«Me llamo María José Llergo y te lo estoy dando todo. Más clara no puedo ser»

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«Me llamo María José Llergo y te lo estoy dando todo. Más clara no puedo ser»


Sanación‘, el miniálbum debut de María José Llergo es nuestro Disco de la Semana por mérito propio. La artista cordobesa lleva un par de años en boca de todos por su fuerte personalidad y el rotundo valor artístico de todo lo que hace, más allá de géneros y etiquetas. Su primer disco es un perfecto ejemplo de ello: en él conviven lo orgánico y lo primitivo con la electrónica contemporánea. Es también un trabajo oscuro, reflejo de un proceso de superación personal en el que, explica, ha sido fundamental la disciplina de la meditación, que vertebra el álbum. Sobre este y su crecimiento artístico charlamos con ella en el lobby de un hotel de Barcelona, ciudad en la que hasta hace unos meses había vivido varios años cursando estudios musicales becados. [Fotos: Paloma Wool, cedidas por Sony Music.]

Vestida con una sencilla camiseta blanca en la que se lee significativamente la palabra «Flamenco» –cubierta la mayor parte del tiempo por su larga melena negra–, María José es menuda, sonriente casi todo el tiempo. Se muestra muy agradecida por la atención hacia ella y su arte. Es abierta y directa, y habla con un hilo de voz calmado y modesto, que se vuelve rotundo cuando explica su punto de vista. Sobre todo al referirse al flamenco y las etiquetas. Habla con un discurso natural y sincero, pero profundo y meditado, con poso. Como ‘Sanación’.

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Felicidades por el disco, se percibe mucha densidad y mucho trabajo en él.
Jo, ¡gracias! ¡Me alegro de que te guste!

¿Cómo te sientes ahora, después de que se haya publicado, después de tanto tiempo anticipándolo?
Me lo he tomado con calma. La verdad es que el disco estaba terminado desde octubre, y podría haberse publicado antes. Tenía mucho trabajo actuando en diciembre, y sentía que si lo sacaba entonces no iba a ser capaz de disfrutar de este momento. Necesitaba tiempo para asimilarlo todo, ser consciente de cada paso que daba. No sentirme atropellada por las circunstancias, estar tranquila. Y que mi familia también estuviese tranquila, pasar tiempo con ellos, que lo escucharan antes que nadie. Prepararles. Ahora, a ver cómo lo recibe el mundo. Espero que pueda sanarles también, igual que me está sanando a mí. ¡Y así ha salido! (Risas)

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Pero si no recuerdo mal ya hablaste del EP como algo cierto a finales de 2018. ¿Por qué se ha demorado? ¿Has cambiado la dirección del disco, has trabajado más los temas…?
He cambiado la dirección de mi vida. (Risas) He tenido muchos cambios vitales en los tres últimos años, sobre todo en este último, y yo necesitaba que todo estuviera en orden para construir sobre un suelo firme. Quería hacerlo todo de una manera consciente, no a lo loco.

«¡Espero no estar sanándome toda la vida! A partir de ahora quiero realizarme»

Como decía antes, me parece que ‘Sanación’ es un disco breve en duración pero denso en contenido. Dividido en dos partes en lo musical, coincidiendo con cada cara del vinilo, un trabajo conceptual… ¿Siempre tuviste esa idea sobre cómo sería tu primer disco, o ha ido evolucionando?
Es un disco conceptual, muy influido por la meditación y tiene siete temas porque hay uno por cada chakra. Yo, componer, llevo componiendo toda mi vida, es como una forma de desahogarme. Tengo muchas canciones compuestas, que ya irán saliendo. Pero este trabajo es así porque es como yo me siento ahora. ¡Espero no estar sanándome toda la vida! (Risas) A partir de ahora quiero realizarme.

«(Mi evolución) ha ido en paralelo a los recursos que yo he tenido cuando he grabado esas canciones»

Según lo veo, el disco parte de un punto más orgánico, aunque también tiene sintetizadores, y va evolucionando hacia la electrónica. ¿Es debido a tu crecimiento como compositora y artista, dirías que ha ido en paralelo?
Sí, pero diría que ha ido en paralelo a los recursos que yo he tenido cuando he grabado esas canciones. Por ejemplo, yo no visualizaba ‘Niña de las dunas’ con solo guitarra y voz, sino con sintetizadores, arreglos… cosas que yo no tenía. Llevaba dos años escrita y, cuando pude grabarla, esos eran los recursos que tenía y así se grabó. Me cedieron el teatro de mi pueblo, Pozoblanco, y la grabamos allí. Luego mi amigo Raúl (Pérez, del Estudio La Mina de Sevilla) se enrolló y me la mezcló y masterizó. Y así pudo ver la luz. Pero no pasa nada, la propia canción salió adelante, ella eligió su momento, tiene su propio camino. También me gusta reflejar ese momento primitivo, que sea fiel al momento en que nació. Aunque puede que la reedite en algún momento. «Las obras no se acaban, se abandonan», ya lo sabes (Nde: es una cita de Paul Valèry).

El disco es un tanto oscuro. ¿Te refleja bien como artista, como tú eres, o te ha sorprendido incluso a ti misma?
Más que como artista, me reflejan como persona. Todos tenemos luces y sombras, y mis sombras pesaban mucho. Necesitaba quitármelas del medio porque no me dejaban avanzar. Necesitaba aprender de lo que había vivido para tirar p’alante. Mi forma de curarme ha sido hacer belleza de lo que me duele. Ya sea de un dolor externo, social, de un dolor personal, de desamor, de rabia… Ha sido un trabajo personal muy potente en este último tiempo.

¿Y cómo surge la posibilidad de trabajar con Carlos Rivera, Lost Twin?
Precisamente me lo presentó Raúl Pérez. Yo le conté mi imaginario, lo que yo tenía en mente y me dijo «conozco a un muchacho que te va a caer genial». Me fui a Sevilla un fin de semana, estuvimos juntos y ya sacamos dos temas de aquello.

«(En el disco) quería reflejar lo que yo siento cuando canto en el portal de mi casa»

¿Pero siempre tenías en mente emplear la electrónica dentro de tu visión del folclore?
Yo lo que quería era reflejar lo que yo siento cuando canto en el portal de mi casa, cómo los ecos rebotan por los azulejos de las paredes, cómo el sonido se une y se crea un todo que nunca termina de desaparecer. Eso era lo que necesitaba, y es un aura que me da la electrónica, no los instrumentos acústicos que me habían enseñado a utilizar en los conservatorios en los que he estudiado.

En la nota de prensa se habla de «flamenco bastardo»…
(Nde: Me ataja enseguida) Yo no me defino como nada. Entiendo que los demás necesiten las etiquetas para entender, pero creo que se quedan cortas. Cada uno intenta hacer su aproximación en torno a mí como buenamente puede… (Risas)

No es fácil, no…
A veces no lo comprendo, o no coincido. O me hace gracia y me da hasta ternura. ¡Yo qué sé! Me llamo María José Llergo y te lo estoy dando todo. Más clara no puedo ser. Te estoy entregando mi nombre completo, mis letras, mi voz, mi cara… Si me quieres conocer, puedes. Porque además soy superaccesible, concedo un montón de entrevistas…

«Todo lo canto con un toque andaluz. No es que yo lo elija, lo finja, lo fuerce o lo pueda remediar»

La pregunta era si de alguna manera te incomoda decir que tu música es flamenco, sin más.
No me incomoda nada. Tengo una base, he crecido en Andalucía escuchando flamenco y copla toda mi vida, mi abuelo me ha cantado fandangos, tangos, boleros… toda mi vida. Cuando me vine aquí a Barcelona a estudiar canto moderno y jazz, todo lo cantaba con un toque andaluz. No es que yo lo elija, lo finja, lo fuerce o lo pueda remediar. Está en mí innatamente y no se va a ir, está en mi raíz. Por muy lejos que vaya, siempre estará, por mucho que se estire el tallo, siempre volverá… (Risas)

Preguntaba lo del flamenco porque no faltará quien diga «esto no es flamenco».
Es un disco de autor. Yo no incluyo material tradicional en mis letras, ni en mis melodías. Yo puedo cantar por soleá en el primer tema (Nde: ‘¿De qué me sirve llorar?’), que el compás está hecho con el escarvillo de mi abuelo contra la tierra, pero es una melodía mía y la letra es mía. O cantar por seguiriya en el último tema (Nde: ‘Me miras pero no me ves’). ¿Es una seguirilla tradicional? No, es una canción por seguiriya. Es un punto de partida. En ningún momento mi disco se puede catalogar como flamenco tradicional. ¡Eso está para mí claro! Y para cualquiera que conozca el flamenco.

«Cuando escucho a Arca o FKA twigs, yo flipo, porque me encantan»

Precisamente en ese último tema veo conexiones con Arca…
Me encanta Arca…

… o FKA twigs…
¡Uh! ¡Gracias! (Risas)

… pero siempre con tu visión personal. No sé en qué medida te han inspirado, o te influyen al componer.
No me son ajenos. Pero cuando me pongo a componer me es ajeno todo. Me encierro, me meto donde me encuentre a mí misma y entro en una especie de trance. Es como un ritual en el que solo quiero encontrar la máxima verdad que tenga dentro, que necesite salir. Entregarme a la música y crear belleza, aunque sea del dolor. Lógicamente, cuando escucho a Arca o FKA twigs, yo flipo, porque me encantan. ¿Cómo no voy a apreciar su arte? ¡Madre mía! Sería un desperdicio… Pero de ahí a tomar cosas suyas… Si lo hago, es de forma inconsciente. Ten en cuenta que todos vivimos en este mismo momento y todos tenemos las mismas herramientas, los mismos sintes… Entonces es fácil converger en puntos. Y está guay. Usamos la misma tecnología, pero cada uno a su manera. Eso es lo fascinante.

«Tú en tu presente debes comprender el pasado para construir lo que mañana será el futuro»

Uno de mis temas favoritos del disco es ‘El péndulo‘. Su letra es un tanto abstracta, pero por un momento me da la impresión de que hablas de defender lo antiguo en un mundo en el que prima lo novedoso, la urgencia… Como si te situaras como una transmisora de la tradición.
Pues sí, pero no solo de la tradición musical, sino como elemento de identidad y casi histórico. Decía Machado «la historia es un puente inacabado». No se puede entender (el mundo) solamente teniendo en cuenta el pasado, sino que somos un puente entre el pasado y el futuro. Tú en tu presente debes comprender el pasado para construir lo que mañana será el futuro. Es un poco eso. A mí los cantes me llevan, no los llevo yo a ellos. El otro día me preguntaron que cómo iba a ser mi futuro. ¡No lo sé! (Risas) Incierto y marcado por el cante, por las letras, por el arte. No elijo las cosas que escribo, ¿eh? Hay veces que escribo cosas y digo «¿cómo he sido capaz?» «Me miras», por ejemplo. No es fácil de cantar, ni tampoco de escuchar, por su oscuridad. Hay que estar dispuesto a abrirse para hacerlo.

Y esa idea de comprender el pasado para conformar el futuro también surge en las letras. Has citado a Machado y algunos versos también tienen un punto lorquiano. Entiendo que también se aplica en tu poesía.
Claro. A veces es simplemente un retrato del momento en el que estás y cómo te sientes. Pero en ese retrato hay encriptada historia, ya sea tuya personal o del lugar y el momento en el que estás. Esa es la capacidad del arte, dejar la impronta de la generación que lo hace. Si leemos a estos poetas clásicos que me encantan y que hemos citado, yo a Machado y tú a Federico, vemos reflejada esa época. Cómo eran España, Europa, el Mundo… y qué cosas no deberíamos repetir.

«Yo he aprendido a cantar con mi abuelo, y quiero que se sepa lo importante que es para mí, ha sido determinante»

No lo estamos haciendo muy bien…
(Risas) ¡No! ¡Vamos en picado! Da un poco de miedo…

Llama la atención la «entrada» al disco, que es una entrada sonora a la casa de tus abuelos, tocas la puerta, hablas con tu abuelo… ¿Por qué este recurso?
Es una forma de situarme, el origen. No se puede conocerme a mí sin conocer a los míos. Así empezar a escuchar el disco es como abrir una puerta a lo más profundo de mí. Yo cuando voy a Pozoblanco lo primero que hago es ir a casa de mis abuelos. Da igual la hora a la que llegue, me están esperando. Igual ya están acostados, pero dejan la puerta entreabierta y la luz encendida. Llego les doy un beso, y ya me voy y les dejo dormir. Cuando estoy allí, ellos son con los que más tiempo paso. Y si puedo llevármelos al campo, ya es… todo. Yo he aprendido a cantar con mi abuelo, y quiero que se sepa lo importante que es para mí, ha sido determinante. No solo por sus consejos, sino como ejemplo de vida. Yo hago las cosas como las hago por su influencia. Siempre ha protegido mi libertad por encima de todo. O ha procurado que yo misma lo haga con su ejemplo, siendo honesto consigo mismo. Y él me ha hecho cantar desde este punto, y saber el valor de mi voz. No el precio: el valor.

«Ahora quiero otras cosas, quiero luz, encontrarme a gusto con las personas con las que comparto tiempo»

¿Sientes que, una vez está el disco en la calle, has sanado?
Sí, he sanado muchas cosas. Por lo menos ya estoy abierta para este tipo de vida, sin una mochila tan pesada como la que tenía antes. Ahora quiero otras cosas, quiero luz, encontrarme a gusto con las personas con las que comparto tiempo. Aunque sean personas a las que no conocía, como tú. Quiero disfrutar, aprender, realizarme… ¡Que ya por fin puedo!

En línea con eso, y como decía en la crítica, es curioso cómo pese a su oscuridad es rotundo. Te muestra con firmeza.
Necesito eso, necesito tierra firme. Y a partir de ahí, voy p’alante, buscando el sol. (Risas)

Eso me lleva a pensar en las distintas colaboraciones que hiciste el año pasado con nombres tan distintos como Ricardo Vicente, Juancho Marqués o $kyhook. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que te abras a colaborar con un artista?
Es esencial que la persona me caiga bien, que se note que es buena persona, que quiera hacer música, compartir contigo, a pesar de que seamos diferentes. Yo he estado compartiendo música desde que vine a estudiar a Barcelona hace más de seis años (Nde: desde hace unos meses vive en Madrid), y eso me encanta, me enriquece, me hace feliz. Me hace tener esperanza en el ser humano, porque si podemos entendernos en la música, nos podemos entender en todo. Lo importante es que nos escuchemos, nos queramos, nos ayudemos…

Cuando tengo tiempo, siempre estoy abierta a escribir con otras personas, o simplemente a aprender de artistas que no conozco. Porque yo escucho música muy antigua, y a veces no conozco a la gente… de aquí, nueva. (Risas) Y poco a poco voy conociendo y me enriquece su forma de ver el mundo. La mayoría de la gente con la que he colaborado tenía más experiencia que yo y me han aportado mucho en cuanto a la precariedad de este mundo, las giras, la industria… Con Juancho aprendí, y aprendo, muchísimo. Es muy inteligente emocionalmente, y tiene una integridad que agradezco un montón. Lo de $kyhook fue increíble, cómo fluyó la energía. Yo acababa de escribir un poema sobre una tormenta, porque me encantan las tormentas, me parecen preciosas; a la mañana siguiente fui al estudio con él, toqué una rueda de acordes con un sinte precioso, él hizo el bajo y el beat, y me puse a cantar ese poema con una melodía inventada. Y la letra encima le iba perfecta, porque era un disco sobre el espacio, la luna, la Naturaleza… Fue precioso. Pablo es precioso. Cuando alguien te acoge así, te escucha, te acepta…

Te importa eso por encima del ámbito en que se mueva.
¡Sí! Y ya de repercusión, ni hablemos. Algún mánager me contacta diciendo «ya verás la repercusión que va a tener esto…» Y yo digo «bueno, espérate a ver si me cae bien». (Risas) Con Ricardo Vicente fue también precioso, él tiene muchísima experiencia, me contó mil anécdotas… ¡Y es profesor de filosofía! ¡Madre mía! Conversación asegurada. No hay forma mejor de enriquecerse que con los demás.

Solo te he visto una vez en directo, en un teatro muy pequeño, y en un formato íntimo de voz y guitarra. La semana que viene empiezas la nueva gira. ¿Se unirá ese formato con esta nueva vertiente electrónica?
Claro, unidas, siempre. La unión hace la fuerza. (Risas) El primer concierto es el 14 de febrero en L’Auditori de Barcelona, justo al lado de la ESMUC de Barcelona, donde estudié, así que me hace una ilusión tremenda. Habrá sorpresas. Hasta una big band, vamos a tener.

María José Llergo firma discos y ofrece un showcase acústico hoy 5 de febrero en Barcelona, a las 18h30 en la Fnac de L’illa Diagonal.

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