Escuchando el primer disco de… Run The Jewels

Por | 13 Jun 20, 9:47

«Cuando escucho la frase «Run The Jewels«, veo al casting de ‘Reservoir Dogs’ caminando juntos al salir de esa comida. Es rap duro-como-una-piedra sin ser beligerante o innecesariamente grosero. Eso solo mierda rap genial, divertida, real, cruda». Así definía Killer Mike la idea tras el nombre de su recién estrenado superdúo con El-P en una entrevista en el año 2013. Esas tres palabras surgen de un verso de LL Cool J en su tema de 1990 ‘Cheesy Rat Blues‘: «Just throw your hands in the air / And wave ‘em like you just don’t care / Keep ‘em there / Yo, run the jewels, run the jewels, run the jewels». Es decir, poner a bailar a los tipos más duros y forrados de la escena y así robarles todo el joyamen, quedarse con ellos. «No somos segundones ante ningún rapero o productor. Rivalizamos con tus ídolos y vamos a pasar los próximos 30 minutos probándolo», atajaba Mike Render ahondando en el espíritu y la motivación de este proyecto y de su álbum debut homónimo de 2013 que, coincidiendo con que su cuarto trabajo es Disco de la Semana, era obligatorio recuperar.

La referencia al también actor LL Cool J tenía además todo el sentido porque su hip hop se miraba con orgullo en la escena old-school, los primeros años del rap, en los que los contratos millonarios eran aún una quimera y lo que realmente importaba era tener el respeto y la admiración de la auténtica calle, de los barrios de Brooklyn y Atlanta en los que ambos artistas se habían criado. Ambos pertenecían por tanto a escenas muy distantes: el gigante Render había emergido como invitado en ‘Stankonia’, el crucial disco de sus paisanos Outkast, siendo, tras un par de lanzamientos independientes, fichado para su sello por otro célebre rapero de Atlanta, T.I. Así llegó la gran oportunidad para Killer Mike, grabando el disco de su despegue total, ‘R.A.P. Music’ (2012). Su productor no fue otro que El-P.

Ambos se conocieron a través de un amigo común –un ejecutivo de Adult Swim, filial dedicada a un público juvenil-adulto de Cartoon Network– y, desde el principio, Mike conectó inmediatamente con ese blanquito del que, además, le impresionó su ingenio escribiendo barras. Porque no, no era ningún advenedizo: por entonces Jaime Meline ya contaba con un background y un prestigio muy importantes. Con apenas 18 años, formó el trío Company Flow con Big Juss y Mr. Len en plena era de expansión del fenómeno del rap en Estados Unidos. Tras tres álbumes con ellos, El-P creaba su propio sello, Definitive Jux, donde lanzaba uno de los discos capitales del hip hop de los 00: ‘Fantastic Damage’ (2002), su debut en solitario, en el que se situaba como productor al nivel de innovadores como DJ Shadow. Y discos como ‘High Water’ (2004) o ‘I’ll Sleep When You’re Dead’ (2007, donde contaba con colaboraciones transversales como las de Trent Reznor, The Mars Volta o Cat Power) le afianzaban como uno de los productores de hip-hop de mayor prestigio, trabajando con artistas como Cannibal Ox, Aesop Rock, DJ Krush y un largo etcétera. ‘Cancer for Cure’ (2012), su último disco a su nombre hasta la fecha, era un tratado de post-hip hop que, además, contenía su primer tema junto a Killer Mike, ‘Tougher Colder Killer’.

La química entre ambos era patente y, tras un exitoso tour conjunto, prácticamente no les quedó más remedio que explotarla en su alianza como dúo, Run The Jewels. Una alianza que con el paso de los años y los discos se ha hecho más meditada y concienciada, pero que en este primer trabajo se mostraba sobre todo como un hierro candente o un cable eléctrico chisporroteante: tan peligroso como atractivo. La inmediatez y la efervescencia priman en un debut que en sus treinta y tres minutos sin desperdicio –luego se lanzaría una edición ampliada con el turntable-ista inédito ‘Pew Pew Pew’ y dos remixes, uno de ellos a cargo de David Sitek (TV On The Radio)– no dan respiro. Bases durísimas inspiradas en la vieja escuela del rap –aunque no sin matices de jazz, rock, electrónica… que les hermanan con Beastie Boys– perfectas para que, en sus facetas de MCs, Killer Mike y El Producto se lancen a una loca carrera cuesta abajo por ver quién suelta la burrada violenta más gorda, dirigida a sus rivales –la enemistad con 50 Cent, al que Render había acusado de robarle beats, aparece reflejada por ahí– o al propio sistema político-social, que ya entonces señalaban como clasista y racista.

«Estamos aquí para decirte que todos tus falsos ídolos son farsantes / Son esclavos corporativos atados a prestamistas / Así que aunque tengas siete cifras sigues siendo un negrata«, canta Mike en ‘Get It’. Podrían estar refiriéndose a Jay-Z y Kanye West –la inestabilidad financiera del último era aireada por él mismo a los cuatro vientos años después de esos versos–, a los que aluden de manera bastante prístina en la fiera ‘Sea Legs’. «No habrá respeto por Los Tronos / Ningún maestro amaestró estos huesos / Tus ídolos son mis rivales, / rivalizo con todos tus ídolos. / Me alzo en torres como Eiffel, / (desde donde) acribillo a tus ídolos. / Negratas perecerán en París, negratas que no son otra cosa que charlatanes», atizan directamente al dúo que triunfaba por entonces con el álbum ‘Watch the Throne‘ y el single ‘Niggas In Paris‘. Como decía, no se andaban por las ramas y golpeaban duro y directo, ejemplificado a la perfección por el arranque del disco con la poderosísima y abrumadora ‘Run The Jewels’, una ‘Banana Clipper’ con un Big Boi que también nada como pez en el agua de sus hechuras clásicas, o justo en su final, la confesional y ambiental ‘A Christmas Fucking Miracle’.

Pero ese perfil rocoso no estaba exento de gancho y atractivo instrumental e incluso melódico. Los «get it» de James Brown –que eran a su vez un sample del clásico ‘South Bronx’ de Boogie Down Productions– disparados como un arma automática en ‘Get It’, los «eh-eh-eh-eheheeees» canturreados en ‘DDFH’ («Do dope, fuck hope», dedicada al consumo desenfrenado de estupefacientes como evasión), el estribillo con guitarras (interpretadas en este caso por Matt Sweeney, que ha tocado para gente tan dispar como Adele, Billy Corgan o Bonnie «Prince» Billy) de ‘Sea Legs’, el gancho de órgano de ‘Run The Jewels’, los jugueteos 8-bit de ’36» Chain’… contribuyen a que cada uno de los cortes de ‘RTJ’ adquieran su propia entidad. Mención especial para la insólita alianza con el trío de pop electrónico británico Until The Ribbon Breaks, que sirven un etéreo estribillo que contrasta con la aspereza generalizada de ‘Job Well Done’. ‘RTJ’ es uno de esos discos de rap capaces de atraer al género a advenedizos o melómanos que rechazaban esa música de plano. Por entonces apenas sospechábamos que esa alianza se extendería casi una década con tres discos más (‘RTJ2‘ y ‘RTJ3‘ le sucederían, de nuevo entregados a un precio libre) que sostendrían –e incluso superarían– la misma rabia y su energía celebratoria.

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