pero no es una evolución sonora llamativa… salvo una excepción clara: la bonita ‘El buen invierno’, con una construcción delicada y envolvente que combina guitarras y sintes, tiene algo de The Postal Service). Pero el grueso de ‘La distancia’ supone un reencuentro con los McEnroe que ya conocíamos, si acaso suenan más maduros y solemnes.

Eso no resulta incompatible con sonar frescos y en buena forma, porque de hecho dan con varias canciones muy poderosas dentro del contexto estético del grupo (esto es, rock de inspiración clásica en el sentido que lo son/eran Neil Young, American Music Club o Red House Painters con un punto del lirismo de la chanson francesa). Por ejemplo ’La distancia del lobo’, un crescendo que se va cargando de electricidad; o ‘Cerezas’, una catarsis rítmica guiada por lo que parece un e-bow y con un sintetizador un tanto ‘Twin Peaks’ añadiendo masa hasta su emocionante coda (preciosos versos finales: “luz en el alba y rocío en las calles / mirándonos la catedral / besos, silencio, bailan los cerezos / dicen que hoy nevará / briznas de hierba en tus manos de estrella / verdiales por mi corazón”); o ‘La gran belleza’, que viene repleta de nervio ya de serie y una de las mejores muestras del trabajo coral del grupo (el bajo de Pablo Isusi brilla tanto como el Hammond y las tensas guitarras); o la evocadora y natural ‘La vereda’, en la que la steel guitar y la voz de Jimena Lezón –sus bonitos contrapuntos ya se han hecho una constante en los trabajos de su padre– gana por su sencillez.

Pero quizá el gran salto de ‘La distancia’ está en unos textos, parcela exclusiva de Ricardo en la que, dice, se ha esmerado más que nunca, buscando un punto intermedio entre lo escrupulosamente real, lo folclórico (vino, flores, ríos) y lo onírico para hablar de un amor más universal. Así, es capaz de desarmar con la poética cercanía a un padre de ‘Asfalto (libres los animales)’ y convertirlo en uno de los puntos álgidos del álbum. O clavar una punzada al tocar la tecla de lo tangible para esbozar en ‘La gran belleza’ una preciosa oda de amor a una figura femenina que tan pronto puede ser la de una pareja como la de una hija. O evocar la camaradería de una amistad eterna y sincera en ‘Luz de gas’. A veces damos por hecho que las cosas van a estar ahí por nosotros para siempre, despreciando lo efímero y breve de todo lo que nos rodea, incluidas nuestras propias vidas. Pero no es así. Y esa idea subyace un poco en la honesta y cariñosa nostalgia de ‘La distancia’, invitando no sólo a apreciar esas presencias/circunstancias sino a verbalizar lo importantes que son para nosotros. Hagamos eso mismo con McEnroe, por si acaso los astros no vuelven a alinearse.

Calificación: 7,6/10
Lo mejor: ‘La gran belleza’, ‘La distancia del lobo’, ‘Asfalto (libres los animales)’, ‘La vereda’, ‘Cerezas’
Te gustará si te gustan: The New Raemon, Tulsa, Mojave 3.
Escúchalo: Spotify

Etiquetas:
  • Shakerduster

    Delicioso, lo escuché con mi novia la cual es ultrafan desde hace años, me los vendió como cortavenas, y sorprendetemente tras una pasada testimonial parecía un disco alegre y movidito…

    Una vez escuchado NADA de eso, siguen en su línea, y me gusta.

    Todos mis respetos.

  • I read †he bes†

    Los he descubierto gracias a [email protected], jenesaispopers! Besis

  • nachob

    Lo compré la semana pasada y ya estoy enganchado a este disco. Una maravilla más de uno de los grupos estatales más infravalorados .

  • Raskolnikov

    Súper infravalorados. Imagino que es por que se trata de música demasiado pausada como para estar de moda… pero son buenísimos. Deseando escuchar este último!

  • La Paqui

    Qué chula la portada. La llama tiene la forma del Reino Unido o sólo me lo parece?

  • Laveriano

    McEnroe hacen creible aquí la fórmula del slowcore anglosajón. Quizá no lleguen nunca a ser completamente auténticos; pero reconfortan tanto como encontrarse, de nuevo, con unos Galaxy 500, o unos Codeine, o unos Red House Painters, pasados por el tamiz del “donosti sound”.

  • Warp

    Portadón.

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