La “periodista y puta” Judith Duportail hace temblar los cimientos de Tinder en ‘El algoritmo del amor’

Por | 05 Oct 19, 10:51

Las “journalopes” son una serie de mujeres periodistas francesas asociadas que se han apropiado de dicho insulto de la ultraderecha para reivindicarse. Este neologismo entre “journaliste” (periodista) y “salope” (puta) ha servido de inspiración para que tengan su propia oficina, en la que, entre otras cosas, cuentan con un tablón en el que compiten por ver quien se apunta más micromachismos sufridos.

Una de ellas, Judith Duportail, ha despuntado a nivel internacional tras escribir para The Guardian un artículo que ha sido traducido a numerosos idiomas -en España lo publicó El Diario-, en el que se adentra en el algoritmo de Tinder. Indignada tras el descubrimiento de que esta popular aplicación de ligoteo cuenta con un número de deseabilidad secreto (la “puntuación elo”), una especie de nota de 0 a 10 fruto de toda la información que compartimos directa e indirectamente con ella, Duportail inicia una investigación que recogió en dicho artículo y amplía sustancialmente en este recomendable libro editado en España por Contra.

Duportail reflexiona en ‘El algoritmo del amor’ sobre cuestiones como la ley de protección de datos, el Gran Hermano o la privacidad en el capitalismo, y a su vez sobre las debilidades que nos llevan a depender de las aplicaciones para conocer gente: esa autoestima “por debajo del nivel del mar”, esa falta de seguridad, esa necesidad de aprobación de los demás o esa relación de todo esto con nuestras carencias afectivas, que nos llevan a un no parar de consultar Tinder y derivados un número realmente salvaje de horas a la semana. “Tengo una adicción, una necesidad patológica de reafirmación, constante, insaciable, y me he aprovechado cientos de veces de Tinder para intentar llenar ese vacío”, dice en un momento.

Hay un poso feminista por supuesto, y la autora se detiene numerosas veces en el machismo de una sociedad que considera que a una mujer se le ha pasado el arroz a los 30, y lo hace documentándose y adentrándose en el algoritmo de Tinder. Sirviéndose de sus contactos y aprovechando su experiencia en la prensa femenina, a la que Tinder quiere captar porque siempre ha tenido más usuarios masculinos, Judith Duportail consigue entrevistar al CEO de Tinder, logra también que la compañía le envíe las 800 páginas que acumula sobre su historial privado y reflexiona sobre el sexismo en la patente original de Tinder, que predispone a los hombres de éxito a triunfar en la aplicación, y al fracaso a las mujeres de éxito en la misma APP.

Sin embargo, tras enfrentarse a sus 800 páginas de historial y comprobar que hizo más de 800 “matches” cuando ella pensaba que llevaba 50, e incluso tras recordar los repugnantes abusos verbales que sufren las mujeres en este tipo de aplicaciones, rompe una lanza también a favor de los hombres que a menudo reciben un silencio por toda respuesta. Entre conversaciones con sociólogos, técnicos y expertos en derechos humanos, Duportail construye un relato universal a raíz de experiencias personales e investigación, que en algunos casos resulta de lo más delirante y divertido, rozando en algunas escenas el patetismo y lo histriónico. Ella ha sabido reírse de sí misma cuando la han llamado “Bridget Jones jugando a ‘Black Mirror'”, y uno termina preguntándose cuándo se representará todo esto en un teatro o en un cine, cual ‘Red social’, cuando Duportail reflexiona sobre la búsqueda obsesiva de algo mejor: “Mierda de generación de retraídos emocionales. A fuerza de no querer cerrarse puertas, nos vamos a pasar la vida en una mierda de umbral”. 8,5. Disponible en Amazon.

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    Me pregunto por qué nadie hace mención y denuncia cuando se habla de este tipo de aplicaciones y páginas, medios de comunicación incluídos, la cantidad de perfiles falsos que existen en ellas controlados por bots/animadores de chat y contratados por las mismas compañías.

    Se burlan del personal con frases y tópicos hechos y obtienen datos e información de los mismos a costa de su ignorancia y de paso, hacen más rentables estas aplicaciones.

    La señora esta, si nos atenemos a lo que resume el artículo, parece que tampoco se ha enterado de que mucho de ese trato que ha recibido probablemente provenga de este tipo de perfiles falsos.

    Si alguien sigue sin creer que estos “animadores” existen que busque en google un trabajo de animador. Las ofertas son abundantes.

  • Flamígero.

    Yo fui usuario de badoo y tuve mis affaires. 😎

  • Bitch79

    Lo de periodista y puta le va que ni pintado a más de uno.

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