‘BONDiNG’, una representación divertida aunque un poco “Disney” de la sexualidad no convencional

Por | 07 May 19, 19:45

No hay nada mejor que una serie corta pero que vaya al grano y ‘BONDiNG’, la nueva comedia negra de Netflix cuya primera (y espero que no última) temporada llegaba a la plataforma el pasado 24 de abril, es una de esas series. ‘BONDiNG’, cuyos 7 capítulos es posible ver en menos de 3 horas, cuenta la historia de Tiff (Zoe Levin, la has visto en ‘Palo Alto’), una joven dominatrix que convierte a su amigo gay Pete (Brendan Scannell, le has visto en ‘Heathers’) en su asistente. Ambos eran mejores amigos en el instituto, de hecho llegaron a tener sexo aunque pésimo y se reencuentran en Nueva York años después, cada uno con sus mochilas de traumas e inseguridades que irán vaciando a medida que avanza la serie.

Lo que hace probablemente que ‘BONDiNG’ sea una serie tan divertida y tierna es que está basada en hechos reales. El director Rightor Doyle trabajó un tiempo como asistente de una amiga dominatrix cuando era adolescente y ha explicado que la experiencia le ayudó a liberarse de sus propio complejos sexuales en un momento en que sufría por culpa de su sexualidad. El director cuenta asimismo que el movimiento #MeToo ha influido en la serie pues le ha permitido revaluar sus vivencias e interpretarlas como “alegorías sobre el poder, los secretos y el consentimiento” y asegura que la serie representa “una buena forma de diseccionar las diversas maneras en las que [históricamente] el patriarcado ha ejercido un dominio completo de la sexualidad y el oprobio”.

Tras este análisis social, siempre tan necesario, no se esconde una serie enormemente fascinante llena de matices y caracterizada por un humor sutil sino ni más ni menos que una serie divertida y amena -capaz de provocar carcajadas en más de una ocasión- dedicada a alumbrar y normalizar otro tipo de sexualidades (las llamadas “kink” o sexualidades no convencionales), como los fetiches o por supuesto el sadomasoquismo, cuya presencia en la cultura mainstream es prácticamente nula. En una de las mejores escenas de la serie, un cliente de Tiff se masturba y vive un momento de gloria sexual mientras Pete le insulta por tener micropene. En otra, un hombre acude al salón donde trabaja la dominatrix -estudiante de posgrado de día, reina del látex de noche- para satisfacer su fantasía de practicar sexo disfrazado de pingüino con otra persona disfrazada de pingüino.

La representación de la sexualidad “perversa” en ‘BONDiNG’ es humorística pero aboga por la tolerancia, el respeto y sobre todo por reflejar que el sexo no vainilla es mucho más común de lo que parece. No tantas series tratan este tema y a la vez son tan accesibles. Sin embargo, el formato de comedia negra no siempre funciona. La serie no podría ser menos explícita -y desde luego no es nada erótica- aunque tampoco busque ofrecer una idea buenista del sexo no convencional, capaz de provocar verdaderas crisis maritales tal y como representan dos de los personajes secundarios; y en este sentido, y sin olvidar que estamos ante una comedia negra y no ante una serie erótica, ‘BONDiNG’ es bastante Disney y no para bien, pues si fuera solo un poco más realista quizá solo Pornhub podría haberla emitido. En otras palabras, con la serie te echas unas risas, pero siempre deseas que vaya un poco más allá.

Aunque el mayor problema de ‘BONDiNG’ puede ser que el colectivo al que más debería haberle gustado, el de las trabajadoras sexuales y en concreto el de las dominatrix, está muy decepcionada con la serie pues considera que ridiculiza su trabajo o que perpetúa el estereotipo de que dedicarse profesionalmente al sexo solo puede ser consecuencia de un trauma. Para ser una serie que busca derribar barreras y estigmas alrededor del sexo, es una pena que siga reproduciendo algunos de estos estigmas en pos del humor. Es cierto que la serie está basada en hechos reales y Rightor Doyle tiene todo el derecho de contar su historia como le plazca, pero cuando varias dominatrix consideran que deberías haberlas consultado para tu serie sobre una chica dominatrix, claramente algo falla. En cualquier caso, Doyle debería tener oportunidad de solucionar estos problemas en una segunda temporada de ‘BONDiNG’, pues está claro que esta historia solo acaba de empezar.

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  • Pictrus Domm

    Un tema que aun con humor negro pudo haber sido tratado con más ingenio pero se queda plano y gris.

  • Mons Martyrium

    “Sexualidad no convencional”… que yo sepa la sexualidad humana es fetichista por definición y se aleja de la naturaleza en casi todo momento, en el sentido de que aunque tengamos instinto no es éste el que determina las relaciones. Hacer el misionero en una relación hetero viene a ser ya igual de normativo que irse de cruising, ser masoquista o tener como fantasías las innumerables cosas que vemos en el porno, de hecho ya es más difícil encontrar porno “normal” y simplón que bizarro y lleno de sexo extremo. En fin… rizar el rizo del postureo, para variar.

  • maxboomplus

    como el 98% del contenido de netflix

  • JuanBauty

    Precisamente el triunfo de esta serie es hacer accesible y mainstream el mundo del BDSM, solo así puede dejar de ser tabú. Bravo por la valentía de Netflix en romper tabús (usando la mejor herramienta: el humor) a cada nueva serie, y no amedrentarse ante la opinión pública. Algunos dirán que sólo buscan el morbo (y por supuesto un % de eso hay, y hacen bien porque es una empresa, no una ONG), pero al final lo importante es que demuestran, una y otra vez, que no hay temas tabú para hacer series y películas y la mejor manera de avanzar en esos temas, es precisamente hacerlas, y hacerlas accesibles. “Disneyzadas” o no, lo importante es que ELLOS las hacen, y los demás no. (no incluyo la maravillosa “Heathers” que aunque la emita HBO, no es una producción suya sino una adquisición).

  • Víctor Towfon

    Esperando vuestra crítica de Tuca & Bertie!! OBSESIONADOOO

  • Keroppi

    Me encantaría ser un dominatrix 🤣 tiene que ser muy divertido y excitante

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